Estados Unidos enfrenta un brote de sarampión sin precedentes en 2026, con 982 casos confirmados que cuadruplican los registros del año anterior, según los CDC. Esta emergencia sanitaria por sarampión en EE.UU. resalta la urgencia de la vacunación contra sarampión, ante la baja cobertura inmunológica y la transmisión comunitaria activa, afectando a 26 estados y poniendo en riesgo a comunidades vulnerables.
En un escenario alarmante, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) han reportado 982 casos de sarampión en los primeros meses de 2026, un incremento exponencial que marca la mayor crisis sanitaria relacionada con este virus en una generación. El brote, que abarca 26 jurisdicciones, se concentra principalmente en el sur del país, con Carolina del Sur como epicentro: casi 800 casos en lo que va del año y un acumulado de 973 desde el otoño pasado. La Dra. Linda Bell, epidemióloga estatal, alertó sobre al menos 20 hospitalizaciones y numerosos requerimientos de atención médica, impactando tanto a niños como a adultos y saturando el sistema de salud local.
La propagación no se detiene allí. En Florida, se registran 92 casos desde enero, con focos en el Condado de Collier y la Universidad Ave María, cerca de Naples. Un testimonio impactante proviene de Blaise Carney, estudiante de posgrado diagnosticado con sarampión pese a haber sido vacunado en la infancia: "Empezó con una infección de oído y luego continuó con moqueo, dolor de garganta y otros síntomas. Luego empeoré progresivamente, hasta que entré en urgencias y tuve un sarpullido por todo el cuerpo". Carney, quien requirió hidratación intravenosa y aislamiento durante una semana, enfatizó: "Si no estás vacunado, vacúnate. Quizás no te proteja al 100%, pero es tu mejor opción".
Otros estados como Utah y Arizona reportan brotes significativos, mientras que uno de cada diez casos en 2025 requirió hospitalización, predominantemente en menores y adolescentes. Las causas radican en la baja cobertura vacunal, la movilidad interjurisdiccional y la transmisión comunitaria, factores que han facilitado la expansión veloz del virus. Clínicamente, el sarampión puede derivar en complicaciones graves, como vulnerabilidad inmunitaria post-infección y riesgos neurológicos a largo plazo, incluyendo la panencefalitis esclerosante subaguda (PEES), con una incidencia histórica de 7 a 11 casos por cada 100.000 infectados, mayor en niños menores de dos años.
La causa principal de esta explosión es clara: la caída sostenida en las tasas de vacunación contra el sarampión (vacuna MMR). La cobertura entre niños en edad escolar ha descendido por debajo del 95 % necesario para mantener la inmunidad de rebaño, llegando a niveles tan bajos como 92,7 % en el ciclo 2023-2024 y aún menores en comunidades específicas. Esta brecha se agravó por la indecisión vacunal creciente, impulsada por desinformación y escepticismo hacia las vacunas —fenómeno intensificado tras la pandemia de COVID-19—, que ha generado más exenciones por motivos no médicos y dejado bolsas de vulnerabilidad en escuelas, familias y barrios.
El 94 % de los casos ocurre en personas no vacunadas o con estado vacunal desconocido, mayoritariamente niños y adolescentes. El sarampión, uno de los virus más contagiosos conocidos (puede infectar al 90 % de los susceptibles expuestos), aprovecha estas grietas para propagarse rápidamente en entornos cerrados. Además, la actividad global del sarampión en aumento facilita la importación del virus: viajeros no inmunizados regresan infectados desde regiones con brotes activos y encienden cadenas de transmisión local en comunidades con baja cobertura.
La vacunación emerge como el pilar fundamental para contener esta amenaza: dos dosis ofrecen 97% de protección vitalicia, aunque un 3% de los vacunados podría enfermarse en exposiciones intensas. La mayoría de los afectados actuales no estaban inmunizados, lo que subraya la necesidad de campañas masivas. Con el virus acechando zonas urbanas densas, las autoridades mantienen una alerta sanitaria elevada, instando a la población a actuar antes de que la crisis se profundice.