Investigadores del CONICET descubrieron en Chubut una nueva especie de caracol marino del Mioceno y duplicaron el registro de invertebrados fósiles en uno de los yacimientos más antiguos de la Argentina.
16 M años de antigüedad del hallazgo
27 taxones distintos identificados
4 años de trabajo de campo
Un equipo de científicos del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología (IPGP-CONICET) logró lo que décadas de expediciones previas no habían conseguido: duplicar el registro de invertebrados fósiles del yacimiento de Bryn Gwyn, en la provincia de Chubut, y describir una especie desconocida para la ciencia. El descubrimiento, publicado en la revista Publicación Electrónica de la Asociación Paleontológica Argentina, obliga a replantear lo que se sabe sobre la evolución de la fauna marina del sur del continente.
El nuevo caracol fósil, bautizado Buccinanops halleri, vivió en los mares patagónicos hace entre 15 y 16 millones de años, durante el Mioceno temprano. El hallazgo retrocede el origen conocido del linaje en una escala de tiempo sin precedentes: hasta ahora, el registro más antiguo de este género apenas alcanzaba unos pocos miles de años.
«Las fotos muestran a simple vista unas líneas circulares que no tiene ninguna de las especies actuales. Eso nos llevó a la pauta de que era diferente.»
— Damián Pérez, investigador del IPGP-CONICET
Una nueva especie y un registro que se duplica
La especie fue nombrada en homenaje al geólogo Miguel Haller y se distingue de sus parientes modernos por una ornamentación única: una serie de líneas circulares en el caparazón que no aparece en ningún representante vivo del género. Hoy, Buccinanops es un caracol carnívoro fácil de observar en las costas de Puerto Madryn y Puerto Pirámides, pero su historia evolutiva era prácticamente un misterio.
El trabajo de campo, realizado entre 2021 y 2024 por los investigadores Damián Pérez, Mariel Ferrari, Nicolás Farroni, Aylén Allende Mosquera y José Cuitiño, permitió identificar 27 taxones diferentes de invertebrados, el doble de la diversidad que se conocía para la zona. Entre los grupos registrados por primera vez en estos niveles de antigüedad se encuentran los braquiópodos y los escafópodos, además de ostras, erizos y cangrejos que permanecían inéditos en el sitio.
Bryn Gwyn: el yacimiento centenario que guarda secretos inéditos
El valle de Bryn Gwyn, cuyo nombre en galés significa «loma blanca», es conocido desde hace más de un siglo por sus fósiles de vertebrados marinos: ballenas, delfines y dientes de tiburón que fascinan a geólogos y turistas por igual. Sin embargo, el mundo de los invertebrados había permanecido en las sombras durante décadas por su escaso atractivo a simple vista. El nuevo estudio revela que ese olvido fue un error científico de proporciones.
El sitio pertenece a la Formación Gaiman, una secuencia de sedimentos blanquecinos ricos en ceniza volcánica que preservan un registro continuo de entre 16 y 21 millones de años. Su fauna de invertebrados mostró similitudes con las formaciones Monte León (Santa Cruz) y Chenque (sur de Chubut), lo que indica que todos esos mares se formaron bajo el mismo ascenso global del nivel del mar en el Mioceno temprano, el último gran período cálido de la Tierra antes de las glaciaciones.
Para Pérez, el avance fue posible gracias al crecimiento sostenido del número de investigadores en la Argentina en las últimas dos décadas, que habilitó enfoques interdisciplinarios hasta entonces imposibles. «La Patagonia es uno de los yacimientos fósiles más importantes del mundo», afirmó el científico, señalando que la región preserva cerca de 200 millones de años de historia geológica.
Ciencia colectiva para reconstruir un ecosistema perdido
El equipo del CENPAT-CONICET advierte que queda mucho por estudiar. La reconstrucción de las redes ecológicas del Mioceno patagónico es un proyecto de largo aliento que implica identificar quién comía a quién, cómo se distribuían las especies y de qué manera el calentamiento o enfriamiento de los mares moldeó la biodiversidad que hoy habita el Mar Argentino. La nueva especie es, en ese contexto, una pieza clave de un rompecabezas que recién empieza a tomar forma.
