Colossal Biosciences logró incubar polluelos sanos en huevos artificiales de silicona, un avance que reaviva el debate sobre la recuperación de especies extintas como el dodo y el moa gigante.
En un laboratorio de Dallas, Texas, veintiséis pollitos picaron por primera vez sin haber tocado jamás una cáscara natural. Nacieron dentro de estructuras de silicona impresas en 3D, respiraron a través de membranas que imitan el intercambio gaseoso de un huevo real y sobrevivieron para contarlo. La empresa biotecnológica Colossal Biosciences anunció el 19 de mayo de 2026 este logro que, según sus impulsores, podría ser el primer paso hacia la resurrección de aves extintas como el dodo o el colosal moa de Nueva Zelanda.
Una cáscara sin cáscara
El dispositivo ideado por Colossal consiste en una estructura de celosía impresa en 3D que reemplaza por completo la cáscara convencional. Sobre esa armazón descansa una membrana transparente de silicona semipermeable capaz de permitir el paso del oxígeno a niveles atmosféricos, reproduciendo la función respiratoria de un cascarón biológico sin necesidad de oxígeno suplementario. Esta última diferencia es clave: los sistemas anteriores, desarrollados en Japón y otros países desde finales de los años noventa con recipientes de vidrio o plástico, requerían oxígeno adicional que podía dañar los tejidos y el ADN del embrión.
El procedimiento comienza cuando los científicos extraen los huevos puestos por gallinas reales en las primeras 24 a 48 horas tras la postura, seleccionan los más viables y transfieren el contenido al huevo artificial. Una ventana transparente integrada en el diseño permite observar el desarrollo embrionario en tiempo real, algo que podría ser determinante en futuras aplicaciones de edición genética.
El moa gigante como horizonte
El objetivo declarado de Colossal va mucho más allá de los polluelos de corral. Su director ejecutivo, Ben Lamm, afirmó que la tecnología podría escalar algún día para incubar embriones de moa gigante de la Isla Sur (Dinornis robustus), un ave extinta hace unos 600 años que medía hasta tres metros de altura y ponía huevos 80 veces más grandes que los de una gallina. Ningún ave viva podría incubar un embrión de esas dimensiones, y el huevo artificial de silicona podría resolver ese problema técnico fundamental.
La misma empresa ya había generado titulares en 2025 al presentar cachorros inspirados genéticamente en el lobo terrible, extinto hace miles de años, y ratones con pelaje de mamut. El patrón es consistente: Colossal anuncia avances biotecnológicos de alto impacto mediático que combinan ingeniería genética, edición de ADN antiguo y tecnologías de reproducción asistida.
De la desextinción a la conservación: una misma herramienta, dos debates
Más allá del espectáculo de revivir criaturas extintas, los especialistas señalan que el huevo artificial podría tener aplicaciones inmediatas y concretas en la conservación de especies en peligro. Uno de los casos más citados es el del kākāpō (Strigops habroptilus), el loro nocturno y no volador de Nueva Zelanda cuya reproducción sigue siendo extremadamente frágil y donde muchos polluelos mueren antes o justo después de nacer. La incubación artificial podría aumentar drásticamente sus tasas de supervivencia.
Sin embargo, no todos los investigadores comparten el entusiasmo. Nic Rawlence, genetista evolutivo de la Universidad de Otago, considera que la prioridad debe estar en las especies que todavía existen: «Eso es en lo que deberían centrarse», señaló en referencia a la conservación de aves vivas antes que al regreso de animales extintos. Por su parte, Stuart Pimm, ecólogo de la Universidad Duke, subrayó que la protección del hábitat y la reducción de amenazas concretas, como las colisiones con edificios o la depredación por gatos domésticos, siguen siendo las prioridades reales para las aves en riesgo.
Un anuncio sin revisión científica
El anuncio de Colossal llegó acompañado de un video promocional y un comunicado de prensa, pero sin una publicación científica revisada por pares. La investigadora Nicola Hemmings, especialista en biología reproductiva de aves en la Universidad de Sheffield, advirtió que producir un polluelo en un recipiente artificial no es necesariamente nuevo: los antecedentes de incubación ex ovo se remontan a 1988, cuando la genetista Margaret Perry logró hacer eclosionar pollos usando embriones cultivados y transferidos a cascarones donantes. Lo que Colossal reivindica como innovación es la membrana de silicona que elimina la necesidad de oxígeno suplementario, aunque ese avance específico aún aguarda validación independiente.
¿Estamos preparados para lo que viene?
El nacimiento de 26 polluelos en un huevo de silicona no resuelve por sí solo el enigma de la desextinción, pero demuestra que la biotecnología sigue empujando fronteras que antes parecían imposibles. La pregunta que permanece abierta no es solo si podremos devolver a la vida a especies perdidas, sino si estamos preparados, como sociedad, para decidir cuáles merecen volver y a qué costo ecológico. Mientras tanto, en Texas, veintiséis polluelos ajenos a ese debate picotean sin saber que cambiaron la historia.
