Las denuncias contra Manuel Adorni por presunto enriquecimiento ilícito, un polémico viaje en jet privado a Punta del Este y una casa de lujo sin declarar en un country exclusivo sacuden al Gobierno de Javier Milei y amenazan con sepultar sus aspiraciones políticas. El actual jefe de Gabinete y vocero presidencial, figura clave de La Libertad Avanza, ve seriamente comprometida su posible postulación como candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, en un caso que ya genera divisiones internas y desgaste electoral.
Apenas dos semanas después de que el escándalo Adorni explotara en los medios, el futuro político del funcionario más visible del oficialismo quedó envuelto en un manto de incertidumbre. Fuentes cercanas a Patricia Bullrich admiten en privado que el jefe de Gabinete llegaría “muy desgastado” a las elecciones de 2027, mientras que desde Casa Rosada lo sostienen “por ahora” tanto en su cargo como en sus ambiciones porteñas.
Todo comenzó con la denuncia presentada por diputados opositores –Esteban Paulón (socialista), Pablo Juliano (UCR) y Maximiliano Ferraro (Coalición Cívica)– ante el juez Daniel Rafecas. El motivo: el vuelo privado que Adorni realizó durante el feriado de Carnaval a Punta del Este junto a su esposa, sus hijos y el periodista Marcelo Grandío. La Justicia investiga quién pagó el charter y si existió un conflicto de intereses con una productora amiga.
Pero las complicaciones no terminan ahí. El fiscal Gerardo Pollicita ordenó siete medidas de prueba sobre las propiedades del funcionario tras una ampliación de la denuncia por enriquecimiento ilícito impulsada por la diputada Marcela Pagano. Entre los puntos clave figura una casa en el country Indio Cuá, en Exaltación de la Cruz, que no aparece en su última declaración jurada. A esto se suma otro viaje polémico: la inclusión de su esposa, Bettina Angeletti, en el avión presidencial durante la gira Argentina Week en Nueva York.
Manuel Adorni rompió el silencio en conferencia de prensa tras casi dos meses sin dar entrevistas. “No tengo nada que esconder”, afirmó, y aseguró que “todo lo que yo tenga que declarar lo declaré”. Sin embargo, evitó dar detalles argumentando que existe una investigación judicial en curso y confrontó a los periodistas que insistieron con el tema. “Con mi dinero hago lo que quiero”, remató en un tono que, para sus críticos, contradice su postura de 2016 cuando exigía explicaciones públicas incluso por separaciones de funcionarios.
El impacto trasciende lo judicial. Encuestas internas del oficialismo revelan que el escándalo Adorni generó “ruido muy fuerte” entre su propia base electoral, según el sociólogo Santiago Giorgetta en Radio 750. Con una imagen negativa que ya roza el 50 %, el caso suma presión al Gobierno en un momento de baja popularidad por la economía y el caso Libra.
Desde el bullrichismo son más escépticos: ven difícil que Adorni pueda competir con chances reales por la Ciudad. En cambio, el karinismo –el ala dura de La Libertad Avanza– lo sigue respaldando y lo considera “TMAP” (Todavía Muy Apto Para). La Casa Rosada, por su parte, ratificó su continuidad como jefe de Gabinete y evitó cualquier señal de desplazamiento.
Mientras la Justicia avanza con peritajes y la oposición prepara pedidos de informe e interpelación en el Congreso, el escándalo Adorni se convierte en un test clave para el oficialismo: ¿priorizará la lealtad o la imagen pública? Por ahora, el jefe de Gabinete sigue en carrera… pero con el contador de denuncias en aumento y su candidatura a jefe de Gobierno porteño cada vez más cuesta arriba.