Amnistía Internacional alerta de la mayor crisis de derechos humanos desde la Segunda Guerra Mundial

El informe anual de la ONG analiza 144 países y señala a Trump, Netanyahu y Putin como principales responsables del colapso del orden internacional basado en normas

El mundo atraviesa uno de los momentos más críticos para los derechos humanos desde la creación del sistema internacional de protección tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Esa es la conclusión central del Informe Anual 2026 de Amnistía Internacional, publicado el martes 21 de abril, un documento de más de 400 páginas que documenta el deterioro sistemático de las libertades en 144 países y advierte del avance de lo que la organización denomina «gobiernos depredadores».

«La diferencia fundamental de este momento es que ya no estamos hablando de una erosión en los márgenes del sistema. Se trata de un ataque directo a los cimientos de los Derechos Humanos y el orden internacional basado en normas, perpetrado por los actores más poderosos con el objetivo de conseguir control, impunidad y beneficios», afirmó Agnès Callamard, secretaria general de la organización, durante la presentación del informe.

Un colapso que ya está en marcha

El trabajo analiza la situación de 144 países y concluye que el mundo atraviesa uno de los momentos más críticos desde la creación del sistema internacional de derechos humanos tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. El diagnóstico no es una advertencia sobre lo que podría ocurrir: el informe va más allá de la simple advertencia de un colapso inminente y documenta uno que ya está en marcha, exponiendo sus devastadoras consecuencias para los derechos humanos, la estabilidad global y las vidas de millones de personas.

El informe documenta un aumento de crímenes de guerra, de lesa humanidad y otras violaciones graves, en un contexto en el que los mecanismos de rendición de cuentas pierden eficacia. Los casos más emblemáticos son el genocidio contra la población palestina en Gaza, los ataques de Rusia en Ucrania y la violencia extrema en Myanmar y Sudán.

Trump, Netanyahu y Putin: los tres rostros del retroceso

El informe identifica con nombre propio a los principales responsables del deterioro global. El documento detalla las «prácticas autoritarias» llevadas a cabo por el presidente estadounidense, Donald Trump, desde que llegó a la Casa Blanca en enero de 2025, entre ellas los ataques contra el poder judicial, los medios y adversarios políticos, así como los indultos a simpatizantes, recortes en ayuda exterior, su agenda «racista y antiinmigrante» y la represión de las protestas propalestinas.

En cuanto al conflicto en Oriente Próximo, Israel ha continuado con el genocidio que está perpetrando contra la población palestina en Gaza, a pesar del alto el fuego acordado en octubre de 2025, y mantiene un sistema de apartheid mientras acelera la expansión de asentamientos ilegales en la Cisjordania ocupada. Respecto a Rusia, en 2025 persistieron los abusos graves contra prisioneros ucranianos, tanto militares como civiles, incluyendo desaparición forzada, detención en régimen de incomunicación, tortura y juicios injustos.

Europa, cómplice por omisión

Uno de los señalamientos más contundentes del informe apunta a la pasividad de los gobiernos europeos. Callamard lamentó que democracias asentadas como las europeas estén optando casi todas por una «política del apaciguamiento», con pocas excepciones como la del Gobierno de España.

«La mayoría de los gobiernos han optado por apaciguar a estos depredadores», denunció Callamard, criticando especialmente el papel de los países europeos. La lógica de esa estrategia, advierte la organización, no neutraliza el peligro sino que lo alimenta.

El informe también apunta a un «efecto Bukele» en América Latina. Callamard reconoce que varios países están eligiendo líderes que rechazan o minimizan los derechos humanos en pro de una sociedad más segura, o incluso militarizada.

El orden depredador que se impone

La organización vislumbra un nuevo orden mundial que «da la espalda a la justicia racial, de género y climática» y que «trata a la sociedad civil como un enemigo común y rechaza la solidaridad internacional. Se basa en silenciar la disidencia, instrumentalizar el Derecho y deshumanizar a quienes consideran ‘los otros'».

Callamard describió el mecanismo de estos «depredadores»: primero usan su poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU para hacer inoperativa a la organización; luego denuncian su inutilidad para exigir otro orden mundial. El resultado es una justicia internacional vaciada de contenido, con órdenes de arresto que quedan en papel mojado.

La resistencia como contrapeso

Pese al sombrío panorama, el informe recoge también señales de esperanza. Millones de personas en todo el mundo se resisten a la injusticia y las prácticas autoritarias. En 2025, las protestas del movimiento Gen Z se extendieron por una docena de países, como Indonesia, Kenia, Madagascar, Marruecos, Nepal y Perú; además, unas 300.000 personas desafiaron en Hungría la prohibición del Orgullo de Budapest para defender los derechos LGBTI.

«Que 2026 sea el año en que afirmemos nuestra capacidad de acción y demostremos que no somos meros espectadores de la historia; también la escribimos. Así que, por el bien de la humanidad, es hora de hacer historia en derechos humanos», concluyó Callamard.

El llamado de Amnistía Internacional es directo: los Estados deben rechazar la política del apaciguamiento y resistirse de manera colectiva a la construcción de un orden mundial depredador, antes de que el colapso que hoy se documenta se vuelva irreversible.