Un milagro de conservación: regreso triunfal del oso pardo al norte de España

Diversidad

El oso pardo ha consolidado su presencia en el norte de España después de más de 150 años de ausencia, señalando un ecosistema en óptimo estado de conservación. Este retorno, documentado en regiones como La Cabrera en León y La Carballeda en Zamora, no solo representa una victoria para la biodiversidad, sino también una oportunidad dorada para el turismo sostenible, atrayendo visitantes en busca de experiencias únicas con la naturaleza ibérica.

El estudio, publicado en las revistas Quercus y Actualidad Jurídica Ambiental, recopila 85 citas confirmadas de oso pardo entre 2012 y 2025 en territorios donde no se registraban huellas modernas. Investigadores como Carlos Javier Durá Alemañ, del CSIC, destacan que esta expansión se ha afianzado en enclaves como Valdavido, Truchillas y Encinedo en León, así como en municipios de Sanabria y áreas limítrofes de Ourense. "Estamos ante el renacer de una especie prioritaria para Europa, que estuvo a punto de desaparecer en los años 70 con apenas 40 individuos", afirma Durá, subrayando que su regreso debería ser "motivo de orgullo" para la sociedad.

Catalogado aún como especie en peligro de extinción en España, con menos de 400 ejemplares distribuidos entre los Pirineos y la cordillera Cantábrica, el oso pardo actúa como un "paisaje indicador". Su presencia obliga a revisar espacios en la Red Natura 2000 y a proteger hábitats históricos, cumpliendo con las directivas de la Unión Europea para un estado de conservación favorable. En regiones como Somiedo, ya convertidas en "territorios oseros", el turismo ha florecido, un modelo replicable en Cabrera donde empresas locales comercializan miel de colmenas visitadas ocasionalmente por estos plantígrados, siempre con medidas preventivas como pastores eléctricos.

El oso pardo casi desapareció de España debido a siglos de persecución humana implacable, que se intensificó especialmente durante el siglo XX. La caza furtiva indiscriminada, el uso de trampas, cebos envenenados y disparos ilegales fueron las principales causas de mortalidad, impulsadas por conflictos con el ganado, la ganadería extensiva y la percepción del oso como amenaza o trofeo. En la cordillera Cantábrica, la población se redujo drásticamente hasta llegar a apenas 50-70 ejemplares en los años 80 y 90, divididos en núcleos aislados con escasa variabilidad genética. En los Pirineos, la situación fue aún más crítica: la persecución directa llevó a la extinción funcional del último oso autóctono en 2010, conocido como el "titán del Pirineo".

A estos factores se sumaron la destrucción y fragmentación del hábitat por la expansión agrícola, la tala de bosques, la construcción de infraestructuras (carreteras, presas, minería e industrialización), y la falta de conectividad entre poblaciones, lo que limitó la reproducción y la dispersión natural. Estas amenazas acumuladas llevaron a la especie al borde del precipicio de la extinción a finales del siglo XX, con menos de 100 individuos en total entre ambas regiones peninsulares.

Afortunadamente, gracias a décadas de esfuerzos conservacionistas —prohibición total de la caza desde 1973, programas de protección, sensibilización social y medidas como las impulsadas por la Fundación Oso Pardo desde 1992—, el oso pardo ha experimentado un impresionante renacer. Hoy supera los 400 ejemplares en España, consolidando su regreso al norte del país tras más de 150 años de ausencia en muchas zonas, como documenta el estudio en Quercus y Actualidad Jurídica Ambiental.

Expertos insisten en la convivencia pacífica: ante un encuentro con un oso, se recomienda quedarse quieto, evitar gestos bruscos y seguir protocolos de entidades especializadas. Durá ve en esto una "oportunidad para generar una oferta turística basada en la calidad de los ecosistemas y paisajes", sin impactos negativos en sectores económicos. Este fenómeno no es casual; refleja décadas de esfuerzos conservacionistas que han revitalizado el noroeste ibérico, convirtiendo la ausencia histórica en un regreso épico que inspira esperanza global en la lucha contra la extinción.