El trabajo precario desplaza al estudio y dispara la informalidad al 60,9%

Menos del 15% de los jóvenes bonaerenses combina estudio y empleo, mientras el trabajo exclusivo se impone en un mercado laboral dominado por la precariedad, según el informe oficial “Jóvenes bonaerenses en foco” de la Unidad de Género y Economía (UGE) del Ministerio de Economía provincial.

El documento radiografía la situación de 3.051.961 jóvenes de entre 18 y 29 años que residen en los aglomerados urbanos de la provincia de Buenos Aires. Los números revelan una generación atrapada: el grupo mayoritario se dedica exclusivamente a trabajar sin cursar estudios, con 49,8% de los varones y 35,3% de las mujeres en esta categoría. La inactividad (ni estudia ni trabaja) alcanza el 27,1% entre las mujeres, casi duplicando la de los varones.

La tasa de informalidad en el sector comercial —que emplea a uno de cada tres jóvenes— llega al 60,9%, superando el promedio general de la juventud y duplicando la de la población adulta. Esta precariedad se agrava en otros rubros: en construcción trepa al 85%, un sector golpeado por más de 60.000 despidos a nivel nacional. La industria y la construcción concentran mayoritariamente a varones, mientras el servicio doméstico es un nicho casi exclusivo de mujeres y altamente precarizado. En contraste, los sectores de administración pública, educación y salud ofrecen mayor formalidad, pero con escasa participación juvenil.

Las brechas de género profundizan el panorama. Las mujeres jóvenes destinan en promedio 5:46 horas diarias al trabajo doméstico y cuidados, frente a 2:26 horas de los varones. Además, más de seis de cada diez jóvenes viven aún en el hogar de origen como hijos del jefe de hogar; en la franja de 25 a 29 años, esta dependencia alcanza el 46,9% (y el 50% entre varones).

El abandono escolar completa el cuadro crítico: tres de cada diez jóvenes no terminaron el secundario, porcentaje que se eleva a cuatro de cada diez en el quintil de ingresos más bajos. Sin formación, el acceso a empleos de calidad se cierra y se consolida el círculo de pauperización laboral, con pérdida de derechos básicos como cobertura de salud y previsión social.

El informe de la UGE no solo diagnostica: alerta sobre el “efecto cicatriz” de estas experiencias tempranas de informalidad y desempleo, que penalizan de por vida las chances de mejores salarios y empleos estables. En un contexto de degradación del trabajo nacional, la juventud bonaerense enfrenta barreras sociodemográficas que limitan su autonomía económica y amenazan el desarrollo provincial futuro.

Sin políticas públicas que impulsen educación de calidad, formalización laboral y conciliación entre estudio y trabajo, la provincia corre el riesgo de condenar a toda una generación a la supervivencia inmediata en lugar de un proyecto de vida con mayores oportunidades. El dato es claro: cuando el trabajo precario desplaza al estudio, el costo lo paga el futuro de Buenos Aires.