La escalada de las protestas antigubernamentales en Irán ha dejado al menos 648 fallecidos y más de 2.300 detenidos, según activistas de derechos humanos, en solo dos semanas de manifestaciones que comenzaron por el derrumbe económico y derivaron en reclamos contra el poder supremo del ayatolá Alí Jamenei, con el régimen implementando cortes totales de internet para aislar a la población.
El colapso del rial iraní, que alcanzó un mínimo histórico de 1,42 millones de unidades por dólar estadounidense, desató una ola de protestas masivas que rápidamente se transformaron en un desafío directo al gobierno de Irán, una república islámica teocrática donde el líder supremo ayatolá Alí Jamenei ostenta el poder absoluto sobre las instituciones, incluyendo el control de las fuerzas armadas y la judicatura. El presidente Masoud Pezeshkian, electo en julio de 2025 como reformista moderado, ha intentado mediar en la crisis económica, reuniéndose con líderes empresariales el 30 de diciembre para prometer soluciones, pero su autoridad está subordinada a Jamenei. Otros funcionarios clave incluyen al ex presidente del Banco Central, Mohammad Reza Farzin, quien dimitió el 29 de diciembre ante el caos monetario, siendo reemplazado por Abdolnasser Hemmati el 31 de diciembre, y al fiscal general Mohammad Movahedi Azad, quien ha amenazado con severas penas a los manifestantes.
Lo que inició como manifestaciones contra el aumento de precios de la gasolina subsidiada y la inflación descontrolada se convirtió en un grito nacional contra la corrupción, la pobreza y la represión del régimen iraní. Las protestas en Irán estallaron el 28 de diciembre de 2025 en dos mercados centrales de Teherán, impulsadas por el desplome monetario y el encarecimiento de alimentos básicos. En cuestión de días, se extendieron a más de 280 localidades en 27 de las 31 provincias del país, incluyendo ciudades como Azna, Fasa y localidades en Isfahán y Lorestán.
La cronología de la escalada revela una rápida radicalización. El 29 de diciembre, la policía dispersó a manifestantes con gas lacrimógeno mientras Farzin presentaba su renuncia. Al 31 de diciembre, en Fasa, una multitud irrumpió en la oficina del gobernador, hiriendo a agentes. El 1 de enero de 2026 se registraron las primeras muertes: al menos siete personas cayeron bajo balas en Azna, donde videos mostraron enfrentamientos con objetos en llamas y disparos de fuerzas de seguridad.
El 3 de enero, el líder supremo ayatolá Alí Jamenei ordenó “poner en su lugar” a los “alborotadores”, lo que desencadenó una represión brutal. Para el 6 de enero, las manifestaciones alcanzaron 280 localidades y el saldo de muertos subió a 36, incluyendo dos miembros de las fuerzas de seguridad. El régimen no solo recurrió a disparos directos y gas lacrimógeno, sino también a detenciones masivas –con más de 580 arrestos reportados por HRANA al 3 de enero, escalando a 2.300 al 9 de enero– y amenazas de pena de muerte por “enemistad contra Dios”, como advirtió el fiscal general el 10 de enero.
Entre las otras medidas represivas para frenar al pueblo, el régimen impuso cortes totales de internet y bloqueó llamadas internacionales el 8 de enero, manteniendo el apagón por más de 100 horas hasta el 11 de enero, con el objetivo de aislar a los 85 millones de habitantes y prevenir la difusión de información sobre las protestas, especialmente tras llamados nocturnos inspirados por figuras en el exilio como el príncipe heredero. Aunque las llamadas internacionales se restablecieron parcialmente, el corte de internet persistió para contrarrestar supuestas influencias extranjeras. Además, el gobierno respondió a sentadas pacíficas, como la del Gran Bazar de Teherán el 6 de enero, con dispersión violenta, y ha calificado a los participantes como “enemigos de Dios” para justificar ejecuciones sumarias.
Organizaciones como Human Rights Watch denunciaron una “emergencia de derechos humanos” y pidieron intervención urgente del Consejo de Seguridad de la ONU. El impacto internacional no se hizo esperar. El expresidente estadounidense Donald Trump amenazó con “acciones decisivas” si continuaban las matanzas y reveló que Irán habría propuesto negociaciones tras sus advertencias. Las protestas en Irán 2026 continúan latentes pese a la feroz represión, evidenciando el profundo malestar social por la crisis económica y el autoritarismo del régimen.
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