La invasión de conejos en Neuquén amenaza la ganadería y el ecosistema

Diversidad

La expansión del conejo en Neuquén se convierte en una amenaza inminente para la ganadería, los bosques nativos y el delicado equilibrio ecológico. Especialistas advierten sobre un aumento del 32% en su ocupación territorial en solo una década, impulsando propuestas de control integrado para evitar su propagación hacia Río Negro. Esta plaga de conejos, categorizada como una de las 100 especies invasoras más dañinas del mundo, compite directamente con chivos, vacas y ovejas por los pastizales, reduciendo la capacidad de carga de los campos y generando daños irreversibles en suelos y vegetación.

La historia de esta invasión silenciosa se remonta a mediados del siglo XX, cuando el conejo europeo ingresó a Neuquén desde Chile entre 1945 y 1950, por la zona de Andacollo. Introducido originalmente en Argentina alrededor de 1700 en Tierra del Fuego por colonos, y en Chile a fines de 1880 por motivos similares, este herbívoro de origen en la península Ibérica, el oeste de Francia y el norte de África ha demostrado una capacidad reproductiva alarmante: alcanza la madurez en 3 a 6 meses, con 5 a 7 pariciones anuales de hasta 5 crías cada una. A diferencia de la liebre patagónica, más grande y con orejas largas, el conejo es más compacto y prefiere entornos con pastizales, arbustos y humedad, expandiéndose en parches discontinuos hacia el sureste, especialmente a lo largo del río Neuquén.

Estudios comparativos entre 2008 y 2016 revelan un aumento del 32% en la ocupación territorial, con reportes concentrados en áreas como Junín de los Andes, San Martín de los Andes, Cuyín Manzano, Villa Traful y el eje Zapala-Las Lajas. Luciana Piudo, doctora en Biología y directora de Ecosistemas Terrestres en el Centro de Ecología Aplicada de Neuquén (CEAN), explica que "lo que estamos viendo es que esa expansión se está haciendo hacia el sur, y es verdad que van a llegar a Río Negro". Según Piudo, el conejo "se expande hacia el sureste, principalmente por el río Neuquén, porque el río ofrece lugares un poco más húmedos, donde el conejo puede instalarse, porque obtiene plantas mucho más afines a sus dietas".

El impacto ambiental es devastador: estos animales cavan madrigueras con múltiples galerías y salidas, albergando comunidades de 7 a 10 individuos, lo que altera la estructura vegetal al consumir los brotes más tiernos y empobrece la diversidad de especies. "Cuando entra el conejo a un campo, este cambia muchísimo, porque disminuye muchísimo la capacidad de carga", advierte Piudo, añadiendo que "es otro herbívoro que está alimentándose de todos esos pastos que quizás vos estás utilizando para ganadería", y que destruye el suelo dejándolo agujereado, con riesgos para el ganado. Como especie exótica invasora, afecta renovales post-incendios y compite con la fauna nativa, incluso potenciando cadenas alimentarias: al convertirse en presa de pumas y zorros, podría aumentar la población de estos predadores, exacerbando conflictos con crianceros.

Desde el punto de vista económico, la presión es evidente. Ruralistas de Neuquén y Río Negro reportan daños puntuales, con una percepción mayoritaria de aumento en la población de conejos. En Bariloche, el subsecretario de Planeamiento municipal, Alfredo Allen, alertó recientemente sobre una "invasión que viene de Neuquén", que implica "un riesgo para la vegetación local" y se come "los renovales, principalmente de especies nativas". Esto reduce la capacidad productiva de los campos, similar a conflictos en Santa Cruz entre ovejas y guanacos, y genera una competencia directa que impacta la ganadería menor.

Frente a esta amenaza, especialistas del CEAN, la Secretaría de Producción e Industria y la Dirección Provincial de Fauna impulsan un plan de manejo integrado y adaptativo. La herramienta actual es la caza deportiva sin cupo durante todo el año, permitiendo el aprovechamiento de la carne. Se evalúan opciones como la destrucción de madrigueras para impedir la reproducción, y no se descarta una norma legal específica con protocolos. Piudo enfatiza: "Hay que implementar estrategias diferentes" y "trabajamos para organizar algún plan para el control, y ahí veremos cuál es la mejor opción". Sin embargo, descartan el uso de virus como el aplicado en Chile o Tierra del Fuego, por falta de autorización en Argentina y riesgos de resistencia natural en el 5% de la población, que podría recrecer una cepa más fuerte. El primer paso es un diagnóstico preciso para ubicar las colonias.

Esta situación no solo afecta a Neuquén y Río Negro, sino que resalta la vulnerabilidad de la Patagonia ante especies invasoras. Con una expansión inminente hacia el sur, la acción coordinada entre provincias y expertos es crucial para preservar la biodiversidad y la economía rural. La pregunta ahora es: ¿podrá frenarse esta plaga antes de que cause daños irreversibles?