Chile, Argentina, Perú, Ecuador y Bolivia firmaron un histórico acuerdo de cooperación regional para combatir el crimen organizado transnacional, con revisión de avances en 180 días y un grupo de trabajo conjunto permanente.
Crimen organizado transnacional, cooperación regional y seguridad fronteriza marcan la agenda de un continente que decidió dejar de actuar en soledad. Cancilleres y ministros de Seguridad de Chile, Argentina, Perú, Ecuador y Bolivia firmaron el Compromiso de Santiago, un acuerdo de cooperación regional en seguridad, inteligencia y control fronterizo frente al crimen organizado transnacional.
La cumbre, celebrada este jueves en la capital chilena, tuvo el peso político de una fotografía inédita: cinco naciones sudamericanas sentadas en la misma mesa con un diagnóstico compartido y, por primera vez, con compromisos concretos escritos en un documento vinculante.
El crimen no espera: tampoco la región
El presidente chileno José Antonio Kast inauguró la cita y advirtió que el crimen organizado «va matando a nuestros jóvenes, va sometiendo nuestros barrios, va comprando voluntades». La frase condensó en pocas palabras lo que los números confirman en toda la región: el avance sostenido del narcotráfico, el sicariato y las organizaciones criminales que operan sin respetar fronteras.
El canciller chileno Francisco Pérez Mackenna, anfitrión de la reunión, sostuvo que los esfuerzos nacionales son «insuficientes» frente a una amenaza de naturaleza transfronteriza. «Esto empieza a cambiar», afirmó, en una definición que resume el espíritu del encuentro.
Qué dice el acuerdo y qué viene ahora
El documento fija medidas en cinco áreas prioritarias: intercambio de información entre servicios de inteligencia, policías y fiscalías; coordinación fronteriza; trazabilidad de flujos financieros ilícitos; cooperación entre organismos técnicos nacionales; y fortalecimiento de los mecanismos regionales de respuesta. Los cinco países conformarán un grupo de trabajo conjunto y revisarán los avances en 180 días.
No se trata de una declaración de buenas intenciones. El canciller argentino Pablo Quirno, presente junto a la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva, señaló que el texto «ordena prioridades, fija líneas de trabajo y ofrece una base robusta» para que la cooperación se convierta en una herramienta eficaz.
Diagnósticos que alarman
Cada delegación llegó a Santiago con datos propios sobre el avance del crimen en su territorio. La canciller de Ecuador, Gabriela Sommerfeld, destacó la necesidad de fortalecer las capacidades gubernamentales mediante acciones conjuntas, en un contexto de violencia sostenida por organizaciones narcotraficantes.
El canciller de Perú, Carlos Pareja, describió como «alarmante y creciente» la situación de delitos como el sicariato, las extorsiones y los secuestros, y reclamó mayor coordinación contra «estas mafias que cruzan fronteras».
Bolivia, en tanto, atraviesa una tormenta política interna: masivas protestas exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz, lo que le imprimió un peso simbólico especial a la presencia de su canciller, Fernando Aramayo, quien subrayó que el acuerdo debe involucrar también a las sociedades civiles.
El contexto geopolítico que lo explica todo
El acuerdo no surge en un vacío. A excepción de Perú —inmerso en un proceso electoral—, todos los países participantes están gobernados por mandatarios de derecha o extrema derecha que integran la iniciativa Escudo de las Américas, lanzada en marzo por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para combatir el crimen internacional y contrarrestar la influencia de China en el hemisferio occidental.
Kast mencionó «la recuperación del control de las cárceles en Argentina» como ejemplo de las políticas regionales que apuntan en esa dirección.
El reloj ya está corriendo. En seis meses, los cinco países deberán mostrar resultados concretos. La región aprendió que el crimen organizado no descansa y que las respuestas fragmentadas solo alimentan su expansión. El Compromiso de Santiago es, por ahora, la apuesta más ambiciosa para cambiar esa ecuación.
