China conquista América Latina con parques solares gigantes

Beijing despliega miles de millones de dólares en infraestructura energética limpia desde Ecuador hasta Cuba, redibujando el mapa de poder en la región.

El gigante asiático no frena. Mientras Washington y Bruselas debaten estrategias, China avanza silenciosamente en América Latina con uno de los instrumentos más efectivos de proyección de poder del siglo XXI: la energía limpia. En los últimos meses, empresas vinculadas a Beijing aceleraron conversaciones e inversiones en infraestructura, logística y energías renovables en varios países de la región, consolidando una presencia que ya no admite ser ignorada.

El patrón se repite en distintos países, pero con una misma lógica: financiamiento millonario, ejecución veloz y resultados concretos que los gobiernos locales difícilmente pueden rechazar.

Ecuador: 400 millones de dólares para transformar la matriz energética

El anuncio más resonante llegó desde Ecuador. Tras el encuentro entre el presidente Daniel Noboa y el mandatario chino Xi Jinping durante una gira internacional en junio de 2025, Quito confirmó que la empresa estatal Power China destinará alrededor de 400 millones de dólares para desarrollar proyectos de energías renovables dentro del país.

El paquete contempla infraestructura vinculada a generación limpia, incluyendo posibles desarrollos solares y otras fuentes renovables que buscan diversificar la matriz energética ecuatoriana. La iniciativa no es aislada: forma parte de una estrategia más amplia de cooperación entre China y la región, donde Beijing ha ido ampliando su presencia mediante inversiones en energía, puertos, telecomunicaciones y transporte.

El objetivo declarado es fortalecer la capacidad energética local y acompañar el crecimiento de la demanda eléctrica en sectores industriales y urbanos, reduciendo al mismo tiempo la vulnerabilidad frente a crisis energéticas o fenómenos climáticos que afecten otras fuentes de generación.

Cuba: la revolución solar más rápida del mundo en desarrollo

Pero si hay un caso que ilustra con mayor contundencia el alcance de la apuesta china, ese es Cuba. En apenas doce meses, la isla caribeña pasó de generar el 5,8% de su electricidad con energía solar a superar el 20% del total, en lo que analistas del sector energético describen como una de las transiciones renovables más veloces jamás registradas en un país en desarrollo.

Detrás de ese salto histórico está China. Beijing se comprometió a construir 92 parques solares en Cuba antes de 2028, con una capacidad combinada de aproximadamente 2.000 megavatios, equivalente a la totalidad de la generación fósil actual de la isla. Entre principios de 2025 y principios de 2026, ya se habían conectado a la red 49 nuevos parques solares, sumando más de 1.000 megavatios de capacidad con equipos y financiamiento chinos. Algunas instalaciones lograron entrar en operación en apenas 35 días desde la llegada de los equipos.

Las exportaciones chinas de paneles solares a Cuba ilustran la escala del compromiso: pasaron de 5 millones de dólares en 2023 a 117 millones de dólares en 2025, un crecimiento que no tiene parangón en ningún otro país del mundo durante ese período.

El contexto geopolítico es inseparable de la dimensión energética. La orden ejecutiva firmada por el presidente Donald Trump a comienzos de 2026, que amenaza con aranceles a cualquier país que suministre petróleo a Cuba, redujo las importaciones de combustible de la isla en casi un 90% y desencadenó una crisis sin precedentes desde la Revolución de 1959, con apagones de hasta 20 horas diarias en algunas regiones. China respondió no con petróleo —fácilmente rastreable y sujeto a represalias— sino con tecnología solar que produce energía sin depender de importaciones continuas.

El 11 de febrero de 2026, Cuba generó más de 900 megavatios desde paneles solares por primera vez en su historia, batiendo un récord establecido apenas el día anterior. El ministro de Energía cubano, Vicente de la O Levy, resumió el alcance de la alianza al señalar que el proyecto representa «un compromiso conjunto con la soberanía energética».

Más allá de los megaproyectos, la solidaridad china se materializó también en el plano doméstico: 10.000 sistemas fotovoltaicos fueron donados para hogares rurales, maternidades y centros de salud a lo largo de los 168 municipios de la isla, manteniendo refrigerados medicamentos y garantizando electricidad básica durante los peores momentos de la crisis.

El patrón regional: Chile, Brasil y más allá

El avance energético chino no se agota en Ecuador y Cuba. En Chile, avanzan proyectos de transporte público eléctrico y conectividad digital con Asia. En Brasil, crecen inversiones en puertos e infraestructura tecnológica. La presencia de Beijing en la región ya no se mide solo en dólares, sino en la capacidad de moldear la infraestructura crítica de países enteros.

La transición energética se convirtió en el eje central de esta expansión. Varios gobiernos latinoamericanos buscan profundizarla para reducir costos y dependencia de combustibles fósiles, y China aparece como el socio que ofrece financiamiento, tecnología y velocidad de ejecución que ningún otro actor internacional iguala en este momento.

El resultado es un mapa en transformación, donde la energía limpia dejó de ser una promesa climática para convertirse en el principal instrumento de cooperación económica —y de influencia geopolítica— entre China y América Latina.