El organismo internacional publica su décimo informe global sobre el estado de la construcción sostenible y concluye que el mundo construye el equivalente a toda París cada semana, pero sin adoptar los estándares verdes necesarios para frenar el cambio climático.
El mundo levanta 12,7 millones de metros cuadrados de nueva superficie cada día. En términos prácticos, eso equivale a añadir una ciudad del tamaño de París casi cada semana. El problema es que la gran mayoría de esa superficie se construye sin cumplir los estándares de eficiencia energética que exige la emergencia climática. Y el impulso para corregirlo, según Naciones Unidas, se está agotando.
El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Alianza Global para los Edificios y la Construcción (GlobalABC) publicaron este martes la décima edición del Informe Mundial sobre el Estado de los Edificios y la Construcción 2025-2026, con una conclusión que sacude al sector: la descarbonización se estancó desde 2020 y el progreso acumulado desde el Acuerdo de París es insuficiente para evitar un escenario climático catastrófico.
El sector que nadie vigila: el mayor contaminante del planeta
Los datos del informe son contundentes. Los edificios y la industria de la construcción concentran actualmente el 37% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, el 28% del consumo global de energía y casi la mitad de la extracción mundial de materiales. Un sector que, con frecuencia, queda eclipsado en el debate climático por la aviación o el transporte por carretera, pero que en términos de impacto los supera con creces.
En 2024, las emisiones operacionales de los edificios —las generadas por la calefacción, la refrigeración, la iluminación y los electrodomésticos— aumentaron un 1%, hasta alcanzar las 9,9 gigatoneladas de CO₂. Para seguir una trayectoria compatible con la neutralidad climática, esas cifras deberían estar cayendo de forma sostenida, no creciendo.
Una década de avances que no alcanza
No todo son malas noticias. Entre 2015 y 2024, la intensidad energética de los edificios —el consumo anual de energía por metro cuadrado— se redujo un 8,5%. Las certificaciones de construcción sostenible casi se triplicaron. Países como Suecia, Dinamarca, Grecia, Eslovenia y Finlandia redujeron sus emisiones del sector entre un 57% y un 72% respecto a 2005, impulsados por la estabilidad regulatoria y programas ambiciosos de rehabilitación y electrificación.
Sin embargo, ese avance del 8,5% es tres veces inferior al que debería haberse producido para cumplir los objetivos climáticos acordados hace una década. El impulso se diluyó precisamente cuando más se necesitaba.
«El impulso se está estancando», advierten los autores del informe, señalando que la construcción de edificios avanza a un ritmo mayor que la modernización de los sistemas energéticos, lo que anula las ganancias de eficiencia logradas con tanto esfuerzo regulatorio.
El dinero que falta: un abismo de 3,6 billones de dólares
La principal barrera es financiera. En 2024 se invirtieron 275.000 millones de dólares en eficiencia energética en edificios, lo que elevó la inversión acumulada desde 2015 a 2,3 billones de dólares. Una cifra que parece elevada hasta que se la confronta con la realidad: para encaminar al sector hacia la neutralidad climática antes de 2030, esa inversión acumulada debe alcanzar los 5,9 billones de dólares, el equivalente a 592.000 millones anuales. De cara a 2050, la inversión total necesaria asciende a 23,8 billones de dólares.
La brecha es de tal magnitud que el informe advierte de que el problema no es tecnológico, sino de escala y velocidad. Las soluciones ya existen: paneles fotovoltaicos integrados en fachadas y cubiertas, bombas de calor, redes de calefacción urbana, aislamiento de última generación y normativas de construcción más exigentes. El obstáculo es la lentitud con que se aplican, especialmente en las economías emergentes donde la construcción crece con más fuerza.
Renovables: la asignatura pendiente
En 2024, las energías renovables cubrieron únicamente el 17,3% de la demanda energética de los edificios a escala global. Una proporción que el informe califica de «muy por debajo» de lo necesario para avanzar hacia cero emisiones. La dependencia de los combustibles fósiles para la calefacción y la refrigeración sigue siendo estructural en buena parte del parque edificado mundial.
Crisis climática y crisis habitacional: el doble nudo
El informe llega en un momento de crisis mundial de acceso a la vivienda, y la ONU advierte de que ambas crisis no pueden abordarse por separado. Un edificio ineficiente, mal aislado y dependiente de energías caras no solo contamina más: también supone un mayor gasto para sus ocupantes y amplía la brecha entre quienes pueden permitirse una vivienda eficiente y quienes no.
El cambio climático agrava esta ecuación. Las inundaciones, las olas de calor y los fenómenos meteorológicos extremos presionan sobre el parque de viviendas más vulnerable, elevan los costes de los materiales de construcción y generan una demanda de calefacción y refrigeración que los edificios existentes no están preparados para asumir de forma eficiente.
«Abordar el cambio climático y la asequibilidad de forma conjunta genera beneficios económicos, sociales y ambientales», concluye el informe.
La oportunidad que no puede desaprovecharse
La directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen, apunta que los gobiernos tienen ante sí una «oportunidad decisiva» para actuar: la mitad de los edificios que existirán en 2050 aún no se ha construido ni renovado. Cada metro cuadrado que se levanta sin cumplir estándares de eficiencia energética es una hipoteca climática que se paga durante décadas.
La Unión Europea aparece como ejemplo parcial. Ha reducido el consumo energético de sus edificios un 18% desde 2010 mediante normativas más estrictas y políticas de rehabilitación continuadas. Pero el informe advierte de que Europa tampoco puede relajarse: el descenso del consumo no se ha traducido todavía en una caída suficiente de emisiones, y el ritmo de renovación del parque existente sigue siendo insuficiente para los objetivos de 2030.
El reloj corre. Cada semana que pasa, el mundo suma otra París de superficie construida al inventario global. La pregunta que plantea el informe es si esa nueva París se construirá para durar en un mundo habitable, o se convertirá en parte del problema.
