Colombia lanzó el SPGET en Santa Marta ante más de 60 países: el primer organismo global de ciencia dedicado exclusivamente a la descarbonización y al abandono del petróleo, el gas y el carbón. Johan Rockström y Carlos Nobre lideran la iniciativa que tendrá sede en São Paulo.
El mundo acaba de dotarse de su propio IPCC para los combustibles fósiles. En el marco de la Primera Conferencia para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, celebrada en Santa Marta entre el 24 y el 29 de abril de 2026, Colombia anunció la creación del Panel Científico para la Transición Energética Global (SPGET, por sus siglas en inglés), el primer organismo de estas características a escala planetaria.
El anuncio fue realizado por la ministra colombiana de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Irene Vélez Torres, en una rueda de prensa junto a tres de los científicos más influyentes del planeta en materia climática: Johan Rockström, director del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático; Carlos Nobre, referente mundial en estudios sobre la Amazonía y doctor en Meteorología por el MIT; y Gilberto M. Jannuzzi, de la Universidad Estadual de Campinas (Brasil).
Un vacío histórico que el multilateralismo no pudo llenar
La iniciativa nace de una frustración conocida. En la COP30, celebrada en Belém (Brasil) en 2025, los esfuerzos por incluir una hoja de ruta vinculante para el abandono de los fósiles fueron bloqueados por las limitaciones del sistema de consenso de Naciones Unidas. El acuerdo nunca llegó. El SPGET pretende llenar ese vacío con ciencia, no con diplomacia.
La conferencia de Santa Marta, coorganizada con los Países Bajos, agrupa a delegaciones de más de 60 países con el objetivo explícito —sin eufemismos, según los propios organizadores— de trazar rutas concretas hacia economías descarbonizadas. El evento busca complementar los procesos multilaterales existentes y traducir compromisos políticos en acciones coordinadas y medibles.
Tres curvas no lineales que convergen en el mismo punto
Rockström describió el momento con una metáfora de urgencia sistémica: tres curvas no lineales que chocan simultáneamente. La primera es la aceleración de los riesgos climáticos, que crecen más rápido de lo esperado. La segunda es el auge exponencial de las energías renovables, que ya hace viable económicamente la transición. La tercera es el crecimiento exponencial de los precios de los fósiles por la inestabilidad geopolítica mundial, que convierte la dependencia del petróleo y el gas en una amenaza estratégica además de ambiental.
«Si unimos estos tres aspectos, tenemos un argumento muy sólido para incluir en la agenda la transición ordenada y basada en la ciencia para abandonar los combustibles fósiles», sostuvo el científico sueco. El panel tendrá su sede en la Universidad de São Paulo y será dirigido por la economista camerunesa Vera Songwe, copresidenta del Panel de Alto Nivel de Expertos en Financiamiento Climático, junto a Ottmar Edenhofer, economista jefe del Instituto Potsdam.
Informes anuales, políticas concretas y la ciencia como puente
El SPGET se propone elaborar informes anuales que permitan a ciudades, regiones y países diseñar estrategias efectivas para abandonar progresivamente los fósiles. Rockström detalló que el panel trazará la mejor combinación de políticas según las particularidades de cada territorio —Colombia produce carbón a gran escala; otros países dependen mayoritariamente del gas— e identificará los mecanismos de financiamiento necesarios, especialmente para los países en desarrollo.
Carlos Nobre, por su parte, expresó su optimismo sobre el potencial del panel para impulsar soluciones basadas en la naturaleza y evitar que se superen los límites críticos de dióxido de carbono en la atmósfera. La perspectiva amazónica, central en su trabajo, introduce una dimensión que los análisis puramente energéticos suelen ignorar: la de los ecosistemas como reguladores climáticos insustituibles.
Una transición que no puede ser un lujo de ricos
Uno de los ejes centrales del debate en Santa Marta es la justicia energética. Dejar atrás los combustibles fósiles no puede significar una nueva fractura global entre regiones que se electrifican rápido y regiones pobres que quedan atrapadas en energía cara y empleos perdidos. La ministra Vélez Torres fue explícita al invocar una «deuda histórica» y la necesidad de investigar los límites sociales y económicos de la transformación.
El gobierno colombiano subrayó además que la transición no debe limitarse a la eficiencia energética, sino apuntar a una transformación estructural que garantice la seguridad energética de las futuras generaciones. Los combustibles fósiles son responsables actualmente de más del 75% de los gases de efecto invernadero a nivel global. Los gobiernos, según advierten los propios promotores del panel, tienen previsto extraer antes de 2030 más del doble de la cantidad de fósiles compatible con el límite de 1,5°C establecido en el Acuerdo de París.
El SPGET no tiene poder vinculante. Pero en un momento en que la voluntad política retrocede y el multilateralismo vacila, la ciencia organizada y con vocación de servicio público podría ser, como en otras ocasiones, el último muro de contención.
