Tras dos siglos de ausencia total, las guacamayas azul y amarilla vuelven a surcar los cielos de la Ciudad Maravillosa y reavivan la biodiversidad del Parque Nacional de Tijuca, la mayor reserva urbana de Brasil. Un ambicioso proyecto de refaunación logra lo que parecía imposible: restaurar el equilibrio perdido en la selva atlántica.
Cuatro ejemplares de Ara ararauna, readaptados tras años en cautiverio, ya fueron liberados en 2023 y un nuevo ciclo de reintroducción está previsto para septiembre de 2026. La meta es clara: poblar el parque con al menos 50 individuos. Así lo informó la organización Refauna, responsable del programa iniciado en 2010 que ya devolvió al bosque al agutí de lomo rojo y al mono aullador marrón, especies clave desaparecidas desde los tiempos de Charles Darwin.
El Parque Nacional de Tijuca, con sus casi 4.000 hectáreas de montañas de granito, fue devastado en el siglo XIX por la producción de café y carbón. Aunque el emperador Dom Pedro II ordenó su reforestación en la década de 1860, muchas especies nunca regresaron. La guacamaya azul y amarilla se extinguió localmente por la destrucción de su hábitat y el tráfico ilegal de fauna.
Ahora, estas aves de poderosos picos y vuelo incansable —capaces de recorrer decenas de kilómetros diarios— cumplen un rol ecológico esencial. Abren frutos duros y dispersan semillas más allá de los límites del parque, combatiendo el llamado “síndrome del bosque vacío”, donde hasta el 90 % de las plantas de la selva atlántica dependen de animales para reproducirse.
“Reintroducir especies no es solo devolver animales a la selva, sino reconstruir relaciones ecológicas esenciales”, explicó Vanessa Kanaan, directora del Instituto Fauna Brasil. Luísa Genes, directora científica de Refauna, agregó que las guacamayas complementan perfectamente el trabajo de otros reintroducidos: mientras los monos ayudan en la germinación, las guacamayas expanden la dispersión.
El desafío no es menor. Con cinco millones de visitantes al año, el parque urbano exige medidas estrictas para que las aves no pierdan su instinto salvaje: recintos cubiertos de follaje, entrenamiento de vuelo y campañas para que los turistas no las alimenten.
Marcelo Rheingantz, director ejecutivo de Refauna, es enfático: “Estamos corrigiendo la historia y trayendo la especie correcta”. Las guacamayas azul y amarilla, icono cultural de Río —presentes en el arte local y la bandera brasileña—, ya tienen nombres inspirados en figuras de la cultura nacional. Su regreso no solo embellece el paisaje: restaura el alma misma del bosque atlántico.
En una era de crisis climática, el proyecto demuestra que la conservación activa puede revertir décadas de daño. Las guacamayas azul y amarilla no solo regresan: traen consigo la esperanza de un ecosistema vivo y completo en el corazón de una de las ciudades más vibrantes del planeta.
