Chile convierte residuos mineros en minerales críticos

Chile posee 836 depósitos de relaves mineros con más de 13.000 millones de toneladas de residuos que contienen minerales críticos como cobalto, tierras raras y germanio. La minería circular y la economía circular minera apuntan a convertir esos pasivos ambientales en una nueva fuente de suministro estratégico para la transición energética, los vehículos eléctricos y las tecnologías limpias.

Durante décadas, los relaves fueron la cara más incómoda de la minería chilena: montañas de lodo grisáceo, pasivos ambientales que nadie quería mirar de frente. Hoy, la mirada cambió. Lo que antes era el símbolo del descarte industrial se perfila como una de las mayores reservas no explotadas de minerales estratégicos del hemisferio sur, en un momento en que el mundo compite a toda velocidad por asegurarse el suministro de los recursos que alimentarán la economía verde del siglo XXI.

El Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) registra 836 depósitos de relaves a lo largo del territorio nacional, con una acumulación que supera los 13.367 millones de toneladas, concentrados principalmente en las regiones de Atacama y Coquimbo. El catastro geoquímico de 2023 reveló algo que durante décadas pasó inadvertido: en esos depósitos conviven cobre, molibdeno, zinc, plata y oro con elementos de tierras raras y minerales de alta tecnología como escandio, itrio, niobio, tántalo, germanio e indio. La razón de su presencia es histórica: durante la mayor parte del siglo XX, los procesos de concentración priorizaron únicamente el cobre y el molibdeno, dejando el resto como residuo.

La Corporación de Fomento de la Producción (Corfo) ya tomó posición. A través de su programa «Desafíos de I+D para el Desarrollo Productivo Sostenible», adjudicó recientemente tres proyectos orientados a la recuperación eficiente de cobalto y tierras raras desde relaves y desechos mineros. Según las proyecciones de la institución, más de 1.000 millones de toneladas de relaves chilenos contienen estos elementos en concentraciones económicamente relevantes, lo que podría diversificar radicalmente la oferta nacional de minerales estratégicos. Los estudios estiman que el potencial de recuperación permitiría producir hasta 15.000 toneladas anuales de cobalto, con posibilidades de escalar si se integran procesos de minería primaria.

La Universidad de Atacama fue más lejos todavía. Un proyecto impulsado en esa casa de estudios demostró que los relaves no solo contienen minerales remanentes de valor económico, sino que además pueden reutilizarse como insumos para la industria de la construcción: validaron su uso como reemplazo de áridos y componentes de cemento sin alterar las propiedades mecánicas de los productos finales. En paralelo, la Empresa Nacional de Minería (Enami) avanza en el desarrollo de una planta piloto en Taltal —en conjunto con JRI Ingeniería— para recuperar hierro, cobre y tierras raras desde los relaves de la planta José Antonio Moreno.

El panorama regulatorio, sin embargo, sigue siendo un cuello de botella. Hoy, evaluar la viabilidad de un depósito de relaves exige prácticamente los mismos permisos ambientales y mineros que la apertura de un yacimiento nuevo, lo que desalienta la inversión en proyectos de reprocesamiento, especialmente para la pequeña y mediana minería. Las propuestas en discusión buscan diferenciar entre depósitos de acumulación y de extracción, y dotar a Sernageomin de mayores atribuciones para fiscalizar y gestionar riesgos. La Política Nacional Minera 2050 fijó como meta que hacia 2030 no existan relaves críticos en el país.

Los desafíos ambientales tampoco son menores. El reprocesamiento de relaves requiere grandes volúmenes de agua y altos consumos energéticos, especialmente problemáticos en zonas áridas como el desierto de Atacama. Un estudio publicado en 2024 advirtió sobre el posible aumento en el consumo hídrico y la liberación de sustancias peligrosas si no se aplican estándares estrictos de monitoreo. Comunidades locales y organizaciones ambientalistas mantienen una vigilancia activa sobre el avance de estos proyectos, exigiendo que la promesa de minería sostenible no quede en una declaración de intenciones.

En enero de 2026, el presidente Gabriel Boric recibió la Estrategia Nacional de Minerales Críticos (ENMC), elaborada con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo. El documento clasifica 14 minerales en tres grupos según la posición de Chile en el mercado global e identifica el cobalto y las tierras raras como oportunidades de diversificación urgentes. La ministra de Minería, Aurora Williams, describió el propósito con claridad: transformar a Chile en «un socio confiable y un productor responsable» de los minerales que el mundo necesitará para descarbonizarse. Lo que queda por resolver es si el país logrará convertir esa declaración en cadenas productivas reales antes de que la ventana estratégica se cierre.