En una movida que reafirma su postura crítica hacia los organismos multilaterales, el Gobierno de Argentina, liderado por el presidente Javier Milei, decidió no presentar su candidatura para integrar el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, según confirmaron fuentes oficiales. La determinación, gestada desde la Casa Rosada, refleja la intención del Ejecutivo de “vaciar” la representación argentina en agencias internacionales, que el presidente considera innecesarias.
El Consejo, compuesto por 47 Estados miembros elegidos por la Asamblea General de la ONU, se dedica a promover y proteger los derechos humanos a nivel global, abordando violaciones y emitiendo recomendaciones. Sin embargo, Argentina optó por mantenerse al margen de este foro, una decisión que ya circulaba extraoficialmente desde febrero de este año, cuando se instruyó a la Misión de Buenos Aires en Ginebra no participar en una sesión especial sobre las violaciones a los derechos humanos en Congo, donde murieron más de 3.000 personas en 15 días.
La noticia, que no había sido comunicada oficialmente por el Gobierno, fue adelantada por un informe de Amnistía Internacional. “Milei no tiene interés en influir en las normas y políticas del futuro, ni siquiera para proteger los derechos humanos en Argentina”, denunció la ONG, destacando la ausencia del país en un espacio clave para la agenda global.
Una postura alineada con críticas internacionales
La decisión argentina parece resonar con medidas similares adoptadas por otros países, predominantemente con gobiernos de ideología derechista, nacionalista o populista. Días antes de que se conociera la postura de Argentina, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump –cuya ideología se enmarca en el populismo de derecha y el "America First"–, anunció el retiro de su país del Consejo de Derechos Humanos, acusándolo de “propagar antisemitismo” por sus críticas a la ofensiva de Israel en Gaza, que ha dejado más de 63.500 muertos desde octubre de 2023, según el Ministerio de Sanidad gazatí. Israel, bajo un gobierno de derecha nacionalista liderado por Benjamin Netanyahu y con el anuncio realizado por el ministro de Relaciones Exteriores Gideon Sa'ar, también abandonó el organismo por motivos similares en febrero de 2025
Otro ejemplo es Sri Lanka, que en 2020, durante la presidencia de Gotabaya Rajapaksa –un líder con una ideología nacionalista sinhala, anti-liberal y con tintes autoritarios, enfocado en el nacionalismo muscular y el apoyo de la mayoría budista-sinhalesa–, anunció que dejaría de cooperar con la resolución 30/1 del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, relacionada con compromisos sobre derechos humanos y reconciliación tras la guerra civil. Esta medida reflejaba un rechazo similar a la injerencia percibida de organismos internacionales en asuntos internos.
Estos casos ilustran un patrón entre gobiernos de orientación derechista que priorizan la soberanía nacional sobre la participación en foros multilaterales, criticando al Consejo por sesgos ideológicos o políticos.
En el caso argentino, la decisión se enmarca en una política más amplia de rechazo a los foros multilaterales. En septiembre de 2024, durante su discurso en la 79° Asamblea General de la ONU en Nueva York, Milei calificó al organismo como un “leviatán de múltiples tentáculos” que impone agendas ideológicas, como la Agenda 2030, y anunció que Argentina abandonaría su histórica neutralidad para liderar la “defensa de la libertad”. Este discurso ya anticipaba el rumbo que tomaría su administración.
Críticas del Consejo y tensiones con la ONU
El último informe del Consejo de Derechos Humanos sobre Argentina expresó “preocupación” por el nombramiento de dos jueces de la Corte Suprema por decreto presidencial, sin la aprobación del Senado, lo que dejó al tribunal sin ninguna jueza. “El Ejecutivo no está por encima de la ley”, afirmó Margaret Satterthwaite, Relatora Especial de la ONU. Desde la Casa Rosada, este mensaje fue catalogado como una “injerencia” en las decisiones del Gobierno.
Argentina, históricamente reconocida en el Consejo por su compromiso con la memoria, verdad y justicia tras la dictadura militar, así como por su apoyo a derechos civiles como el matrimonio igualitario y su repudio a las dictaduras de Nicaragua y Venezuela, ahora da un giro drástico en su política exterior. La decisión de no postularse al Consejo se suma a otras medidas, como el anuncio de la salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en febrero de 2026, una postura respaldada por la administración Trump tras un encuentro entre el ministro de Salud argentino, Mario Lugones, y su par estadounidense, Robert F. Kennedy Jr., donde criticaron el manejo de la pandemia de COVID-19 por parte de la OMS.
Un mensaje claro desde la Casa Rosada
La instrucción de no participar en el Consejo fue comunicada al representante argentino ante la ONU, Francisco Tropepi, quien delegará la responsabilidad a Carlos Foradori, representante en Ginebra, sede del organismo. Esta decisión, aunque no sorprende a quienes siguen la línea ideológica de Milei, marca un precedente en la política exterior argentina, alejándola de espacios multilaterales donde el país solía tener un rol activo.
Mientras el Gobierno sostiene que las instituciones internacionales seguirán funcionando sin Argentina, la ausencia del país en el Consejo de Derechos Humanos podría limitar su capacidad para influir en las políticas globales y defender los derechos de sus ciudadanos en el escenario internacional. La pregunta que queda es si esta estrategia de repliegue logrará los objetivos de “defensa de la libertad” que Milei proclama, o si, por el contrario, aislará aún más a Argentina en un mundo cada vez más interconectado.