El G-20 alerta sobre una “emergencia de desigualdad” global y propone un panel internacional para enfrentarla

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El mundo enfrenta una “emergencia de desigualdad” sin precedentes. Así lo advierte el primer informe global sobre desigualdad encargado por la presidencia del G-20, presentado este martes por un comité de seis expertos encabezado por el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz. El estudio revela cifras alarmantes y propone la creación de un Panel Internacional sobre la Desigualdad (IPI), inspirado en el modelo del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), para orientar políticas públicas y coordinar respuestas internacionales.

“El sistema económico actual no está proporcionando bienestar ni dignidad a la mayoría de la población mundial”, afirmó la científica social brasileña Adriana E. Abdenur, coautora del informe. El documento, impulsado por el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa, muestra que entre 2000 y 2024, el 1% más rico del planeta capturó el 41% de toda la nueva riqueza, mientras que el 50% más pobre recibió apenas el 1%.

Según Stiglitz, el mundo vive un “punto de inflexión” en el que la concentración de riqueza amenaza las democracias. “Si no respondemos ahora, los ricos establecerán las reglas del juego para preservar su poder económico y político”, advirtió.

El informe también revela que el 1% más rico incrementó su fortuna en 1,3 millones de dólares desde el año 2000, frente a los 585 dólares de aumento promedio para la mitad más pobre de la humanidad. Hoy, 83% de los países, que representan al 90% de la población mundial, presentan niveles altos de desigualdad, según la definición del Banco Mundial.

La riqueza de los multimillonarios ya equivale al 16% del PIB global, la cifra más alta de la historia. En contraste, 2.300 millones de personas —una de cada cuatro en el planeta— sufren inseguridad alimentaria moderada o grave, lo que representa un incremento de 335 millones desde 2019.

El informe subraya la conexión entre desigualdad y erosión democrática: los países con alta desigualdad tienen siete veces más probabilidades de experimentar un declive democrático. Abdenur señala que “las desigualdades económicas se traducen en desigualdades políticas, afectando el acceso a la justicia, las oportunidades y la voz ciudadana”.

Otro factor crítico es el poder de las grandes plataformas tecnológicas, que concentran la influencia mediática y económica en manos de unos pocos multimillonarios. “Los algoritmos determinan lo que la gente ve y cómo entiende el mundo”, advirtió Stiglitz.

Además, la concentración se profundizará con la transferencia intergeneracional de 70 billones de dólares en los próximos diez años. “La desigualdad no es una crisis momentánea, es un problema intergeneracional”, alertó Abdenur.

Los expertos proponen tres líneas de acción:

  1. Reformar las reglas económicas globales, desde la propiedad intelectual hasta la tributación internacional.
  2. Adoptar políticas fiscales progresivas y fortalecer servicios públicos.
  3. Promover cooperación entre países en materia fiscal, comercial y ambiental.

Ramaphosa fue contundente: “La desigualdad es una traición a la dignidad humana y una amenaza para la democracia. Enfrentarla es un desafío generacional ineludible”.

El comité propone que el G-20 cree un Panel Internacional sobre la Desigualdad (IPI) para generar y compartir datos confiables, evaluar tendencias y asesorar a los gobiernos. “Entender la desigualdad es una cuestión técnica; combatirla es una decisión política”, concluyó Abdenur.

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