En un hito sin precedentes para las reparaciones por la esclavitud, África consigue que la ONU reconozca la trata transatlántica como uno de los mayores crímenes contra la humanidad. Esta resolución abre la vía a demandas jurídicas y económicas históricas, en un momento clave contra el negacionismo y el revisionismo global.
África ha dado un paso histórico hacia la justicia reparativa por la esclavitud. La Asamblea General de la ONU aprobó el pasado 25 de marzo de 2026, por amplia mayoría y con el impulso de Ghana, una resolución que califica la trata transatlántica y la esclavitud africana —entre los siglos XV y XIX— como “los mayores crímenes cometidos contra la humanidad”. Respaldada por 123 países, principalmente del Sur Global, la declaración no es vinculante, pero posee un enorme peso moral y político que podría allanar el camino a reparaciones jurídicas y económicas largamente reclamadas.
La resolución reafirma que estos crímenes “no prescriben” y exhorta a los Estados a impulsar procesos de justicia restaurativa. Entre las medidas concretas figuran disculpas plenas y formales, restituciones, indemnizaciones, rehabilitación y garantías de no repetición, además de la modificación de leyes y programas para combatir el racismo sistémico. También pide la restitución inmediata de bienes expoliados durante la colonización y el refuerzo de programas educativos y de memoria histórica.
Expertos consultados destacan el potencial transformador del texto. Khanya B. Motshabi, profesor de Derecho en la Universidad de Freetown (Sudáfrica) y miembro del Centro de Reparaciones de la Universidad de Free State, afirma que “pedir perdón implica el reconocimiento de la culpa y permite estar un paso más cerca de la compensación”. Según Motshabi, la resolución facilitará reclamaciones ante tribunales nacionales e internacionales y anticipa “muchas reclamaciones diplomáticas bilaterales”.
La Unión Africana (UA) ya se prepara para hacer efectiva esta oportunidad. En 2025 creó el Comité de Expertos en Reparaciones (Aucer) y el Grupo de Referencia de Expertos Jurídicos en Reparaciones (Auler) para asesorar a los países africanos. Su presidente, Mahmoud Ali Youssouf, señaló el día de la votación que África no acude a la ONU solo como peticionaria, sino “como emprendedora de normas y coautora de las reglas de la justicia global”.
El impacto económico podría ser colosal. Consultoras como Brattle Group estimaron en 2023 que las reparaciones por los daños de la esclavitud y el colonialismo ascenderían a entre 100 y 130 billones de dólares. Ejemplos recientes demuestran que no se trata de una utopía: Reino Unido pagó compensaciones a víctimas kenianas del Mau Mau, Alemania indemnizó por el genocidio en Namibia y Países Bajos creó un fondo contra el racismo heredado de su pasado colonial.
Sin embargo, el camino no está exento de obstáculos. Estados Unidos votó en contra de la resolución y la Unión Europea se abstuvo. Dentro del propio continente africano existen debates sobre si las reparaciones deben limitarse al ámbito simbólico o incluir medidas estructurales, monetarias y de restitución de tierras y objetos culturales.
Para Mamadou Diouf, profesor de Estudios Africanos en la Universidad de Columbia, esta resolución representa una ruptura fundamental: “Occidente ya no es dueño de la narrativa”. El académico subraya que el verdadero campo de batalla es el espacio político, donde “es importante permitir que todos los actores narren”. La historia, insiste, “no debe ser silenciada”.
En un contexto global marcado por el revisionismo histórico, la decisión de la ONU marca un antes y un después. África no solo reclama justicia: se posiciona como protagonista de su propio relato y de la construcción de un orden internacional más equitativo. El mundo observa. La cuenta atrás para las reparaciones por la esclavitud ha comenzado.
Este es el principal episodio histórico al que se refieren las demandas actuales de reparaciones por parte de países africanos, del Caribe (CARICOM) y organizaciones como la ONU, que reconocen la esclavitud transatlántica como un crimen de lesa humanidad con impactos duraderos en África, las Américas y la economía global. Se trata del mayor desplazamiento forzado de personas en la historia, organizado por potencias europeas (Portugal, Gran Bretaña, Francia, España, Países Bajos, entre otras) con participación de reinos y comerciantes africanos.
- Período (años)
- Comenzó a finales del siglo XV / principios del XVI (primeros envíos portugueses alrededor de 1480-1502; viajes transatlánticos regulares desde ~1514).
- Duró más de 350-400 años, hasta mediados-finales del siglo XIX (últimos viajes documentados en 1866-1873).
- Pico en el siglo XVIII (casi 3/5 del total).
- Aboliciones graduales: Gran Bretaña prohibió el comercio en 1807 y la esclavitud en 1833; Brasil (el mayor importador) en 1850-1888.
- Cantidad de personas esclavizadas
Según la base de datos más completa y aceptada internacionalmente (Slave Voyages, de Emory University y colaboradores):
- 12.521.354 africanos fueron embarcados en África (embarked).
- Aproximadamente 10,7-11 millones llegaron vivos a las Américas (desembarcados).
- Entre 1,5 y 2 millones murieron durante el “Pasaje Medio” (travesía atlántica) por enfermedades, hambre, hacinamiento y suicidios.
- Cifras totales varían ligeramente según fuentes (10-13 millones), pero Slave Voyages es la referencia académica estándar.
- Países y regiones de origen y destino
Orígenes en África (principales regiones de embarque, según Slave Voyages):
- África Centroccidental y Angola/Congo (West Central Africa): 45,5 % (mayor volumen).
- Bahía de Benín (actual Nigeria, Benín, Togo): 16 %.
- Bahía de Biafra: 12,7 %.
- Costa de Oro (Ghana): 9,7 %.
- Senegambia, Sierra Leona y otras costas de África Occidental: el resto. Los esclavizados eran capturados en guerras internas africanas o raptados y vendidos por comerciantes y reinos africanos a los europeos en la costa.
Países europeos involucrados (portadores principales): Portugal/Brasil (el mayor), Gran Bretaña, Francia, España, Países Bajos y, en menor medida, Estados Unidos y Dinamarca.
Destinos principales en las Américas (95 % en Sudamérica y Caribe):
- Brasil: ~4,8-5 millones (el destino más grande).
- Caribe (colonias británicas, francesas, españolas y holandesas): ~4 millones (Jamaica, Haití/Santo Domingo, Cuba, Barbados, etc.).
- EE.UU. y Norteamérica: ~400.000-500.000 directos (aunque muchos fueron reexportados).
- Otras colonias españolas (Nueva España, Perú, etc.).
- Tareas y trabajos forzados
Los africanos esclavizados fueron utilizados principalmente como mano de obra barata e intensiva para generar riqueza colonial:
- Plantaciones de azúcar (la tarea más dura y mortal, especialmente en Brasil y Caribe): trabajo en gangas desde el amanecer hasta el anochecer, con altas tasas de mortalidad.
- Otras plantaciones: algodón (sur de EE.UU.), tabaco, café, cacao, arroz e índigo.
- Minas: extracción de oro y plata en Brasil y colonias españolas.
- Trabajo doméstico, urbano y de infraestructura: servicio en casas, construcción de caminos, fortalezas y puertos; también en industrias derivadas (ron, textiles, seguros).
El sistema se basaba en el “comercio triangular”: Europa enviaba bienes manufacturados a África, África enviaba personas esclavizadas a América, y América enviaba materias primas (azúcar, café, algodón) de vuelta a Europa.
Este resumen se centra exclusivamente en la trata transatlántica porque es el núcleo de las demandas modernas de reparaciones jurídicas y económicas (disculpas oficiales, compensaciones, devolución de bienes, inversión en desarrollo, etc.). Fuentes primarias como Slave Voyages y estudios de Britannica, EJI y ONU confirman estos datos.
