Ballenas grises mueren en tiempo récord en la bahía de San Francisco

La población de ballenas grises del Pacífico Norte se desplomó de 27.000 a 12.500 ejemplares en menos de una década. Hambre, cambio climático y colisiones con barcos amenazan a una especie que ya protagonizó una recuperación histórica — y que ahora enfrenta una nueva crisis sin precedentes en aguas de California.

Muertes en 2025

21

récord histórico

Población actual

12.500

  1. 27.000 en 2016

Migración anual

20.000 km

la más larga de todo mamífero

Algo está pasando bajo la superficie de la bahía de San Francisco. Desde 2018, decenas de ballenas grises del Pacífico Norte Oriental comenzaron a aparecer en estas aguas congestionadas de transbordadores y portacontenedores, desviándose de su ruta migratoria histórica hacia el Ártico. Lo que antes era una rareza se convirtió en una tendencia. Y la tendencia se convirtió en una alarma.

En 2025, 21 ballenas grises murieron en la bahía — una cifra récord que no tiene precedentes desde que los investigadores comenzaron a registrar el fenómeno. Solo en lo que va del año, ya son siete. La causa principal: colisiones con embarcaciones. Pero el fondo del problema es más profundo y más urgente.

El hambre las empuja hacia aguas peligrosas

«No tienen las reservas de energía necesarias para completar toda la migración de regreso al Ártico», explicó Josephine Slaathaug, investigadora de la Universidad Estatal de Sonoma y autora principal del estudio publicado en Frontiers in Marine Science. La conclusión es tan sencilla como perturbadora: el cambio climático está destruyendo las fuentes de alimento en el Ártico, y eso empuja a estos mamíferos —algunos de entre 30 y 40 toneladas— a buscar dónde alimentarse en lugares donde nunca debieron estar.

Las ballenas que llegan a la bahía de San Francisco son, en su mayoría, machos adultos y juveniles que viajan hacia el norte. Los investigadores las describen como animales notablemente más delgados de lo que correspondería para esta época del año: criaturas exhaustas que prueban un nuevo hábitat por necesidad, no por elección.

Una población en caída libre

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) calificó la situación como un «evento de mortalidad inusual». Los números justifican el alarmismo: de 27.000 ejemplares en 2016, la población cayó a 12.500 en 2025. Casi a la mitad en menos de una década. Y los investigadores advierten otro fenómeno igualmente preocupante: una tasa de natalidad extremadamente baja, con muy pocas crías avistadas esta temporada, lo que sugiere que la especie no está logrando recuperarse.

Para Moe Flannery, coautora del estudio, esta es «la primera vez en décadas en que el problema parece inminente». A diferencia de crisis anteriores —cuando la prohibición de la caza comercial en los años 70 permitió una recuperación extraordinaria—, hoy el enemigo no tiene nombre ni bandera: es el colapso silencioso de los ecosistemas árticos.

La respuesta humana: cámaras, radios y voluntad

La Guardia Costera de Estados Unidos, junto a compañías de transbordadores y una coalición de industrias portuarias, comenzó a implementar medidas de emergencia: reducción de velocidad de embarcaciones, formación de capitanes y sistemas de alerta temprana. Gary Reed, director de tráfico marítimo de la Guardia Costera en San Francisco, anunció la instalación próxima de una cámara de infrarrojos en la isla Angel para monitorear ballenas de noche y en zonas de alto tráfico.

«Estamos dispuestos a probar cualquier cosa que se nos ocurra», dijo Reed. Una frase que lo dice todo sobre el estado de la situación.

Aun así, los científicos no cierran la puerta a la esperanza. Michelle Barbieri Lino, veterinaria especializada en fauna silvestre, señaló que las ballenas grises ya demostraron ser capaces de recuperaciones notables. Si las condiciones de la bahía de San Francisco se vuelven más seguras, podría convertirse en una nueva parada de alimentación que ayude a estos animales a completar su larga migración.

«Si cuentan con las protecciones que necesitan, este podría ser un lugar donde prosperen», afirmó Lino. Por ahora, el mar guarda silencio. Y en ese silencio, cada ballena que aparece muerta en la bahía es tanto una tragedia como una advertencia.