El loro que desapareció de Misiones regresa con ayuda científica
El maracaná lomo rojo dejó de registrar presencia en el territorio argentino hace varias décadas. Ahora, una alianza entre organizaciones ambientales, el Estado provincial y centros especializados de manejo de fauna trabaja para revertir lo que la ciencia clasificó como una de las pérdidas más silenciosas del patrimonio natural del país.
El Parque de la Biodiversidad de la Municipalidad de Córdoba, en conjunto con la Policía Ambiental y Aves Argentinas, trasladó recientemente un ejemplar de maracaná lomo rojo (Primolius maracaná) a la Reserva El Puente Verde, ubicada en la provincia de Misiones. Se trata de un guacamayo que supo ser abundante en la selva misionera y que hoy se encuentra virtualmente extinto en Argentina. Desde hace más de 20 años no se registran individuos en libertad en el país y, aunque no existen precisiones absolutas sobre las causas de su desaparición, se estima que la pérdida de grandes árboles para nidificación, el mascotismo y la persecución directa fueron factores determinantes.
El maracaná lomo rojo, también conocido como maracaná afeitado, es un loro de aproximadamente 40 centímetros de largo, de color verde y con una característica mancha roja en la frente, el lomo y el vientre. Antes de la década del cincuenta era un ave abundante en la Selva Misionera; sin embargo, no se han registrado avistamientos de la especie en décadas, por lo que en Argentina se la considera en Peligro Crítico y posiblemente extinta.
Una reserva estratégica en el corazón del Bosque Atlántico
La Reserva El Puente Verde de Aves Argentinas, ubicada en la Península de Andresito (Misiones), funciona como el epicentro operativo del proyecto. Se trata de 183 hectáreas de selva en buen estado de conservación, a unos 70 kilómetros de las Cataratas del Iguazú, que operan como un corredor biológico estratégico dentro del Bosque Atlántico. En esas 183 hectáreas de selva protegida se registraron hasta el momento unas 240 especies de aves y 28 especies de mamíferos, entre ellos el aguará popé, la corzuela colorada e incluso el yaguareté, uno de los grandes felinos más amenazados de la región.
El proceso de reintroducción: ciencia, paciencia y vuelo
El proceso de reintroducción comienza con la recepción de ejemplares juveniles, seguido de un período de cuarentena. Posteriormente, en la reserva, se llevará a cabo la reproducción y preparación de las aves para adaptarse a su entorno natural. Más adelante se formará una bandada, se las acostumbrará a una zona de la reserva y finalmente se las soltará allí.
La estructura de vuelo cuenta con 20 metros de largo y más de seis metros de altura, dimensiones especialmente pensadas para que las aves desarrollen la musculatura y las destrezas necesarias para desenvolverse en la selva. El proceso apunta a la reintroducción definitiva en la Alta Cuenca del Río Iguazú, al norte de la provincia.
Carga simbólica y urgencia científica
Para los especialistas en biodiversidad, lograr el retorno de esta especie al ecosistema local posee una carga simbólica inmensa, equiparable —según sus propias palabras— a cantar el Himno Nacional o celebrar un gol de la Selección Argentina.
El coordinador de Aves Argentinas, Andrés Bosso, plasmó el trasfondo filosófico de la iniciativa citando al poeta John Donne: «La muerte de un hombre me disminuye, porque formo parte de la humanidad. Lo mismo ocurre cuando una especie se extingue: una parte del universo se pierde con ella». Desde la organización ambientalista advirtieron sobre la necesidad de actuar con celeridad extrema y concluyeron: «No tenemos un minuto que perder si queremos salvar el Bosque Atlántico».
Rodrigo Fariña, coordinador del proyecto en Aves Argentinas, fue enfático: «El maracaná lomo rojo merece una segunda oportunidad. Estamos comprometidos en trabajar junto a la comunidad para que Misiones pueda recuperar parte de su patrimonio natural único».
El proyecto contempla, además, el fortalecimiento de áreas protegidas, iniciativas de producción sostenible y el fomento del turismo de naturaleza en la región. Una apuesta que no se limita a salvar una especie, sino a reconstruir un ecosistema entero que la Argentina lleva décadas perdiendo en silencio.
