Un estudio publicado en Nature revela que dos tercios de la selva amazónica podrían transformarse en sabana con apenas 1,5 °C de calentamiento global si la deforestación alcanza el 22%. La advertencia más grave que la ciencia ha lanzado sobre el pulmón verde del planeta sacude a la comunidad internacional ante la COP30.
77% del bosque podría degradarse con 1,5 °C y 22% de deforestación
17-18% de la selva ya fue destruida hasta 2020
47M de personas viven en la cuenca amazónica
La selva amazónica está mucho más cerca de un punto de inflexión irreversible de lo que la ciencia había calculado hasta ahora. Así lo concluye un estudio del Instituto Potsdam para la Investigación sobre el Impacto del Cambio Climático (PIK), publicado esta semana en la revista Nature, que por primera vez cuantifica con precisión la interacción mortal entre deforestación y calentamiento global sobre el mayor ecosistema tropical del mundo.
Los resultados son alarmantes: si la deforestación escala del nivel actual —entre el 17 y el 18 por ciento— hasta alcanzar entre el 22 y el 28 por ciento de la superficie amazónica, y el planeta se calienta apenas entre 1,5 y 1,9 grados centígrados, entre el 62 y el 77 por ciento de la Amazonía perdería su estabilidad ecológica y colapsaría hacia bosques degradados o ecosistemas similares a la sabana seca. Un escenario que, advierten los investigadores, sería prácticamente irreversible en escalas de tiempo humanas.
La clave del mecanismo destructor reside en una propiedad poco conocida del ecosistema: la Amazonía genera hasta la mitad de sus propias precipitaciones. Los árboles liberan vapor de agua que regresa en forma de lluvia sobre la cuenca, sosteniendo el ciclo hídrico en un equilibrio frágil. Cuando la deforestación supera ciertos umbrales, ese ciclo se quiebra: la atmósfera se reseca, las sequías se intensifican y los incendios proliferan, generando un efecto en cascada que el bosque ya no puede revertir por sí solo.
«La deforestación hace que la Amazonía sea mucho menos resiliente de lo que habíamos previsto», señaló Nico Wunderling, científico del PIK y autor principal del estudio. «Reseca la atmósfera y debilita la propia capacidad del bosque para generar lluvias.» Incluso un calentamiento adicional moderado, advierte Wunderling, podría desencadenar reacciones en cadena en vastas porciones del bioma.
Las consecuencias no se limitarían a Brasil o a los nueve países que comparten el bioma. La alteración del transporte de humedad afectaría zonas agrícolas estratégicas en el sur de Brasil y en la cuenca del Río de la Plata, comprometiendo la seguridad hídrica, la energía hidroeléctrica y la producción de alimentos en toda América del Sur, incluida Argentina. El colapso amazónico, en otras palabras, no sería un desastre regional: sería una crisis civilizatoria de alcance global.
Partes del bioma ya están mostrando señales de una transición silenciosa: de sumidero de carbono —absorbiendo CO₂ de la atmósfera— a fuente de emisiones, lo que agravaría de manera exponencial el calentamiento global. La Amazonía alberga el 25 por ciento de la biodiversidad terrestre del planeta, regula el ciclo del agua a escala continental y almacena entre 367 y 733 gigatoneladas de dióxido de carbono en su vegetación y suelos. Su pérdida haría matemáticamente imposible cumplir el objetivo de 1,5 °C del Acuerdo de París.
Los científicos insisten en que el desenlace no está escrito. Frenar la deforestación antes de cruzar el umbral del 22 por ciento, mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C y lanzar programas masivos de restauración forestal son las únicas salidas viables. El estudio subraya incluso que la restauración podría recuperar parte del ciclo hidrológico con mayor rapidez que otros aspectos del ecosistema, como la biodiversidad.
La publicación llega en un momento de máxima tensión política: 2026 es el año en que Brasil albergará la COP30 en Belém, en plena Amazonía, y en que varios países amazónicos debaten marcos regionales de gobernanza forestal. Para los autores del estudio, la ciencia ya ha dicho su última palabra. Ahora le toca actuar a la política.
