La startup que convierte la selva misionera en negocio rentable

La empresa argentina Nideport captó US$ 7 millones de fondos de Silicon Valley para restaurar 22.878 hectáreas de Selva Paranaense. Con créditos de carbonointeligencia artificial y drones, transformó la crisis climática en un modelo de negocio con retornos superiores al 40%.

US$7M inversión captada entre equity y deuda de impacto

22.878 hectáreas bajo restauración en Misiones

138K créditos de carbono (VCUs) ya certificados

+40% tasa de retorno declarada del proyecto

97% reducción de incendios forestales en el área

1,2M toneladas de CO₂ removidas y almacenadas

En una provincia donde la riqueza siempre se midió por lo que se extraía del monte, una empresa decidió invertir el paradigma. Nideport, una startup fundada durante la pandemia por un grupo de amigos sin trayectoria forestal, convenció a fondos de inversión ligados a Silicon Valley de apostar por la restauración de la Selva Paranaense como activo financiero. La apuesta funcionó: hoy opera con rentabilidad, tiene cerca de 30 inversores y un equipo de 32 personas.

La pregunta que originó el proyecto fue simple y contundente. Juan Núñez, abogado con formación en tecnología y seguridad, y su socio Tomás Gutiérrez, la formularon con claridad meridiana: si toda la economía global depende de los bosques, ¿por qué restaurarlos no podía ser también un gran negocio? La respuesta estaba en el mercado voluntario de créditos de carbono.

«No podíamos depender de la filantropía. Salvar la selva tenía que ser rentable, porque si no, nunca iba a escalar.»

— Juan Núñez, CEO de Nideport

En 2020, la empresa tomó posesión de un campo en San Pedro, Misiones, en la frontera con Brasil, e inició el proyecto Vida Nativa sobre 22.878 hectáreas de Bosque Atlántico degradado por décadas de tala selectiva. No era selva virgen, pero tampoco tierra perdida: territorios donde sobrevivía entre el 20% y el 30% de la biomasa original de un bosque prístino, hogar de más de 50 especies endémicas y al menos diez en peligro de extinción, incluido el yaguareté.

«La selva puede tardar entre 500 y 1.000 años en restaurarse sola. Nosotros aceleramos ese proceso.»

Tecnología al servicio del bosque

Lo que diferencia a Nideport del activismo ambiental tradicional es su arquitectura tecnológica. La empresa desarrolló una plataforma propia basada en inteligencia artificial, drones autónomos, sensores IoT e imágenes satelitales que permite monitorear grandes extensiones en tiempo real: detecta intrusiones, incendios y caza furtiva, cruza datos climáticos para anticipar la propagación del fuego y despacha aeronaves de forma autónoma. Cada árbol plantado está georreferenciado. Cada hectárea recuperada puede auditarse. Para garantizar la trazabilidad de los créditos emitidos, el sistema incorpora además tecnología blockchain.

Los resultados son verificables. Desde el inicio de las operaciones, el proyecto logró reducir los incendios forestales en un 97%, almacenar más de 1,2 millones de toneladas de CO₂ y elevar la retención hídrica en más de 30 millones de metros cúbicos anuales. También impactó positivamente en más de 1.500 personas de comunidades locales y del pueblo Mbya Guaraní.

Silicon Valley apuesta por la selva argentina

El modelo atrajo capital de primer nivel internacional. Draper Cygnus, fondo ligado a Tim Draper, inversor histórico de Tesla y SpaceX, tomó una participación del 10% en la compañía. También ingresaron Koi Ventures, Antom.la, Alma Vest y Embarca, todos vinculados a innovación climática y capital de impacto. En total, entre equity y deuda, Nideport captó cerca de siete millones de dólares.

El capital permitió certificar los créditos de carbono bajo los estándares internacionales más exigentes: Verra VCS (Verified Carbon Standard), CCB Gold Level —el máximo reconocimiento por impacto en clima, comunidad y biodiversidad— y una calificación A de Sylvera. La empresa ya emitió 138.000 créditos de carbono y proyecta superar los 450.000 durante 2026. Sus créditos se cotizan por encima de US$ 30 la unidad, superando holgadamente el promedio del mercado.

«Nuestros créditos superan los US$ 30 porque no solo compensan emisiones: también restauran la selva, protegen el agua y fortalecen comunidades.»

— Fundadores de Nideport

Primero la comunidad, después todo lo demás

Antes de plantar el primer árbol, Nideport obtuvo la aprobación de la comunidad Tekoa Alecrín, del pueblo Mbya Guaraní. Núñez es explícito al respecto: la licencia social precede a cualquier estructura gubernamental. «Lo importante para nosotros es que el cacique y la comunidad nos den su consentimiento. Eso está antes que cualquier político o estructura de gobierno, los dueños ancestrales de la tierra«, afirmó.

La comunidad forma hoy parte estructural del proyecto, junto a cooperativas locales, acceso a agua potable, mejoras habitacionales, apoyo educativo y generación de empleo local. El enfoque integral cuenta además con el respaldo técnico de Aves Argentinas.

Expansión y tensión con el Estado

El horizonte de Nideport supera ampliamente a Misiones. La empresa evalúa proyectos en Uruguay y tiene más de 2 millones de hectáreas analizadas en múltiples países, con una meta explícita: restaurar 45 millones de hectáreas hacia 2035. La restauración de un bosque, advierte Núñez, puede llevar entre 20 y 60 años. Algunos casos, siglos. El proyecto en San Pedro contempla un período de conservación de 100 años, al cabo del cual las tierras serán donadas al Estado.

Sin embargo, la expansión choca con la velocidad del aparato burocrático. Mientras el planeta pierde entre 10 y 20 millones de hectáreas de bosque por año, los marcos regulatorios argentinos para el mercado de créditos de carbono avanzan a paso de expediente. «Si tuviésemos un mercado regulado como existe en Japón, en Paraguay o en México, estaríamos en la panacea», ironizó el CEO, antes de agregar su ya célebre coletilla: «pero bueno, es la Argentina».

Respecto a la postura climática del presidente Javier Milei, Núñez fue pragmático: «El Presidente tiene su visión sobre el cambio climático; nosotros tenemos la nuestra. Así como él no lo frena a nadie, nosotros tampoco, y veremos el impacto que tiene cada uno en el tiempo

Un negocio que genera lo que la mayoría extrae

En un ecosistema emprendedor obsesionado con la escala rápida, Nideport representa una anomalía valiosa: un negocio que mide su éxito en décadas, no en trimestres. La empresa ya alcanzó rentabilidad con retornos declarados superiores al 40%, pero sus fundadores son conscientes de que la verdadera magnitud del impacto será visible mucho más tarde.

«Nosotros generamos recursos naturales donde la mayoría de los modelos se basan en extraer recursos naturales», resume Núñez. Y concluye con una honestidad poco habitual en el mundo corporativo: «Ojalá que los árboles no tuviesen que pagar por ser salvados. De alguna manera nuestro trabajo es devolver a la tierra lo que está quitando la humanidad.»