Los principales organismos climáticos mundiales —NOAA, la OMM y el servicio Copernicus— advierten que un nuevo episodio de El Niño, que podría alcanzar la categoría de «súper», se formará entre mediados y fines de 2026, en el contexto del calentamiento global más acelerado de la historia.
El Pacífico tropical está enviando una señal inequívoca: el agua se calienta a una velocidad inusual y los vientos alisios están aflojando. Para los científicos, esas son las huellas digitales de El Niño en formación. Lo que antes era un ciclo natural que reaparecía cada dos a siete años ahora se produce sobre un planeta que ya acumula 1,4 a 1,5 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales, lo que convierte cada nuevo episodio en una amenaza de otra dimensión.
El servicio de datos climáticos Copernicus confirmó que en marzo de 2026 la temperatura media de la superficie oceánica del Pacífico registró el segundo valor más alto para un mes de marzo desde que existen registros instrumentales. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) fue más directa: publicó una advertencia formal señalando que ya entre mayo y julio de este año es probable que se instalen las condiciones características de El Niño, con temperaturas terrestres superiores a lo normal en casi todo el planeta.
La distinción es crucial. El planeta ya está en una escalera mecánica que sube sin parar; El Niño equivale a saltar hacia arriba mientras se asciende. Eso explica por qué el episodio de 2023-2024, técnicamente menos fuerte que los súper Niños anteriores, produjo efectos devastadores: el Amazonas alcanzó su nivel más bajo en 120 años, los incendios calcinaron el Pantanal —el mayor humedal tropical del mundo— y lluvias sin precedentes desplazaron a medio millón de personas en el sur de Brasil.
El Niño 2026 en cifras clave
20% Probabilidad de que 2026 sea el año más caluroso de la historia
+1,8°C Temperatura global proyectada sobre nivel preindustrial en 2027
3 meses Retardo entre el pico oceánico y el impacto térmico global máximo
3.ª vez Solo ocurrió un Súper El Niño en 1982-83, 1997-98 y 2015-16
Lo que diferencia el episodio que se avecina de todos los anteriores es la línea de base climática. «Ahora tenemos un punto de referencia diferente», advirtió Clara Deser, científica del Centro Nacional de Investigación Atmosférica de Boulder, Colorado. Eso significa que El Niño del pasado no anticipa el del futuro: las mismas anomalías oceánicas de siempre producirán impactos distintos —y más severos— porque ahora ocurren en una atmósfera más caliente.
El calentamiento global incluso obligó a la comunidad científica a crear un nuevo instrumento de medición: el RONI (Índice Relativo Oceánico del Niño). El índice anterior perdía de vista el fenómeno porque todo el Pacífico se estaba calentando tan rápido que enmascaraba las anomalías propias de El Niño. Con el nuevo método, los modelos pueden detectar y anticipar el fenómeno con mayor precisión, lo que resulta vital para la gestión de riesgos en agricultura, salud pública, energía e infraestructura.
Si el nuevo episodio se intensifica en la segunda mitad de 2026 y alcanza su pico entre noviembre y enero —como suele ocurrir—, el impacto térmico más notable podría sentirse en 2027, empujando los promedios globales hacia niveles que la humanidad nunca ha registrado en la era instrumental. La advertencia no es especulativa: es el consenso de la NOAA, la OMM, el Met Office, Copernicus y el Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima y la Sociedad.
La pregunta que los científicos aún no pueden responder con certeza es si el episodio alcanzará formalmente la categoría de «súper» El Niño —una denominación informal pero de enorme peso mediático y político—, o si quedará en la categoría «fuerte». Ambos escenarios implican consecuencias graves: sequías, inundaciones, olas de calor e incendios forestales más intensos de lo habitual en regiones que ya están cerca de sus límites de adaptación.
