En plena sequía occidental en EEUU, California enfrenta una advertencia por escasez de agua tras un desplome en la acumulación de nieve en la Sierra Nevada, poniendo en riesgo el suministro para 40 millones de residentes y la agricultura. Esta crisis de agua en California 2026 resalta la urgencia de medidas ante el cambio climático, con expertos alertando sobre posibles restricciones estivales y mayor vulnerabilidad a incendios forestales.
California, epicentro de la sequía en el Oeste de EEUU, ha emitido una advertencia hídrica a través del Departamento de Recursos Hídricos (DWR), revelando un colapso en los niveles de nieve que compromete el futuro hídrico del estado. En febrero de 2026, la acumulación de nieve en la Sierra Nevada ha caído al 59% del promedio histórico, un retroceso alarmante desde el 89% de enero, según mediciones oficiales. Esta nieve, que aporta hasta el 30% del agua anual mediante el deshielo primaveral, se ve amenazada por temperaturas inusualmente cálidas y un patrón seco persistente, exacerbado por el fenómeno La Niña.
El ingeniero Andy Reising, especialista en pronósticos del DWR, enfatizó la gravedad: “Estamos en los dos tercios del invierno, y cuanto más avancemos con condiciones por debajo del promedio, más difícil será recuperar”. Esta alerta llega tras un inicio de temporada húmedo en diciembre de 2025, con tormentas que elevaron las reservas, pero el enero seco ha revertido el progreso. Expertos como Daniel Swain, climatólogo de la Universidad de California, advierten que esta sequía de nieve no es exclusiva de California: afecta a estados como Colorado, Utah y Oregón, donde el snowpack está en mínimos históricos, representando hasta el 75% del suministro hídrico occidental.
A pesar de la preocupación, los embalses ofrecen un respiro temporal. Grandes reservorios como Lake Shasta al 122% de su promedio histórico y Lake Oroville al 136% superan expectativas gracias a inviernos previos abundantes y una gestión adaptativa del State Water Project. En diciembre de 2025, operadores capturaron 15.000 acres-pies adicionales durante tormentas, equilibrando protección de especies en el Delta del Sacramento-San Joaquin con necesidades de suministro para 27 millones de californianos. Sin embargo, si el patrón seco continúa, estos niveles no compensarán un deshielo insuficiente, forzando restricciones en el riego agrícola –que consume el **80% del agua estatal– y el uso urbano.
El contexto histórico agrava el panorama: tras la sequía extrema de 2020-2022, California se declaró libre de sequía en enero de 2026 según el U.S. Drought Monitor, pero la volatilidad climática ha regresado. Precipitaciones estatales al 117% del promedio hasta febrero no han traducido en nieve duradera debido a temperaturas récord en diciembre, que derritieron acumulaciones tempranas. Esto eleva riesgos de incendios forestales en verano y tensiones en el Río Colorado, donde bajos niveles en lagos como Powell y Mead (al 27% y 32% de capacidad) afectan negociaciones interestatales por agua.
Expertos insisten en que febrero y marzo podrían traer recuperación, como en 2025 cuando el snowpack saltó del 67% al 90% por tormentas tardías. No obstante, el calentamiento global acelera la evaporación y reduce la nieve, demandando inversiones en infraestructura y conservación. Propuestas incluyen extracciones controvertidas de acuíferos como el del Desierto de Mojave, criticadas por impactos ambientales en parques nacionales y comunidades indígenas. El DWR planea un nuevo relevamiento en marzo, mientras urge a la población optimizar el consumo y monitorear pronósticos.
Esta crisis hídrica en EEUU subraya la fragilidad global ante el cambio climático. California, líder en políticas ambientales, debe adaptarse a un ciclo hídrico impredecible para evitar colapsos en su economía agrícola y suministro vital. ¿Podrá el estado revertir la tendencia antes del verano árido?
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