Monos de laboratorio atrapados en un sótano porteño: la historia detrás del último bioterio de Argentina

Siete macacos del CEMIC en Saavedra aguardan desde 2021 un traslado que no llega. El caso está judicializado y organizaciones internacionales de bienestar animal presionan para evitar que mueran en cautiverio.

En el subsuelo de un edificio del barrio porteño de Saavedra, siete macacos viven encerrados en jaulas de apenas 60x70x90 centímetros, sin luz natural, durmiendo sobre barrotes de hierro, sin poder pararse erguidos ni darse vuelta con comodidad. No son animales abandonados. Son los últimos sobrevivientes del que fuera el único bioterio de experimentación con primates de la Argentina, dependiente del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (CEMIC) y del Conicet. El lugar cerró en 2021. Ellos siguen adentro.

Sus nombres son Raquel, Carmencita, Linda, Juancito, Arturo, Felipe y Maco. Tienen entre 11 y 33 años. Algunos llevan implantes dentales —colocados por un odontólogo que los usó como sujetos de prueba—, otros fueron sometidos a lecturas hormonales extrapoladas a humanos. Las hembras más viejas fueron capturadas directamente en la naturaleza. Ninguno de ellos conoció jamás la luz del sol.

Tres años de demoras, quince muertes

Cuando la situación salió a la luz pública, los primates eran 74: una mezcla de macacos y monos cai. Lo que siguió fue una cadena de negligencia institucional, disputas judiciales y traslados frustrados. Al menos quince ejemplares murieron durante la espera, por vejez y por las condiciones de encierro, mientras el CEMIC resistía hacerse cargo del financiamiento del operativo de reubicación.

En enero de 2025, con fondos aportados por organizaciones holandesas y coordinado por la operadora de fauna Natasia Winter, 41 monos cai fueron trasladados al Hidden Forest Sanctuary en Sudáfrica. El destino generó polémica: los cai son una especie autóctona de Argentina, y existían ofertas de instituciones nacionales para recibirlos. Aun así, cruzaron el Atlántico.

Los ocho macacos restantes tenían reservado un destino diferente: Israel. El traslado se inició, pero colapsó en el aeropuerto de Frankfurt durante una escala, en pleno conflicto bélico. Los animales pasaron una noche en las cajas de transporte bajo condiciones de alto estrés y regresaron al mismo sótano del que habían partido. Desde entonces, y tras la muerte de uno más, son siete.

La espera judicial y una solución al alcance de la mano

El caso está en manos de la Unidad Fiscal Especializada en Medio Ambiente (UFEMA). Fuentes de ese organismo reconocieron que las circunstancias que frustraron el traslado a Israel —la guerra— fueron ajenas a todas las partes, y confirmaron que el CEMIC está comprometido en encontrar un nuevo destino para los animales. Las cajas utilizadas en el intento fallido siguen en el sótano, listas para ser usadas.

Desde la querella, la abogada Victoria González Silvano, de Proyecto Gran Simio España, informó que ya existe un espacio concreto al que los macacos podrían ser trasladados. «Allí aprenderán, dentro de lo que sea posible, a vivir como monos, junto a un equipo de personas que dirigirá el proceso de adaptación», explicó. Y advirtió: «Si bien jamás podrán volver a estar en libertad, es muy importante que esto se haga lo antes posible o se irán muriendo. La mayoría son viejos.»

Agustín Languasco, secretario del Consejo de Administración del CEMIC, defendió la gestión institucional y aseguró que los animales enviados a Sudáfrica «se encuentran perfectamente». Reconoció, sin embargo, que «la desactivación de un bioterio de este nivel es muy complicada» y que existe «poca experiencia internacional y ninguna experiencia nacional» para este tipo de operativos.

Una especie amenazada usada como herramienta

El macaco cangrejero (Macaca fascicularis), especie a la que pertenecen los siete cautivos, es clasificado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como amenazado en varias regiones del planeta. Pese a ello, sigue siendo el primate no humano más utilizado en estudios regulatorios para la aprobación de fármacos. En el mundo científico, su uso en laboratorios se masificó en los años cincuenta y sesenta por su tamaño manejable y su similitud fisiológica con los humanos.

La experimentación con chimpancés —parientes más cercanos del ser humano, con quienes compartimos el 98,9% del ADN— fue prohibida a nivel global gracias al trabajo de la primatóloga Jane Goodall. Los macacos, en cambio, permanecen en una zona gris legal que los deja a merced de los bioterios.

Lo que falta es decisión

Las cajas están. El espacio receptor existe. El expediente judicial avanza. Y Raquel, Carmencita y Linda —que tal vez nunca se hayan sentado sobre pasto— siguen esperando en un sótano sin ventanas que alguien firme una orden de traslado.

El único obstáculo que resta es el mismo que frenó el proceso desde el principio: la voluntad de actuar.