En el corazón de la devastadora crisis humanitaria en la Franja de Gaza, donde el conflicto ha dejado un rastro de destrucción y sufrimiento, Sonia Silva, la responsable mexicana de UNICEF en el territorio, lanza una advertencia urgente: uno de cada cinco bebés nace desnutrido, un indicador alarmante de la catástrofe que azota a la infancia palestina. Esta revelación, en medio de bombardeos que han cobrado la vida de más de 20.000 niños desde octubre de 2023, subraya la necesidad inmediata de acción global para combatir la desnutrición infantil en Gaza, la ayuda humanitaria UNICEF y la protección de los niños en zonas de conflicto.
Sonia Silva, de 47 años y al frente de la oficina de UNICEF en Gaza desde noviembre de 2023, describe un panorama desolador desde su base en Deir el Balah. "Aquí no hay ninguna normalidad", afirma en una entrevista exclusiva, donde detalla cómo el acceso a zonas críticas, como plantas de tratamiento de agua, se ve obstaculizado por permisos israelíes y la expansión de la llamada "zona amarilla" controlada por tropas. A pesar de la frustración diaria y la impotencia ante el colapso humanitario, Silva encuentra motivación en gestos simples: una sonrisa de un niño o un agradecimiento de la población local, que la impulsan a persistir en su misión de proteger a la infancia más vulnerable.
La situación de los niños en Gaza es inimaginable. Más de 56.000 menores han perdido a uno o ambos progenitores, convirtiéndose en huérfanos en un territorio sin escuelas funcionales ni espacios seguros. Todos requieren asistencia psicológica urgente, ya que han presenciado horrores que ningún infante debería enfrentar. En una consulta realizada por UNICEF con más de 1.700 niños de toda la Franja, sus prioridades emergen claras: sentirse seguros y no revivir el terror de los últimos dos años; regresar a la educación, ya que el 60% no ha accedido a ningún aprendizaje desde octubre de 2023; y garantizar salud, alimentación y agua potable. Además, anhelan abandonar las precarias tiendas de campaña, especialmente tras las recientes lluvias e inundaciones que han agravado su precariedad.
UNICEF, en colaboración con el ministerio palestino de Educación, ha impulsado la creación de 450 espacios temporales de aprendizaje, beneficiando actualmente a 130.000 niños con el objetivo de alcanzar los 300.000. Estos centros, improvisados en tiendas o refugios, no solo imparten conocimiento, sino que devuelven un sentido de dignidad a los menores. Desde el alto el fuego, la organización ha logrado ingresar 2.300 camiones con suministros esenciales: nutrientes, ropa de invierno, materiales para saneamiento y, por primera vez en dos años, kits recreativos y escolares. Sin embargo, obstáculos persisten: Israel bloquea items de "doble uso", como generadores y tuberías, complicando la respuesta humanitaria.
El trauma psicológico es omnipresente. Silva relata cómo los niños necesitan "volver a ser niños", liberados del miedo constante y la incertidumbre sobre el futuro. En el frente de la salud, operan 200 puntos de atención médica para mujeres embarazadas y recién nacidos, pero la realidad es cruda: muchas madres llegan anémicas, sin vitaminas ni cuidados prenatales, resultando en bebés desnutridos. "Es un conflicto complicado, pero no hay que olvidar que las grandes víctimas han sido los niños y niñas", enfatiza Silva, quien urge al mundo a no "pasar página" ante esta crisis, eclipsada por otros conflictos globales.
Entre momentos de profunda frustración –como la muerte de un niño de nueve años que perdió brazos, piernas y familia en un bombardeo– y destellos de esperanza –como reencuentros familiares tras separaciones forzadas–, Silva reflexiona: "Todos los que hemos trabajado en Gaza en este tiempo somos conscientes de que nos ha cambiado la vida". Su llamado es claro: la comunidad internacional debe actuar con urgencia para restaurar la infancia robada en la Franja.