España puede ser 100% renovable en 2040, una década antes que Europa

Un informe científico encargado por Greenpeace demuestra que la Península Ibérica tiene el potencial solar y eólico para alcanzar emisiones netas cero diez años antes que el resto de la Unión Europea, sin energía nuclear ni combustibles fósiles, y con un ahorro de 25.000 millones de euros anuales.

España y Portugal tienen en sus manos una oportunidad histórica: convertirse en los primeros países de Europa en alcanzar un sistema energético 100% renovable, y hacerlo con una ventaja de diez años sobre el resto del continente. Esa es la conclusión central del informe Energía para vivir mejor, elaborado por el Institute for Sustainable Futures de la Universidad Tecnológica de Sídney (UTS-ISF) por encargo de Greenpeace España y Portugal.

El estudio, presentado esta semana en coincidencia con los preparativos de la Cumbre de Santa Marta en Colombia, establece que la transición energética completa de la Península Ibérica es viable para 2040, frente al horizonte de 2050 que maneja la Unión Europea. Para lograrlo, el modelo propone tres pilares: suficiencia, eficiencia y energías renovables, sin recurrir a la energía nuclear ni a sistemas artificiales de captura de carbono.

Las cifras que sostienen la apuesta

El análisis técnico concluye que el 100% de la demanda de la Península Ibérica puede cubrirse con una combinación de 314 gigavatios de capacidad renovable y 82 gigavatios de almacenamiento. Para dimensionar esa cifra: el potencial conjunto de energía solar y eólica en la Península supera en más de diez veces la demanda energética prevista para 2050, sin incluir una sola hectárea de suelo agrícola útil ni espacios naturales protegidos.

El modelo generaría un ahorro de 25.000 millones de euros anuales en España en inversiones para generación de electricidad, calor y combustibles. Ese dato cobra especial relevancia si se considera que, solo durante los doce meses de 2025, España gastó más de 50.000 millones de euros en importaciones de gas y petróleo.

Menos energía, mejor vida

El informe no propone simplemente sustituir unas fuentes de energía por otras. Su enfoque más disruptivo es la reducción de la demanda energética. El modelo reduciría el uso de energía un 39% respecto al consumo actual para 2040, cubriendo el 100% de esa demanda reducida con renovables.

Las reducciones proyectadas por sectores son contundentes: hasta un 72% en el transporte, un 12% en la industria y un 25% en edificación, respecto a los niveles actuales. La clave no es el sacrificio, sino la suficiencia: proveer los mismos servicios esenciales consumiendo menos recursos y eliminando el derroche.

La hoja de ruta prevé el abandono del carbón en 2030, de la energía nuclear en 2035 y de los combustibles fósiles en torno a 2040, con el objetivo de alcanzar emisiones netas nulas en ese mismo horizonte temporal.

El contexto geopolítico acelera la urgencia

El informe llega en un momento en que la dependencia de los combustibles fósiles importados vuelve a poner en jaque a las economías europeas. Desde 2019, España ha duplicado su capacidad eólica y solar, añadiendo más de 40 gigavatios, más que cualquier otro país de la UE salvo Alemania. Ese avance ya tiene consecuencias concretas: en agosto de 2025, España no utilizó ninguna central de carbón, un contraste radical con apenas una década antes, cuando el carbón representaba una cuarta parte de la generación eléctrica del país.

Sin embargo, para Greenpeace ese progreso es insuficiente frente a la urgencia climática. Eva Saldaña, directora ejecutiva de Greenpeace España y Portugal, fue tajante al presentar el informe: las guerras actuales solo refuerzan las advertencias de la emergencia climática, y un sistema 100% renovable es la única garantía de bienestar y seguridad, tanto climática como geopolítica, para las generaciones futuras.

Un plan con nombre propio: el Contrato Social Verde

Greenpeace no se limita a los datos técnicos. La organización exige a los gobiernos la firma de un Contrato Social Verde que reoriente las políticas públicas y los presupuestos hacia el bienestar y la sostenibilidad. Entre sus medidas centrales: un plan de salida de los combustibles fósiles para 2040 que sea beneficioso para toda la ciudadanía, que multiplique por tres la capacidad de renovables y del autoconsumo, y que mantenga el actual calendario de cierre de las centrales nucleares en España, de 2027 a 2035.

Sven Teske, profesor del UTS-ISF y principal autor del estudio, subrayó que la transición es «rentable, técnicamente viable y potenciaría la creación de valor local», y que una decisión política audaz garantizaría la seguridad del suministro y una ventaja económica para la próxima generación.

El reloj climático corre. Y según este informe, España no solo tiene el potencial para liderarlo sino que, si actúa ahora, puede convertirse en la prueba de que vivir mejor y emitir menos no son objetivos contradictorios.