Tras el cierre del Aquarium de Mar del Plata y el colapso judicial de Plunimar S.A., los cuatro lobos marinos que permanecían en el predio fueron trasladados a Mundo Marino, en San Clemente del Tuyú. Nacidos en cautiverio, no pueden sobrevivir en el mar: necesitan cuidados especializados de por vida.
Ciro, Joaco, Nazareno y Mía ya se mueven entre piletones nuevos. Los cuatro lobos marinos de dos pelos que protagonizaron los shows del Aquarium Mar del Plata durante años terminaron esta semana su traslado al complejo Mundo Marino, en San Clemente del Tuyú, cerrando el capítulo más emotivo de una quiebra judicial que dejó a cientos de animales sin destino claro.
El operativo fue coordinado entre ambas instituciones y contó con la intervención de la Dirección de Fauna. Los mamíferos viajaron en jaulas individuales adaptadas, a bordo de un camión especialmente equipado, bajo protocolos internacionales IATA. Tres machos y una hembra completaron sin contratiempos las más de 400 kilómetros de ruta bonaerense.
La razón de fondo es biológica: criados bajo cuidado humano desde su nacimiento, estos animales no desarrollaron las habilidades de caza ni los instintos de supervivencia que requiere la vida salvaje. Requieren alimentación dirigida y atención veterinaria permanente. Para ellos, el cautiverio no es una condena sino una condición de vida.
El traslado se enmarca en el proceso de quiebra de Plunimar S.A., la empresa que operó el oceanario de Punta Mogotes durante 33 años hasta que en marzo de 2025 debió cerrar sus puertas. La causa detonante fue la imposibilidad de renovar el contrato de alquiler con los propietarios del predio, la familia Peralta Ramos. En el sector inmobiliario ya circulan versiones sobre proyectos residenciales y comerciales para ese lote costero de altísimo valor.
33 años de actividad del Aquarium en Punta Mogotes
62 pingüinos aún sin reubicación definitiva
u$s800k recaudados por la venta de 10 delfines a Egipto
El proceso de quiebra expuso, además, la dimensión comercial que alcanzó la fauna del establecimiento. Según consta en el expediente judicial, antes del colapso la empresa concretó la venta de diez delfines a Egipto por 800.000 dólares. Otras negociaciones —desde México, China, San Pablo, Filipinas y Europa del Este— no llegaron a cerrarse. Los cuatro lobos marinos y los más de 60 pingüinos que permanecen en el predio forman hoy el último remanente de un ecosistema artificial que alguna vez recibió miles de visitantes por temporada.
Sobre los pingüinos magallánicos, rey y saltarrocas, la situación sigue abierta. La sindicatura designada en la causa analiza una combinación de donaciones —56 ejemplares magallánicos irían a la Fundación Bubalcó, en Río Negro— y posibles ventas internacionales de las especies de mayor valor. El juez del Juzgado Comercial N°20, Eduardo Malde, habilitó los pasos administrativos necesarios, pero aún no existe una decisión definitiva.
Mientras tanto, Ciro, Joaco, Naza y Mía ya exploran sus nuevas piletas. El personal de Mundo Marino confirmó que la adaptación transcurre sin incidentes. Para ellos, el viaje terminó. Para el resto de los animales del ex Aquarium, la historia todavía no tiene final escrito.
