En un panorama alarmante de crisis infantil mundial, la presidenta de UNICEF España, María Ángeles Espinosa Bayal, advierte que la infancia enfrenta una de las emergencias más graves desde la Segunda Guerra Mundial, agravada por conflictos, cambio climático y recortes en ayuda internacional. Esta situación crítica de la infancia, con aumentos en mortalidad infantil y desnutrición, demanda acción inmediata para evitar un daño irreversible en generaciones futuras – descubre cómo revertir esta tendencia global.
La nueva presidenta de UNICEF España, con casi 30 años de experiencia en la organización, no duda en calificar la actual coyuntura como "una de las situaciones más críticas de la infancia, comparable a la de la Segunda Guerra Mundial". En una entrevista exclusiva, Espinosa Bayal resalta cómo la confluencia de guerras, pandemias y desastres climáticos ha revertido avances históricos en derechos infantiles. Países como Sudán, Afganistán y Palestina emergen como epicentros de esta catástrofe, donde millones de niños carecen de educación y salud básica.
En Sudán, por ejemplo, ocho millones de menores llevan casi 500 días sin asistir a clases, configurando una de las peores crisis educativas del planeta. Pero Espinosa alerta sobre las "crisis olvidadas", como la de los niños rohinyá, atrapados en conflictos prolongados que duran décadas y desaparecen de los titulares. "Hay muchas necesidades y muchas organizaciones llamando a las mismas puertas", explica, subrayando cómo la competencia diluye recursos vitales.
Las estadísticas son demoledoras: por primera vez desde el año 2000, la mortalidad infantil aumentó en 2025 debido a enfermedades prevenibles como sarampión, diarrea y desnutrición. En Gaza, más de 54.000 niños menores de cinco años sufren desnutrición aguda, elevando el riesgo de muerte por hambre. Globalmente, uno de cada cinco niños permanece en pobreza infantil, y la reducción en la Ayuda Oficial al Desarrollo podría excluir a seis millones más del sistema educativo en 2026.
Los impactos son profundos y multidimensionales. La desnutrición no solo afecta la salud física, sino que provoca "deterioro intelectual y menos oportunidades de aprender", perpetuando ciclos de exclusión social y problemas de salud mental. Espinosa, psicóloga de formación, enfatiza el enfoque de género: las niñas son las más vulnerables, multiplicando sus dificultades por dos o cinco en contextos de crisis. Relata el caso de una niña boliviana de 13 años, embarazada y con un bebé, como "la imagen del fracaso de la humanidad".
Frente a este escenario, UNICEF lanza un llamado urgente: revertir los recortes en cooperación internacional. La organización solicita 7.660 millones de dólares para asistir a 73 millones de niños en 2026. Espinosa propone mayor transparencia para mostrar el impacto de las donaciones –por ejemplo, 100 euros pueden comprar vacunas o kits educativos– y acciones políticas, como las sesiones en el Congreso español donde niños interpelan a diputados. En España, a pesar de un PIB inferior a la media europea, la solidaridad supera expectativas, pero las desigualdades internas también demandan atención.
"Si no se revierten los recortes, es muy probable que una generación de niños y niñas sufra un gravísimo impacto en su salud física pero también mental", advierte Espinosa. Esta emergencia infantil global no solo amenaza el presente, sino el futuro de la humanidad. Es hora de actuar: la infancia no puede esperar.