De la política del hijo único al impuesto al condón: cómo el país más poblado del mundo quedó atrapado en su propia trampa demográfica
China registró en 2025 su tasa de natalidad más baja desde 1949, con apenas 7,92 millones de nacimientos y una población que se redujo en 3,4 millones de personas. Los incentivos económicos fracasaron, el desequilibrio de género persiste y los expertos advierten que el país podría perder más de la mitad de su población actual para fin de siglo.
Análisis internacional Mayo 2026
5,63
nacimientos por cada 1.000 personas en 2025, mínimo histórico desde 1949
3,4M
personas en que se redujo la población china en 2025
43%
de mujeres solteras de entre 25 y 29 años en China en 2023
Mientras millones de familias chinas celebraban el Año Nuevo Lunar con banquetes y oraciones, millones de adultos solteros soportaban en silencio la presión familiar de siempre: casarse y tener hijos. La escena se repite año tras año. Pero lo que antes era una incomodidad doméstica hoy es, para las autoridades de Pekín, una emergencia demográfica de escala histórica.
En enero de 2026, el gobierno publicó cifras que confirman lo que muchos ya intuían: la tasa de natalidad de China cayó a su nivel más bajo desde la fundación de la República Popular en 1949. Solo 7,92 millones de bebés nacieron en 2025. Por cuarto año consecutivo, las muertes superaron a los nacimientos. La población total del país se contrajo en casi 3,4 millones de personas.
Expertos de Naciones Unidas estiman que, de continuar esta tendencia, China podría perder más de la mitad de su población actual para fines del siglo XXI. Un escenario que hace apenas dos décadas nadie en el gobierno había previsto: en 2007, los planificadores estatales esperaban que la población creciera hasta 1.500 millones en 2033. El pico real llegó 12 años antes, con casi 100 millones de personas menos.
De controlar nacimientos a rogarlos: la paradoja del hijo único
La historia de este colapso comienza en 1979. Cuando la población de China se acercaba a los mil millones, el gobierno de Deng Xiaoping implementó la célebre política del hijo único, respaldada con incentivos laborales, acceso a anticonceptivos, multas para quienes la incumplieran y, en ocasiones, con métodos coercitivos como abortos forzados y esterilizaciones masivas.
La política cumplió su objetivo declarado: el gobierno chino estima que evitó unos 400 millones de nacimientos. Pero también sembró las semillas del problema actual. El envejecimiento acelerado de la población comenzó a comprometer el sistema de pensiones y la fuerza laboral. Los planificadores asumieron entonces que, una vez levantados los límites, las familias volverían a tener más hijos.
Estaban equivocados. Cuando se introdujo la política de dos hijos en 2016, no se observó ningún repunte sostenido en la natalidad. Lo mismo ocurrió con la política de tres hijos de 2021.
Mujeres «sobrantes»
La política del hijo único no solo redujo la cantidad de nacimientos. También distorsionó profundamente el tejido social chino. Ante la posibilidad de contar con un solo hijo para sostenerlos en la vejez, muchos padres optaron por abortar fetos femeninos. El resultado fue una brecha de género estructural que derivó en lo que hoy se conoce como la «crisis de solteros»: decenas de millones de hombres en edad fértil que no logran encontrar pareja.
La situación fue particularmente difícil para los hombres sin educación universitaria. La expansión del acceso a la educación superior transformó el mercado matrimonial: muchas más mujeres que hombres accedieron a la universidad, y las mujeres con alto nivel educativo comenzaron a postergar o directamente abandonar la idea del matrimonio. Para 2023, el 43% de las mujeres de entre 25 y 29 años era soltera, lo que comprimió la ventana de años fértiles.
Los medios estatales intentaron presionar a estas mujeres con una etiqueta despectiva: «sheng nu», traducido como «mujeres sobrantes». El término apuntaba a quienes priorizaban su carrera sobre el matrimonio. Lejos de revertir la tendencia, la campaña agudizó el rechazo de muchas jóvenes a las presiones institucionales.
Bonos por bebés e impuesto al condón: las apuestas que no funcionaron
El gobierno de Pekín no ha permanecido inactivo. Introdujo incentivos económicos de hasta 3.600 yuanes (unos 500 dólares) por cada niño menor de tres años. Algunas provincias sumaron beneficios adicionales: licencias parentales extendidas, subsidios para vivienda, descuentos en escuelas. Nada alcanzó para mover la aguja.
Una de las medidas más polémicas fue el impuesto del 13% a los anticonceptivos —preservativos, píldoras y dispositivos— que entró en vigor este año. Especialistas en salud pública advierten que la medida podría generar un aumento de embarazos no deseados y una mayor propagación del VIH, sin garantía alguna de que eleve la tasa de natalidad.
Para millones de jóvenes chinos, el costo de criar hijos es el verdadero obstáculo. Millie (nombre ficticio), controladora aérea en Pekín, lo resume con crudeza: durante la pandemia, sin apoyo familiar ni institucional, debió gestionar sola la crianza de su hijo mientras mantenía su jornada laboral completa. «Definitivamente no tendré otro hijo», afirma. «No es bueno para mi cuerpo, será difícil ocuparme del cuidado de dos niños y nadie me ayudará a sobrellevar la carga.»
Li Hongfei (nombre ficticio), dueño de una productora en Chongqing, comparte la misma encrucijada. Tiene una hija pequeña y los ingresos en caída. «Mis ahorros se están agotando», dice. «Queremos que nuestra hija tenga un hermano, pero cada vez esto parece más improbable.»
El peligro de envejecer antes de enriquecerse
Las consecuencias del declive demográfico van mucho más allá de las estadísticas de natalidad. Una población que envejece reduce la fuerza laboral, frena el consumo interno y presiona el sistema previsional. La Academia China de Ciencias Sociales advierte que el fondo de pensiones podría agotarse antes de que el país genere la riqueza necesaria para sostenerlo.
A diferencia de Japón, Corea del Sur o los países europeos —que afrontan desafíos similares pero con mayor capital per cápita—, China está envejeciendo antes de enriquecerse. Es la escala del fenómeno lo que lo hace único: ninguna otra nación ha experimentado un cambio demográfico de estas proporciones en tan poco tiempo.
Para el profesor Kerry Brown, el gobierno chino fue «sorprendido» por la velocidad del cambio. «Al final, lo que el gobierno puede hacer es muy limitado; no puede obligar a la gente a tener hijos», sostiene. Con todo, Brown se muestra cautelosamente optimista: cree que China recurrirá a la tecnología y a sus herramientas políticas para mitigar el impacto. «La gente suele ser pesimista respecto a la capacidad de China para hacer cosas, pero luego China encuentra la manera.»
Lo que está claro es que el tiempo apremia. Cada año sin nacimientos suficientes es un año más de deuda demográfica que las generaciones futuras deberán pagar.
