En un giro que ha conmovido al mundo animal y sacudido las redes sociales, el Santuario de Vida Silvestre Kamo, un ícono de la conservación de grandes felinos en el norte de Nueva Zelanda, se despide de dos de sus leones más longevos mediante eutanasia. La crisis financiera que azota al parque, ubicada en las verdes colinas de Whangārei, ha forzado decisiones desgarradoras: sacrificar a animales que han sido el alma de este refugio durante décadas. Mientras el futuro de los cinco leones restantes pende de un hilo, la directora del santuario clama por un milagro que evite el cierre definitivo, anunciado apenas el 5 de noviembre.
La noticia estalló como un rugido en la comunidad local y entre ex empleados leales, quienes han inundado las redes con mensajes de indignación y súplica. Imvula y Sibili, dos majestuosos leones de 21 años –edad equivalente a un centenario humano–, fueron sometidos a eutanasia la semana pasada debido a problemas de salud incurables que deterioraban su calidad de vida. "No quedaban opciones reales. Tanto el personal como yo estamos devastados", confesó Janette Vallance, directora del santuario, en un comunicado que destila dolor y resignación. "La decisión se tomó con sumo cuidado y consideración, pero el impacto emocional en el equipo es inmenso".
Este no es un adiós aislado. Inicialmente, el parque enfrentaba la posibilidad de sacrificar a siete leones ancianos, todos entre 18 y 21 años, en un intento desesperado por mitigar los costos prohibitivos de mantenimiento. Hoy, el santuario alberga solo doce leones y un tigre de Bengala, pero los gastos devoran sus recursos: alimentación equivalente a tres vacas por semana, suplementos vitamínicos, personal especializado, consultas veterinarias y el upkeep de instalaciones que abarcan más de 30 hectáreas. "Mantener a nuestros extraordinarios y majestuosos grandes felinos en un entorno ideal supone un coste enorme", explica el sitio web oficial del Kamo, que ahora implora donaciones y hasta animales no deseados para alimentar a sus protegidos. "Actualmente, tenemos pocos recursos, por lo que sus donaciones son muy apreciadas".
Un rayo de esperanza en medio de la tormenta
Pese al panorama sombrío, Vallance no cierra la puerta a la salvación. "Existe un rayo de esperanza", reveló la directora, al confirmar que personas interesadas han manifestado su deseo de adquirir las instalaciones y perpetuar el cuidado de los animales. "Si bien el plazo es corto y la situación sigue siendo incierta, estamos haciendo todo lo posible para explorar esta posibilidad y mantener viva la esperanza". Sin embargo, el traslado no es viable: "No era una opción humana ni práctica", enfatizó, citando la avanzada edad de los leones y la complejidad de sus necesidades médicas y emocionales.
La gran novedad surge de la intervención de HUHA NZ (Helping You Help Animals), una organización benéfica de bienestar animal que contactó inmediatamente al santuario tras el anuncio inicial. Su directora ejecutiva, Carolyn Press-McKenzie, explicó que pidieron a Bolton Equities (propietarios) y a Vallance posponer la eutanasia mientras exploran recursos. HUHA ha rescatado previamente monos de circos y cocodrilos de las Islas Salomón, y ahora trabaja con santuarios internacionales y expertos en traslados complejos (como el de la elefanta Mila a San Diego Zoo) para encontrar hogares viables. "Estamos corriendo contra el reloj, pero confiamos en salvar a los cinco restantes: Shikira, Cleo, Abdullah, Timba y Thembah", afirmó Press-McKenzie. Si logran que los leones permanezcan en el sitio, el parque no reabriría al público ni introduciría cría o nuevos animales, priorizando su bienestar en un entorno privado.
De la gloria televisiva a las sombras de la controversia
El Santuario Kamo no siempre navegó en aguas turbulentas. Fundado por Craig "el Hombre León" Busch, el parque saltó a la fama en los principios de los 2000 gracias a un exitoso programa de televisión que capturaba la intimidad entre humanos y felinos. En su apogeo, albergaba hasta 33 grandes felinos –leones, tigres, leopardos y guepardos–, muchos nacidos en el extranjero y traídos a Nueva Zelanda siendo cachorros, en un esfuerzo por rescatarlos de circos y zoológicos abusivos.
Pero la gloria se tiñó de tragedia y escándalos. En 2009, bajo el nombre de Zion Wildlife Gardens, un cuidador perdió la vida en un ataque fatal de un tigre blanco durante una limpieza rutinaria. El incidente provocó el cierre temporal por orden del Ministerio de Agricultura y Silvicultura, un juicio que declaró al parque culpable de fallos en salud y seguridad, y una indemnización de USD 36.000 a la familia de la víctima. Las críticas por bienestar animal no cesaron: instalaciones obsoletas, manejo cuestionable y múltiples crisis financieras marcaron su trayectoria.
El golpe más duro llegó en 2014, cuando el MPI ordenó su cierre hasta modernizar las estructuras, paralizando operaciones por siete años hasta la reapertura en 2021. La resurrección fue efímera: en 2023, entró en liquidación involuntaria, y desde agosto, las 30 hectáreas están en venta. El cierre definitivo del 5 de noviembre sella un capítulo amargo, dejando a la comunidad –y al mundo– preguntándose si este refugio pionero podría renacer de sus cenizas.
Mientras ex empleados y activistas claman por soluciones creativas –desde campañas de crowdfunding globales hasta alianzas con zoológicos internacionales–, el Santuario Kamo nos recuerda la fragilidad de la conservación en tiempos de escasez. ¿Sobrevivirán estos reyes de la selva neozelandeses? El mundo observa, con el corazón en un puño, aguardando un rugido de victoria o un silencio eterno.
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