En un twist evolutivo digno de Charles Darwin, el rascón de Galápagos ha reaparecido en la isla Floreana después de casi dos siglos de desaparición, impulsado por un ambicioso proyecto de erradicación de especies invasoras. Este regreso inesperado, confirmado en 2025, resalta el poder de la restauración ecológica en las Islas Galápagos, atrayendo la atención mundial sobre conservación ambiental, biodiversidad amenazada y evolución en acción.
El archipiélago de Galápagos, famoso por inspirar la teoría de la evolución por selección natural de Darwin durante su visita en 1835, ha sido testigo de un evento que parece sacado de un documental de ciencia ficción. El rascón de Galápagos —una ave tímida, casi incapaz de volar, conocida localmente como burrito o polluela— fue avistada por última vez en Floreana por el propio naturalista británico. Desde entonces, especies invasoras como ratas y gatos salvajes, introducidas por humanos en el siglo XIX, devastaron el ecosistema, llevando a la extinción local de numerosas especies nativas.
Todo cambió con el Proyecto de Restauración Ecológica de Floreana, liderado por organizaciones como Island Conservation, la Fundación para la Conservación Jocotoco y la Fundación Charles Darwin, en colaboración con la Dirección del Parque Nacional Galápagos. Tras una década de preparación, en 2023 se lanzó una operación masiva: veneno distribuido desde aviones y aplicado manualmente eliminó a los depredadores invasores. El monitoreo posterior reveló una explosión de vida: no solo el rascón reapareció de forma espontánea —posiblemente de una población oculta o migrante—, sino que especies como palomas de Galápagos, lagartijas de lava, gecos y el cuclillo de pico oscuro se multiplicaron.
"El rascón de Galápagos era algo que no me esperaba para nada... Simplemente apareció", confesó Paula Castaño, veterinaria de Island Conservation, en declaraciones que capturan la emoción del descubrimiento. Paola Sangolquí, bióloga de la Fundación Jocotoco y oriunda de las islas, agregó: "Los rascones reaparecieron y ahora es muy común encontrarlos... es increíble". Este renacimiento ecológico no se detiene ahí: los famosos pinzones de Darwin en Floreana han iniciado una "revolución cultural", con jóvenes aves experimentando cantos innovadores —incluyendo zumbidos y sílabas modificadas— en un entorno libre de amenazas. Antes, la presencia de depredadores y parásitos como la mosca vampiro aviar limitaba su creatividad, pero ahora, como explica la bióloga Sonia Kleindorfer de la Universidad de Viena, "los jóvenes que son audaces ahora no mueren".
El proyecto no ha estado exento de desafíos. Se removieron temporalmente especies nativas para protegerlas durante la erradicación, y una segunda fase contra ratas y ratones residuales está programada para finales de 2026. Además, se planea la reintroducción de 12 especies extintas localmente, incluyendo tortugas gigantes y otras aves, provenientes de programas de cría en cautiverio o islas vecinas. Este esfuerzo subraya un mensaje global: la resiliencia de la naturaleza es asombrosa cuando se elimina la interferencia humana. Como destaca Birgit Fessl de la Fundación Charles Darwin, este es "el hallazgo más emocionante" en la historia reciente de las islas.
En un mundo enfrentado a la crisis climática y la pérdida de biodiversidad, el caso de Floreana ofrece una dosis de optimismo. Similar a recuperaciones en islas como Pinzón, donde las tortugas gigantes prosperan sin ratas, este éxito demuestra que acciones decisivas pueden revertir daños centenarios. "Esta isla demuestra la resiliencia de las especies: después de 200 años, volvemos a ver esta especie", resume Sangolquí, invitando a reflexionar sobre nuestro rol en la preservación del planeta.
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