Crisis de basura en calles de Buenos Aires: el Gobierno porteño intensifica la presión sobre las empresas de recolección ante quejas vecinales por esquinas colapsadas y olores insoportables en barrios clave de CABA.
En medio de una creciente molestia vecinal por la basura acumulada en veredas y esquinas, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires decidió pasar a la ofensiva. Jorge Macri trasladó el área de higiene urbana a la jefatura de Gabinete y designó a Matías Lanusse como secretario para tener un control directo y exigir resultados concretos a las empresas de recolección.
El problema es visible a simple vista en barrios como Almagro, Balvanera, Villa Crespo y San Telmo. Contenedores antivandálicos repletos, bolsas abiertas, residuos diseminados y un olor fuerte a comida podrida y orina se repiten en esquinas que antes se mantenían limpias. La situación genera proliferación de ratas, quejas diarias y hasta el uso indebido de los contenedores como baños a cielo abierto.
Según fuentes oficiales, las falencias son claras: los camiones de recolección nocturna no barren los residuos que se esparcen alrededor de los contenedores, pese a que cada vehículo debe contar con un ayudante para esa tarea. Además, falta el barrido matutino en cordones y cazuelas de árboles, y los supervisores de las empresas no cumplen con el control del 80 % de las tareas que establece el pliego.
“No me voy a hacer el distraído. Mejoramos, pero la Ciudad no está todavía tan limpia como quisiéramos”, reconoció el propio Jorge Macri el 1° de marzo en la apertura de sesiones de la Legislatura porteña.
Vecinos consultados coinciden en el diagnóstico. En Rivadavia y Pringles (Almagro), Luis Robles señala: “Esto es normal, lo vemos seguido. Tenemos que controlar que los perros no se coman la comida de la basura porque dejan las bolsas abiertas”. En Sarmiento y Uriburu (Balvanera), Antonio Sosa advierte que “cuando llega el invierno suelen verse mucho más estas situaciones” y que los recolectores informales buscan verduras y frutas cerca de verdulerías.
En Avenida Corrientes y Gurruchaga (Villa Crespo), una vecina describe el panorama como “un asco”: bolsas abiertas y comida tirada a toda hora. Y en Caseros y Bolívar (San Telmo), el olor a pescado podrido se mezcla con la presencia de ratas.
La Ciudad de Buenos Aires exige ahora que las empresas cumplan estrictamente con la recolección, el barrido y la supervisión. La medida busca recuperar la limpieza que los porteños reclaman y que, según el propio Gobierno, aún no alcanza el nivel deseado.
Mientras tanto, las esquinas más complicadas siguen siendo el termómetro de una crisis de basura que el Ejecutivo porteño ya no tolera. Los vecinos esperan resultados concretos: calles y veredas limpias, sin montañas de residuos ni olores que invaden la ciudad.
