Canteras abandonadas: la ciencia argentina las convierte en criaderos de pejerrey

Investigadores del CONICET estudian más de 300 canteras inundadas en la provincia de Buenos Aires para transformarlas en focos de acuicultura ecológica, ecoturismo y desarrollo local. El proyecto podría revolucionar el uso de espacios mineros abandonados en toda la región.

Cientos de grandes excavaciones diseminadas por el territorio bonaerense permanecen silenciosas desde que las máquinas dejaron de operar. Son las canteras abandonadas: heridas abiertas en el suelo que, con el tiempo, se llenaron de agua y se convirtieron en ambientes acuáticos artificiales. Durante décadas, la ciencia las ignoró. Ahora, un equipo de investigadores del Instituto de Limnología de La Plata (ILPLA), dependiente del CONICET y la Universidad Nacional de La Plata, apunta a esos espacios como laboratorios naturales para la cría sustentable de pejerrey y el impulso del ecoturismo regional.

El proyecto, encuadrado en un convenio formal con la Subsecretaría de Minería de la Provincia de Buenos Aires, propone analizar en una primera etapa 20 de las aproximadamente 300 canteras inundadas que existen en el territorio provincial. El objetivo es doble: caracterizar físicamente estos cuerpos de agua y evaluar si reúnen las condiciones para convertirse en centros de acuicultura ecológica, una disciplina en la que el ILPLA acumula décadas de experiencia.

De la explotación al abandono, y del abandono a la oportunidad

Las canteras nacen de la minería no metalífera: extracción de tosca, conchilla, arena y materiales para la construcción. Cuando cesa la actividad, los pozos gigantescos que dejan las máquinas se inundan por acción de las lluvias y el agua subterránea. El resultado son lagunas artificiales de morfología muy particular: paredes casi verticales, escasa influencia del viento, agua sin aportes de afluentes externos. «Son ambientes con los que las comunidades locales comienzan a interactuar. La gente va a bañarse, a pescar, a observar aves. Un vínculo que, sin regulación, puede ser peligroso», explicó Javier Garcia de Souza, investigador del CONICET en el ILPLA.

Ese uso espontáneo y sin control es, paradójicamente, uno de los motores del proyecto. El gobierno provincial detectó la necesidad de regular el acceso a esos espacios y, al mismo tiempo, explorar alternativas productivas. La alianza con el ILPLA abrió la puerta a una solución con base científica.

El método: jaulas flotantes y zooplancton como alimento natural

El ILPLA no llega a estos ambientes con las manos vacías. Desde fines de los años ’90, el instituto desarrolló y perfeccionó una técnica de cría de pejerrey en jaulas flotantes que ya demostró su eficacia en lagunas pampeanas. El procedimiento consiste en colocar sobre el agua jaulas provistas de una bolsa de red fina donde se alojan miles de larvas. La red protege a las crías de predadores y de la competencia de otras especies, pero permite la entrada de zooplancton, el alimento natural de la especie, y el libre intercambio del agua. En aproximadamente cuatro meses se obtienen grandes cantidades de alevinos o juveniles listos para ser liberados al ambiente.

El desafío en las canteras radica en sus diferencias estructurales respecto de las lagunas pampeanas. Mientras la laguna de Chascomús abarca unas 3.000 hectáreas, una cantera típica puede medir apenas 7 hectáreas. La ausencia de tributarios reduce el arrastre de contaminantes, pero también limita la disponibilidad de zooplancton, ya que en las lagunas es el viento el que moviliza el agua y favorece la producción biológica. «El desafío es adaptar el método para aprovechar las virtudes de las cavas sustituyendo las condiciones favorables de las lagunas que aquí no están presentes», señaló Darío Colautti, investigador del CONICET y director del ILPLA.

El proyecto en cifras

  • ~300 canteras inundadas en la provincia de Buenos Aires
  • 20 cavas analizadas en esta primera etapa
  • 4 meses dura el ciclo de cría de alevinos en jaulas flotantes
  • 3 zonas de muestreo activo: Samborombón, Florencio Varela y Gran La Plata
  • Acuerdo marco con la Subsecretaría de Minería bonaerense

Ecosondas, muestras y topografía submarina

Para caracterizar estos ambientes, el equipo realiza intensas campañas de muestreo en canteras de Samborombón, Florencio Varela y el Gran La Plata. Cada salida al campo implica la toma de muestras de agua y de los microorganismos que la habitan, más el análisis del relieve del fondo. Para esto último, los investigadores utilizan ecosondas: instrumentos que emiten pulsos acústicos que rebotan en el fondo y cuyo eco, captado en superficie, permite construir una representación tridimensional de la topografía de cada cantera. Un mapa íntimo e invisible de cada una de estas lagunas artificiales.

«Todavía no podemos hablar de un patrón general. Las características son muy variables», advirtió Ailén Solanas, becaria del CONICET en el ILPLA. «Una vez que tengamos el análisis completo, podremos decir cuáles son aptas para la cría de peces y cuáles no. Las que no cumplan las condiciones, por ser demasiado poco profundas por ejemplo, pueden igualmente ser intervenidas con actividades de socio-ecoturismo, senderos ambientales o cartelería interpretativa.»

Más allá del pejerrey: desarrollo local y ecoturismo

El alcance del proyecto excede la acuicultura. Los investigadores y las autoridades provinciales coinciden en que las canteras inundadas tienen el potencial de convertirse en atractivos turísticos, educativos y recreativos para las comunidades que las rodean, siempre que se lleve adelante una gestión ordenada y con respaldo científico. La articulación entre el ILPLA, la Subsecretaría de Minería, los municipios y actores de la sociedad civil apunta precisamente a eso: no solamente poblar esos espejos de agua con peces, sino devolver valor social y ambiental a territorios que la industria extractiva dejó atrás.

«Gracias a este acuerdo vamos a poder conocer ambientes de los que hasta ahora no se tiene información precisa, vincularnos con municipios y otros actores de la sociedad, y trabajar en articulación con expertos de otras disciplinas», concluyó Garcia de Souza.

La minería bonaerense es enteramente no metalífera: la legislación vigente impide la explotación comercial a gran escala de minerales como el oro o el cobre, pese a que están presentes en el subsuelo. Esa restricción, que suele leerse como una limitación económica, es también la razón por la que las canteras de la provincia no dejan el tipo de pasivos ambientales tóxicos que caracterizan a la minería metalífera. Una condición que, ahora, la ciencia quiere convertir en ventaja.