El Golfo San Matías, hogar de las ballenas francas, en peligro mortal por el avance petrolero de YPF y Vaca Muerta

En las costas de la Patagonia argentina, el Golfo San Matías se ha convertido en el epicentro de una batalla ambiental crucial. Comunidades locales, pescadores artesanales y organizaciones ecologistas luchan contra la reforma de la ley de protección que abre la puerta a megaproyectos de exploración petrolera y gasífera, impulsados por YPF, Vaca Muerta y multinacionales. Este paraíso natural, hogar de ballenas francas australes y pingüinos de Magallanes, enfrenta una amenaza existencial que podría cambiar para siempre su ecosistema único y el futuro de miles de familias costeras.

Con casi 20.000 kilómetros cuadrados de superficie, el Golfo San Matías es el segundo golfo más grande del país y un ecosistema único en el Atlántico Sur, declarado en situación crítica por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Sus aguas albergan especies endémicas como el pulpo tehuelche, delfines y la emblemática ballena franca austral, además de sustentar el turismo y la pesca artesanal que han definido la identidad de balnearios como Las Grutas y San Antonio Oeste.

Todo cambió en 2022 con la reforma de la Ley 3308, aprobada en 1999 gracias al impulso de vecinas como la bióloga marina Raquel Perrier. Aquella norma prohibía tajantemente la exploración y explotación de hidrocarburos en la zona. La modificación, impulsada con la participación activa de YPF, fue calificada como “inconstitucional” por Perrier y violatoria del principio de no regresión y del Acuerdo de Escazú, según Ariel Slipak, director del área de investigación de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN).

La reforma abrió paso a tres megaproyectos que hoy movilizan a las comunidades: el Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), un oleoducto de más de 600 kilómetros impulsado por YPF, Pan American Energy y Chevron para exportar crudo desde la formación neuquina hasta Sierra Grande; Southern Energy, con buques de licuefacción de gas frente al Fuerte Argentino; y Argentina LNG, que prevé unidades flotantes a solo siete kilómetros de la costa.

Los impactos son profundos. Las 50 familias pulperas más antiguas de San Antonio Oeste, que desde hace más de un siglo viven de la extracción artesanal del pulpo tehuelche, temen perder sus zonas históricas de pesca. Héctor Molina, con 55 años y cuatro décadas dedicadas al mar, lo resume sin rodeos: “Esto tiene de nosotros toda la vida… No tenemos otro recurso”.

Más allá de la economía local, los proyectos amenazan la salud pública y el clima. Los buques liberan metano, un gas con potencial de calentamiento global 80 veces superior al dióxido de carbono, y podrían incrementar las emisiones fugitivas un 83 % para 2030. Modelos científicos advierten que cualquier derrame de crudo se dispersaría rápidamente por las intensas corrientes del golfo.

Las comunidades mapuche-tehuelche denuncian, además, la ausencia total de consulta previa, libre e informada. Organizaciones como la Multisectorial Golfo San Matías y la Red de Comunidades Costeras han protagonizado audiencias públicas marcadas por vallas de tres metros, fuerte presencia policial y restricciones de acceso que, según los activistas, violan el derecho a la participación. Fabricio Di Giacomo, integrante de la Multisectorial e hijo de Raquel Perrier, describe las reuniones como “un operativo de seguridad desproporcionado”.

La defensa del territorio ya trasciende lo local. En octubre de 2025, la UICN aprobó una moción que insta a Argentina y a la provincia de Río Negro a revertir cualquier normativa que haya reducido la protección del golfo y a restablecer la Ley 3308. Acciones judiciales presentadas por la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas y la FARN buscan frenar el avance de Southern Energy.

“Lo que nace del territorio, nace de nosotros”, afirma Cecilia Salcedo, docente y miembro de la Asamblea por el Agua y la Tierra de Las Grutas. Para estas comunidades costeras, la lucha no es solo por un ecosistema: es por preservar su historia, su economía regional y un futuro sostenible frente al extractivismo fósil.

Mientras las empresas no han respondido a los pedidos de información, las voces del Golfo San Matías resuenan con fuerza. En un momento clave para la transición energética global, esta resistencia patagónica se erige como símbolo de la defensa del “buen vivir” y de la convivencia armónica con el mar. El resultado de esta batalla definirá no solo el destino de uno de los tesoros naturales de Argentina, sino el rumbo de un modelo de desarrollo que aún elige entre fósiles y futuro.