El deshielo antártico podría inundar el mundo

Científicos de Cambridge confirmaron con datos reales que aguas cálidas profundas avanzan hacia la Antártida, derritiendo el hielo desde abajo. Un colapso masivo podría elevar el nivel del mar hasta 58 metros y sumir bajo el océano a las principales ciudades costeras del planeta.

La alarma ya no proviene de modelos matemáticos ni de proyecciones teóricas: el deshielo antártico acelerado es un fenómeno en curso, documentado por primera vez con observaciones directas. Así lo establece un estudio publicado en la revista Communications Earth & Environment, liderado por la Universidad de Cambridge en colaboración con la Universidad de California (UCLA), que reconstruyó cuatro décadas de datos oceánicos para confirmar que una masa de agua cálida conocida como «agua profunda circumpolar» se expande y avanza hacia la plataforma continental antártica, erosionando las estructuras de hielo desde su base.

Durante cuarenta años, el equipo internacional recopiló mediciones mediante barcos y boyas autónomas, logrando establecer cómo el calentamiento global está alterando las corrientes del Océano Austral y permitiendo que esa masa oceánica cálida se aproxime peligrosamente a la región antártica, debilitando la protección natural de las plataformas de hielo.

La advertencia que lo cambia todo

Joshua Lanham, autor principal del estudio en Cambridge Earth Sciences, fue categórico: el agua caliente «puede filtrarse por debajo de las plataformas de hielo antárticas, derritiéndolas desde abajo y desestabilizándolas». Y remarcó que, aunque los modelos climáticos anticipaban este escenario, «ahora podemos ver que ya está surgiendo en las observaciones».

Las plataformas de hielo no son simples masas flotantes: son los frenos naturales que impiden que glaciares y capas interiores del continente se deslicen hacia el océano. En conjunto, retienen suficiente agua dulce como para elevar el nivel del mar global en 58 metros, según destacó la propia Universidad de Cambridge en el resumen del trabajo. Un escenario así significaría la desaparición de ciudades como Buenos Aires, Tokio, Nueva York, Hamburgo o Shanghái bajo las aguas.

El grifo del calor oceánico

La profesora Sarah Purkey, de la Institución Scripps de Oceanografía, describió el fenómeno con una imagen que resulta tan precisa como inquietante: la situación es «como si alguien hubiera abierto el grifo del agua caliente» bajo estas plataformas. La metáfora refleja un mecanismo preciso: en las aguas polares se forma agua extremadamente fría y densa que se hunde hacia las profundidades del océano, absorbiendo calor, carbono y nutrientes, y poniendo en marcha una red global de corrientes. Hoy, ese mecanismo de protección está fallando.

La investigación combinó registros históricos de barcos con datos recientes de la red de boyas Argo, aplicando además aprendizaje automático para construir un registro mensual que abarca cuatro décadas. Esta metodología permitió identificar la entrada de calor en zonas del Océano Austral que antes se consideraban aisladas.

Un riesgo que ya no es hipótesis

El IPCC, el organismo científico que asesora a las Naciones Unidas en materia de cambio climático, había anticipado que el aumento de temperaturas reduciría la formación de aguas densas en el Atlántico Norte y en la Antártida. El debilitamiento de la circulación de vuelco meridional del Atlántico (AMOC) ya es observable en ambos hemisferios, y Lanham advirtió que las consecuencias alcanzan al «ciclo global de carbono, nutrientes y calor».

Lo que este estudio agrega es decisivo: ya no se trata de proyecciones. Los investigadores confirmaron con observaciones directas que el proceso está en marcha y que la suba del nivel del mar podría ser inminente si las condiciones actuales se mantienen.

La crisis climática tiene, desde esta semana, un nuevo dato concreto para dimensionar su alcance: el agua que podría borrar del mapa a las ciudades costeras del mundo ya empezó a moverse.