La familia Trump enfrenta una ola de rechazo popular en Tirana. Más de tres jornadas consecutivas de manifestaciones contra dos complejos turísticos de lujo que amenazan ecosistemas costeros de alto valor ecológico, mientras la fiscalía anticorrupción abre una investigación por tráfico de influencias.
Los números del conflicto
5.400 M €Inversión total de ambos proyectos combinados
+200Especies de aves en riesgo en el área protegida de Vjosa-Narta
3°Día consecutivo de protestas masivas en la capital albanesa
+70Especies en peligro de extinción documentadas en la zona
La plaza Skanderbeg de Tirana se convirtió en el epicentro de la indignación. Miles de albaneses marcharon por tercer día consecutivo hasta la oficina del primer ministro Edi Rama para rechazar dos megaproyectos turísticos de lujo vinculados a Jared Kushner e Ivanka Trump, hija y yerno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. La consigna que unió a los manifestantes fue una sola: «Albania no está en venta».
Los proyectos en cuestión son dos. El primero, evaluado en 1.400 millones de euros, interviene la isla de Sazan, una ex base militar de la era comunista, ahora deshabitada, frente a las costas del Adriático. El segundo, aún más ambicioso y presupuestado en más de 4.000 millones de euros, afecta los humedales protegidos de Vjosa-Narta, en el condado de Vlorë, un corredor ecológico donde habitan flamencos, pelícanos dálmatas y otras especies amenazadas.
Ambas iniciativas están vinculadas a Affinity Partners, la firma de inversión de Kushner con sede en Miami, que obtuvo financiación de fondos soberanos y de inversores de Qatar. El gobierno albanés concedió a esa empresa el estatus de «inversor estratégico», una figura legal que, según los críticos, se utilizó para eludir las restricciones medioambientales vigentes.
«Las obras dañan un ecosistema costero de relevancia continental; parte del daño podría ser irreversible.»
BirdLife Albania
En el corazón del escándalo está la modificación legislativa aprobada en febrero de 2024 por el gobierno de Rama, que retiró el estatus de área natural protegida a cientos de hectáreas del litoral albanés sin consulta legal previa ni evaluación de impacto ambiental. Esa maniobra legal abrió la puerta a la aprobación de los proyectos en zonas que hasta entonces estaban vedadas para la construcción.
La situación se agravó a finales de abril, cuando maquinaria pesada ingresó al área protegida de Pishe Poro-Narta sin permisos de construcción concluidos. La ONG BirdLife Albania denunció que parte del daño ya es irreversible: se depositó grava sobre antiguas dunas que tienen estatus de monumento natural y cuya recuperación, advirtieron los expertos, podría llevar cientos de años.
La presión de las calles encontró eco en la justicia. La Fiscalía Especial Anticorrupción de Albania (SPAK) abrió una investigación por presunta prevaricación y tráfico de influencias, apuntando a la inusual velocidad con la que se procesaron los cambios administrativos que despojaron de protección legal a esas franjas costeras. Al menos 15 manifestantes enfrentan procedimientos penales y dos empleados de seguridad privada fueron investigados tras los incidentes en la zona de obras.
El primer ministro Rama defendió públicamente los proyectos argumentando que el desarrollo de la costa adriática sería «transformador» para Albania, un antiguo país comunista que busca ingresar al mercado del turismo de lujo y acelerar su proceso de adhesión a la Unión Europea. Sin embargo, sus respuestas no lograron apaciguar la protesta. Albania cuenta con 450 kilómetros de litoral que permanecieron en gran medida intactos durante décadas de régimen comunista. La sociedad civil teme que ese patrimonio natural quede en manos de poderosos inversores extranjeros sin control estatal efectivo.
Ivanka Trump, en una entrevista reciente, describió cómo ella y su marido descubrieron la isla de Sazan mientras navegaban. «Nadamos hasta la isla, hicimos una caminata descalzos y quedamos completamente cautivados», declaró, señalando que el proyecto garantizará que las edificaciones se integren con el entorno natural. Los manifestantes en las calles de Tirana, sin embargo, no comparten esa visión.
Las protestas se suman a una larga cadena de tensiones políticas en Albania, donde el gobierno de Edi Rama enfrenta desde finales de 2025 una oleada de manifestaciones por corrupción y denuncias de fraude electoral. El caso de los proyectos Trump-Kushner ha dado a esa resistencia ciudadana una nueva y poderosa razón para salir a la calle.
