“No es cuestión de si va a fallar, sino de cuándo”: el muro fronterizo de Trump en el Río Grande pone en riesgo el agua potable de 15 millones de personas en Texas y México.
La administración de Donald Trump acelera el controvertido Operation River Wall, un proyecto que incluye 173 kilómetros de muro de acero y 246 kilómetros de boyas flotantes en el cauce del Río Grande. Expertos e ingenieros advierten que esta barrera no solo divide fronteras: actúa como una “chaqueta de fuerza” que altera el flujo natural del río, concentra sedimentos y multiplica el riesgo de inundaciones y contaminación. El resultado, alertan, podría ser una crisis hídrica sin precedentes.
El Río Grande —o Bravo— es la única fuente de agua potable para millones de habitantes a ambos lados de la frontera. Sin embargo, las boyas de plástico ya instaladas obstruyen hasta el 8 % del cauce, atrapan árboles, basura y sedimentos, y liberan microplásticos vinculados al cáncer y al daño orgánico. “Cualquier movimiento de sedimento en el río afecta la calidad del agua aguas abajo. Toda la región usa esa agua para beber”, explicó la geomorfóloga fluvial Adriana Martínez, de la Universidad de Southern Illinois.
El ingeniero civil y geomorfólogo Mark Tompkins fue tajante: “No es cuestión de si va a fallar. Es cuestión de cuándo. El problema es que no sabemos dónde ocurrirá, creando esta enorme vulnerabilidad. Esto es realmente sin precedentes en mi experiencia”.
Residentes texanos en pie de guerra
Decenas de familias del sur de Texas ya presentaron demandas contra las expropiaciones. En San Ygnacio, condado de Zapata, la activista ambiental Elsa Hull lucha por su propiedad, un santuario de aves con 150 especies amenazadas. “Incluso si mi casa se salva, viviré bajo la sombra de un muro. Mi privacidad quedaría destruida con todas las cámaras y sensores vigilando cada uno de mis movimientos. Nunca me sentiría segura de nuevo”, denunció.
En Laredo, el abogado Ricardo De Anda representa a una metrópolis de 800.000 habitantes que ve cómo el río —su única fuente de agua— se convierte en un peligro. “Cuando uno se pone en contra de la naturaleza, la naturaleza siempre gana”, afirmó. “Aunque nos hayan quitado las leyes que se usan en tiempos modernos para proteger la salud pública, no pudieron quitarnos nuestros derechos constitucionales”.
Financiamiento millonario y exenciones ambientales
El proyecto cuenta con 46.500 millones de dólares aprobados en la reforma fiscal de 2025. En julio y diciembre pasados, el Departamento de Seguridad Nacional firmó exenciones que suspendieron más de 30 leyes federales de protección ambiental y de agua en un tramo de 160 kilómetros entre Brownsville y Rio Grande City. No se realizaron estudios de impacto previos.
El director de Ciencias de la Cuenca del Centro Internacional de Estudios del Río Grande, Martín Castro, alertó sobre la sequía crónica: “Si la región continúa sin recibir suficiente lluvia para reponer los niveles de las presas, vamos a tener situaciones como la que vimos en Monterrey en 2022. Eso puede pasar aquí en Laredo”.
Un informe de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de septiembre de 2023 ya documentó cómo la primera fase del muro (2017-2021) provocó erosión severa e interrumpió el flujo natural. Ahora, con el Operation River Wall en marcha, los riesgos se multiplican: obstrucción de puentes internacionales, colapso de plantas tratadoras de agua y daños irreversibles en el Valle del Río Grande, zona agrícola clave para Estados Unidos, Canadá y México.
“Comunidades de segunda clase”
Mientras el número de arrestos fronterizos registra mínimos históricos, las comunidades locales se sienten ignoradas. “Nomás lo hacen en una región específica, que es la frontera con México”, criticó Castro. Los residentes no solo enfrentan la pérdida de propiedades y privacidad: enfrentan la amenaza real de quedarse sin agua en una región ya castigada por la sequía.
El muro fronterizo de Trump en el Río Grande ya no es solo una promesa electoral. Es una bomba de tiempo hídrica cuyo detonador, según los expertos, solo es cuestión de tiempo. La pregunta ya no es si fallará. La pregunta es cuántos millones de personas pagarán el precio cuando ocurra.
