Casi 162 millones de personas siguen en pobreza monetaria y 62 millones en extrema pobreza, pero la región logra la cifra más baja desde que hay registros. México y Brasil lideran la reducción, aunque países como Honduras (con más del 50% de su población afectada), Colombia y Argentina arrastran las mayores brechas de pobreza en Latinoamérica. El PIB regional creció 2,3% en 2023 y 2024, con proyecciones de 2,2% para 2025.
Por primera vez en décadas, la pobreza monetaria en América Latina y el Caribe cayó al 25,5 % en 2024, lo que equivale a 162 millones de personas, reveló este miércoles la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en su informe Panorama Social de América Latina y el Caribe 2025. Se trata del nivel más bajo desde que existen series comparables, con una reducción de 2,2 puntos porcentuales respecto a 2023 (cuando afectaba al 27,7 %, o 172 millones de personas) y de más de 7 puntos porcentuales en comparación con el pico de la pandemia en 2020 (32,8 %).
El descenso fue impulsado principalmente por los avances registrados en México –donde la pobreza bajó un impresionante 2,3 puntos anuales en promedio en la última década gracias a incrementos salariales del 12 % en el salario mínimo y transferencias sociales que alcanzaron el 4,5 % del PIB– y, en menor medida, en Brasil, que contribuyeron con el 60 % y 30 % de la mejora regional, respectivamente, mientras el resto de países mostró mejoras más moderadas o estancamiento. En total, cinco naciones explicaron el 80 % de la caída regional: México (-2,3 puntos), Brasil (-1,5 puntos), Honduras (-4,2 puntos), Costa Rica (-3,3 puntos) y República Dominicana (-3,3 puntos).
Sin embargo, no todos los destinos comparten el optimismo: según el informe de la CEPAL, Honduras registra la tasa de pobreza más alta de la región, superando el 50 % de su población (afectando a unos 5 millones de personas), seguido por Colombia (alrededor del 27-33 %, o 14-17 millones) y Argentina (cerca del 22-30 %, impactando a 10-14 millones), que arrastran las mayores brechas pese a los esfuerzos por mitigar el impacto de crisis económicas y pandemias. Otros países como El Salvador (30-40 %) y Bolivia (30-40 %) también figuran entre los más afectados, con tasas que oscilan entre el 30% y 40%, destacando la persistente vulnerabilidad en Centroamérica y el Cono Sur. En contraste, Uruguay y Chile mantienen tasas por debajo del 10 %, gracias a políticas de protección social que representan el 15-20 % del PIB.
La pobreza extrema también retrocedió y afectó al 9,8 % de la población (62 millones de personas), 0,8 puntos menos que en 2023 (10,6 %, o 66 millones) y 2,1 puntos por debajo del mínimo histórico de 2014 (7,7 %). No obstante, esta tasa aún se mantiene 2,1 puntos por encima del mínimo histórico de 2014. En términos absolutos, la pobreza extrema cayó de 70 millones en 2022 a 62 millones en 2024, pero persiste en zonas rurales, donde afecta al 15-20 % de la población, y con un sesgo de género: por cada 100 hombres en extrema pobreza, hay 122 mujeres.
Para 2025, la CEPAL proyecta una leve reducción adicional de ambos indicadores –alrededor de 0,5-1 punto porcentual–, en un contexto de bajo crecimiento económico: la entidad elevó hace semanas su estimación de PIB regional al 2,2 % para 2024 (frente al 1,8 % previo) y al 2,4 % para 2025 (un 0,1 % más que lo estimado en agosto), mientras mantiene el 2,3 % para 2026. Latinoamérica, considerada la región más desigual del mundo, cerró tanto 2023 como 2024 con un crecimiento del 2,3 %, pero el promedio anual 2015-2024 fue solo del 1 %, implicando estancamiento del PIB per cápita. En subregiones, Sudamérica crecerá 2,7 % en 2025 (impulsado por Argentina y Ecuador), Centroamérica y México solo 1,0 % (por debilidad en EE.UU.) y el Caribe (sin Guyana) 1,8 %.
Otro dato destacado es la caída de la pobreza multidimensional (que incluye acceso a vivienda, servicios básicos, educación y empleo) del 34,4 % en 2014 al 20,9 % en 2024 (-13,5 puntos), gracias especialmente a mejoras en infraestructura de vivienda (cobertura del 85 %, +15 puntos) y saneamiento (80 %, +12 puntos). Sin embargo, afecta más a niñas, niños y adolescentes (25 %) y a zonas rurales (35 %), con un impacto de género: 122 mujeres por cada 100 hombres en privación.
No todo son buenas noticias: la desigualdad de ingresos continúa en niveles críticos. El 10 % más rico concentra el 34,2 % del ingreso total, mientras el 10 % más pobre apenas recibe el 1,7 %. El coeficiente de Gini promedio de la región es el más alto del mundo (0,452 en 2023-2024, solo superado por África Subsahariana y 14 puntos por encima del promedio OCDE de 0,312), con una reducción lenta del 4 % desde 2014 (0,471). Por países, Colombia lidera con 0,559, seguida de Panamá (0,506) y Brasil (0,504); en el extremo bajo, Uruguay (0,403) y República Dominicana (0,387). El gasto social promedio por persona fue de 1.110 dólares en 2024, 53 dólares por debajo del pico de 2022, pero 3 dólares por encima de 2023.
La CEPAL insiste en que, para romper este círculo, los gobiernos deben priorizar la reducción de la desigualdad educativa (donde el índice bidimensional muestra brechas de 20-30 puntos en cobertura y aprendizaje), la creación de empleo formal de calidad (informalidad al 46,7 %, -0,4 puntos vs. 2023), el avance en igualdad de género (desempleo femenino 6,5 % vs. 5,4 % masculino) y el fortalecimiento de la sociedad del cuidado con mayor financiamiento público (al menos 2 % del PIB adicional), especialmente en los países con mayores tasas de pobreza como Honduras (50 %+) y Colombia (33 %).
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