Un juez ratificó el polémico programa de caza aérea de osos negros y pardos en Alaska. La medida busca proteger una manada de caribúes al borde del colapso, pero enfrenta una demanda judicial y protestas de conservacionistas que la califican de «despilfarro».
Un magistrado del Tribunal Superior de Alaska abrió esta semana una nueva etapa en uno de los debates más encendidos sobre gestión de fauna silvestre en Estados Unidos: la caza masiva y aérea de osos para proteger a otra especie en peligro. El juez Adolf Zeman autorizó a los agentes estatales a reanudar la eliminación de osos negros y pardos en zonas de cría, incluso mediante disparos desde helicópteros y avionetas, en el marco del programa oficial para la recuperación de la manada de caribúes de Mulchatna.
El fallo llegó en un momento deliberadamente estratégico: el inicio de la temporada de partos de los caribúes, periodo en el que las crías recién nacidas son extremadamente vulnerables a la depredación por parte de osos y lobos. El Departamento de Pesca y Caza de Alaska celebró la resolución a través de su portavoz Sam Curtis, quien sostuvo que la continuidad del programa resulta consistente con la evidencia científica disponible y es decisiva para una etapa considerada crítica para la supervivencia de la manada.
Una manada al borde del colapso
La historia de los caribúes de Mulchatna es la de un derrumbe poblacional sin precedentes en el suroeste de Alaska. En su apogeo, la manada llegó a reunir cerca de 190.000 animales y suministraba anualmente miles de ejemplares para el consumo de decenas de comunidades nativas que dependen de la caza de subsistencia. A finales de los años noventa y principios de los dos mil, la población comenzó a desplomarse. Para 2019, apenas sobrevivían unos 13.000 ejemplares. El año pasado, un recuento oficial registró aproximadamente 16.280 caribúes, una leve mejora que las autoridades atribuyen, en parte, al programa de control de depredadores iniciado en 2023.
La caza de caribúes fue prohibida en 2021 y la restricción sigue vigente. Las autoridades estatales defienden que la eliminación selectiva de osos es la herramienta más eficaz para aumentar la supervivencia de las crías y acelerar la recuperación de la manada, argumentando que los datos de los últimos dos años muestran una respuesta positiva desde que se intensificaron las acciones en la zona de cría.
La batalla legal y el rechazo conservacionista
La Alianza para la Vida Silvestre de Alaska y el Centro para la Diversidad Biológica llevan meses enfrentando judicialmente el programa. Presentaron una demanda que cuestiona tanto su legalidad constitucional como su fundamento científico, y solicitaron una orden de suspensión de las operaciones mientras el litigio avanza. El juez Zeman rechazó esa suspensión al concluir que los grupos demandantes no demostraron que las autoridades estatales hubiesen actuado sin base razonable.
Uno de los puntos más sensibles del debate es la ausencia de datos precisos sobre el tamaño y la sostenibilidad de la población de osos en la región afectada. Los demandantes denuncian que la Junta de Caza de Alaska aprobó el programa sin contar con información clave sobre la dinámica entre las especies involucradas. Según cifras oficiales, entre 2023 y 2024 el estado sacrificó 180 osos, en su mayoría pardos, a los que se suman otros 11 abatidos en la temporada previa.
Cooper Freeman, director en Alaska del Centro para la Diversidad Biológica, fue categórico en su rechazo: el estado no ha demostrado que la matanza masiva de osos vaya a contribuir efectivamente a la recuperación de la manada, y calificó el programa como un desperdicio de recursos públicos que debería ser reemplazado por una gestión basada en criterios estrictamente científicos.
La postura conservacionista tiene respaldo dentro del propio ecosistema científico estatal. En 2023, la Asociación de Vida Silvestre de Alaska difundió las conclusiones de un grupo de biólogos que identificó como principales causas del declive de la manada a las enfermedades y la escasez de alimento, y no a la depredación por osos, que ni siquiera aparecía entre los tres factores de mortalidad más relevantes registrados en Mulchatna.
Un precedente que sacude el debate ambiental
El fallo del juez Zeman no cierra el conflicto. La demanda continúa activa y el programa enfrentó cuestionamientos también de un juez anterior, quien criticó el proceso inicial de adopción del plan por insuficiencia de datos sobre la población de osos. Aquellas regulaciones de emergencia fueron anuladas, sometidas a revisión pública y finalmente reautorizadas en julio del año pasado.
Lo que sí queda en evidencia es que Alaska se ha convertido en el epicentro de un debate global sobre hasta dónde puede llegar la intervención humana en los ecosistemas silvestres y quién tiene la autoridad para decidir qué especie merece ser sacrificada en nombre de la conservación de otra.
