La primera isla artificial de energía del mundo: hormigón gigante y viento que cambia la electricidad offshore

La Isla de Energía Princesa Elisabeth, construida en el Mar del Norte con cajones de hormigón de 22.000 toneladas, se perfila como la revolución de la energía eólica marina y el primer hub offshore capaz de combinar transmisión HVDC y HVAC para distribuir electricidad renovable a escala continental.

A 45 kilómetros de la costa belga, en el fondo del Mar del Norte, se está escribiendo uno de los capítulos más audaces de la transición energética global. La Isla de Energía Princesa Elisabeth, impulsada por el operador de red belga Elia Group y construida por el consorcio TM Edison —integrado por las firmas de ingeniería marina DEME y Jan De Nul—, no es solo una obra de infraestructura descomunal: es la primera isla artificial del mundo diseñada exclusivamente para capturar, concentrar y distribuir energía eólica offshore a múltiples países de forma simultánea.

Bloques de hormigón de película apocalíptica

La construcción comenzó en los diques secos del puerto holandés de Vlissingen, donde ingenieros y obreros levantaron las piezas fundamentales del proyecto: 23 cajones de hormigón, cada uno con 58 metros de largo, 28 metros de ancho y hasta 32 metros de altura, y un peso aproximado de 22.000 toneladas por unidad. Para dimensionar esa masa: cada cajón equivale, en peso, a más de 15 aviones Boeing 747 completamente cargados.

Estas estructuras se construyen en tierra firme, se remontan por mar mediante barcazas semisumergibles especialmente modificadas para soportar cargas extremas, y se hunden en un lecho marino a 45 metros de profundidad. Una vez posicionados, forman el perímetro exterior de la isla, que tendrá una superficie total de seis hectáreas, el equivalente aproximado a doce canchas de fútbol.

La campaña de instalación offshore de 2025 se completó en octubre de ese año. Los trabajos se reanudaron en la primavera de 2026, cuando se instalaron los cajones finales y se comenzó a preparar el interior de la isla para recibir la infraestructura eléctrica de alta tensión.

El problema que nadie había resuelto en alta mar

Durante décadas, la energía eólica marina enfrentó un obstáculo que la tecnología tardó en resolver: cómo transportar eficientemente la electricidad generada a decenas o cientos de kilómetros de la costa sin perder grandes volúmenes de energía en el camino. Los sistemas de corriente alterna (HVAC), utilizados en los primeros parques offshore, son eficientes a distancias cortas, pero su rendimiento se deteriora de manera considerable a medida que aumenta la longitud de los cables submarinos.

La solución es la corriente continua de alta tensión (HVDC, por sus siglas en inglés), una tecnología que permite transportar enormes cantidades de energía a largas distancias con pérdidas mínimas. El problema es que ningún proyecto había logrado integrar ambos sistemas —HVAC y HVDC— en una misma plataforma offshore.

La Isla Princesa Elisabeth será la primera instalación artificial del mundo en combinar ambas tecnologías de transmisión. La infraestructura de corriente alterna recolectará la electricidad de los parques eólicos circundantes a través de cables submarinos de exportación, mientras que las estaciones convertidoras de corriente continua permitirán la transmisión eficiente a larga distancia y la conexión con redes de otros países europeos.

Un hub energético continental

El alcance del proyecto va más allá de abastecer a Bélgica. La isla está concebida como el primer eslabón de una red eléctrica offshore integrada a escala europea. Una vez operativa, se conectará con el Reino Unido a través del interconector Nautilus y con Dinamarca mediante el enlace TritonLink. Estos «interconectores híbridos» tienen una doble función: facilitan los intercambios de energía entre países y, al mismo tiempo, se conectan a nuevos parques eólicos en la zona norte del Mar del Norte.

El mecanismo que esto habilita es inédito en la historia de la energía: cuando un país produce más electricidad renovable de la que consume, el excedente puede enviarse en tiempo real a otro país con menor generación. El Mar del Norte deja de ser un espacio de producción aislada y se convierte en un mercado energético continental dinámico.

Costos que se dispararon y un proyecto que no se detiene

La ambición del proyecto tuvo un precio que nadie supo calcular con precisión al inicio. Estimada originalmente en poco más de 2.000 millones de euros en 2021, la inversión total trepó a aproximadamente 7.000 millones de euros, impulsada en gran medida por la escalada en los precios de los sistemas HVDC y los trabajos de instalación offshore.

En el verano de 2025, el gobierno belga anunció una revisión significativa del alcance inicial del proyecto, con foco en los componentes de corriente continua. Sin embargo, la construcción de los cimientos y la infraestructura de corriente alterna continuaron sin interrupciones.

El proyecto recibe financiamiento parcial del Fondo de Recuperación COVID-19 de la Unión Europea, que otorgó una subvención de aproximadamente 100 millones de euros, una señal del valor estratégico que Bruselas asigna a esta iniciativa para alcanzar la neutralidad climática continental en 2050.

Un calendario con hitos precisos

Según el cronograma establecido, la construcción de los cimientos de la isla se extenderá hasta agosto de 2026. A partir de ese momento comenzará la instalación de la infraestructura eléctrica de alta tensión. Las primeras turbinas eólicas de la zona Princesa Elisabeth entrarán en operación en 2028, y la puesta en marcha completa del sistema está prevista para 2030.

Cuando esté plenamente operativa, la isla funcionará con sistemas automatizados y contará con un pequeño puerto y una plataforma de helicóptero para los equipos de mantenimiento, que deberán garantizar la continuidad de operaciones en una de las rutas marítimas más transitadas del mundo.

Por qué este proyecto importa más allá de Bélgica

La Isla Princesa Elisabeth no es solo un proyecto nacional. Es una prueba de concepto que, si resulta exitosa, podría replicarse en otras latitudes donde la geografía y la geopolítica hacen de la energía offshore una herramienta estratégica: el Mar Báltico, las costas del norte de Europa, o incluso las aguas profundas frente a países como Japón o la costa oeste de Estados Unidos, donde los fondos marinos son demasiado profundos para estructuras con cimentación fija.

La combinación de ingeniería pesada de hormigón, tecnología HVDC, interconexión multinacional y automatización convierte a este proyecto en una hoja de ruta para la próxima generación de infraestructura energética global. Lo que se está hundiendo, cajón por cajón, en el fondo del Mar del Norte es más que hormigón: es la arquitectura del sistema eléctrico del siglo XXI.