Escasez de agua para consumo humano y riego en Neuquén y Río Negro amenaza producción frutícola

Sustentabilidad

En medio de un cambio climático acelerado, la sequía en la Cordillera neuquina genera alarma por la inminente escasez de agua para consumo humano y riego agrícola, afectando directamente a regiones como Neuquén y el norte de Río Negro. Expertos advierten que el balance entre oferta y demanda es negativo, con pronósticos de anomalías secas que podrían reducir las precipitaciones en un 20-30% para el año hidrológico 2025-2026, agravando la crisis en valles irrigados y sistemas hidroeléctricos. Esta situación, marcada por temperaturas hasta 3°C por encima de lo normal, exige medidas urgentes para adaptar la producción y garantizar el suministro vital.

La sequía persistente en la Cordillera ha transformado el panorama hídrico de la Patagonia norte, donde el caudal medio anual del río Neuquén ha caído un 40% en comparación con periodos históricos, según datos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Este declive, combinado con una acumulación de nieve por debajo de la media histórica en todas las franjas de altura —como reporta la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas (AIC)— reduce drásticamente el reabastecimiento de diques y reservorios clave, como los lagos Mari Menuco y Los Barreales. En el complejo hidroeléctrico Cerros Colorados y la central Planicie Banderita, el ingreso de agua es inferior al egreso, lo que compromete el abastecimiento para ciudades como Cinco Saltos y Cipolletti, así como la irrigación de cultivos en el Alto Valle.

Los impactos en la fruticultura y la agricultura son inminentes. En Neuquén, los valles irrigados enfrentan un manejo precario del recurso hídrico, mientras que en el norte de Río Negro, intervenciones del Departamento Provincial de Aguas (DPA) desde diciembre han sido necesarias para canalizar caudales bajos en sistemas como Valle Verde —que abarca 1.000 hectáreas de cultivos— y Peñas Blancas. Javier Iud, presidente de Aguas Rionegrinas, explica que la turbidez extrema y los niveles bajos del río Colorado complican la captación, afectando la presión y el volumen en las redes de suministro. "Tenemos un doble inconveniente: una turbidez extremadamente alta que obliga a decantar mucho más barro, y un nivel bajo del río que complica la captación", detalla Iud, subrayando cómo estos factores agravan la escasez.

Expertos del INTA y el CONICET, en un informe elaborado por especialistas como Martín Calianno y Santiago Hurtado, enfatizan que el clima ha cambiado de manera irreversible. "Ya no se trata de un probable escenario a futuro, sino que la tendencia es hacia una situación de condiciones más secas y cálidas, que llevarán a la necesidad de adaptar los sistemas productivos para mantener su competitividad", sostienen. Las temperaturas han registrado anomalías positivas de hasta 1,5°C en promedio, con picos de 3°C en el norte neuquino durante julio, lo que favorece precipitaciones líquidas en lugar de nieve y aumenta la evapotranspiración.

Ante este panorama, las autoridades recomiendan acciones estratégicas inmediatas: campañas de concientización para el uso racional del agua, regulaciones en el consumo y inversiones en infraestructura para mitigar la crisis. El contexto histórico revela una tendencia alarmante, con precipitaciones un 15-25% por debajo del promedio entre 2007-2021 comparado con 1990-2006, y una disminución del 50% en los picos invernales de caudal. Si no se actúa, la producción frutihortícola y la generación de energía hidroeléctrica podrían colapsar, afectando la economía regional y la seguridad alimentaria.

Esta crisis hídrica no es aislada; se extiende a la cuenca del río Colorado, donde sedimentos y caudales bajos demandan excavaciones constantes para extraer agua. La advertencia es clara: la Patagonia enfrenta un futuro más árido, y solo con adaptación colectiva se podrá superar el desafío.