En medio de un envejecimiento poblacional acelerado en Chile, las proyecciones del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) alertan que para 2028 las defunciones superarán a los nacimientos, marcando el inicio de un crecimiento natural negativo. Esta tendencia, impulsada por una fecundidad en picada y un aumento en la esperanza de vida, amenaza con transformar la economía, la sociedad y las políticas públicas del país, sin precedentes en la región de América Latina.
El panorama es alarmante: Chile no superará los 21 millones de habitantes y alcanzará su pico poblacional en 2026 con apenas 20.150.948 personas, para luego iniciar un declive irreversible. Hacia 2070, la población se reducirá a menos de 17 millones, con un 42,6% de personas mayores de 65 años y solo un 7,2% de menores de 15. Esta inversión de la pirámide poblacional se acelera desde 2028, cuando los adultos mayores superen en número a los niños, un cambio que ningún otro país de la región ha experimentado con tal rapidez.
La caída de la fecundidad es el motor principal de esta transformación. En 1992, las mujeres tenían en promedio 2,4 hijos; para 2000, la tasa cayó por debajo del nivel de reemplazo (2,1); en 2024, se situó en 1,06, y las proyecciones para 2026 la ubican en un mínimo histórico de 0,92 hijos por mujer, una de las más bajas del mundo. Factores como el aumento en la participación laboral femenina, el acceso a la educación superior y el uso generalizado de métodos anticonceptivos han reducido drásticamente la fecundidad adolescente, pero sin revertir la tendencia general.
Expertos como Martina Yopo, socióloga de la Universidad Católica y doctora por la Universidad de Cambridge, advierten que estos cambios son profundos y permanentes: "Hay que tener una cuota de realismo y asumir que no vamos a tener una fecundidad nuevamente por sobre el nivel de reemplazo". Yopo urge a adaptar los sistemas clave: reevaluar la oferta educativa desde preescolar hasta superior, fortalecer la inserción laboral de las mujeres, discutir la edad de jubilación (actualmente 60 años para ellas y 65 para hombres), invertir en salud preventiva y promover técnicas de reproducción asistida.
La inmigración ha actuado como un amortiguador temporal: entre 2018 y 2023 creció un 46,8%, representando casi el 10% de la población, y los nacimientos de madres extranjeras alcanzaron el 20% en 2022. Sin embargo, el saldo migratorio se estabilizará en 2040, insuficiente para contrarrestar el envejecimiento. Paralelamente, la esperanza de vida ha escalado de 74,6 años en 1992 a 81,8 en 2026, proyectándose en 88,4 para 2070, lo que agrava la presión sobre pensiones, salud y economía.
Este desafío demográfico obliga a Chile a repensar su futuro: ¿Cómo sostener un sistema basado en el recambio generacional con una población en contracción? Las implicaciones van desde una menor demanda educativa hasta una mayor carga en servicios geriátricos, demandando políticas innovadoras que integren migración, equidad de género y sostenibilidad económica. Sin acciones inmediatas, el país podría enfrentar un colapso silencioso que altere su tejido social para siempre.