50 Años del Golpe de 1976: El mismo proyecto económico que devastó Argentina regresa en 2026 con las políticas de Javier Milei

Finanzas Verdes

A 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, el sociólogo Atilio Borón denuncia la continuidad entre el plan económico de la dictadura militar y el actual gobierno de Javier Milei, con idénticas recetas de ajuste brutal, apertura importadora indiscriminada, devaluación, endeudamiento externo y priorización del capital financiero sobre la industria nacional.

Cuando se conmemoran cincuenta años del golpe cívico-militar que instauró el terrorismo de Estado y dejó 30.000 desaparecidos, el analista Atilio Borón publica un artículo lapidario titulado “Cincuenta años después, el mismo proyecto económico”. En él, el sociólogo y politólogo doctorado en Harvard alerta que el modelo impuesto por José Alfredo Martínez de Hoz bajo la presidencia de facto de Jorge Rafael Videla se replica con precisión en las políticas actuales.

Borón recuerda que el golpe de 1976 no fue solo una interrupción institucional, sino el instrumento para revertir los avances del peronismo: legislación laboral, redistribución del ingreso, industrialización y políticas sociales en salud, educación y subsidios. El plan económico de Martínez de Hoz, iniciado el 2 de abril de 1976, promovió la libertad de precios, la eliminación de controles de cambio, la apertura comercial irrestricta y la desregulación, bajo el discurso de combatir el “intervencionismo estatal”.

Según análisis comparativos, el programa económico de Milei coincide en un 68% con las medidas de la dictadura. Ambas experiencias priorizan la valorización financiera, castigan la producción nacional mediante importaciones masivas y provocan desindustrialización. En 1976, la participación de los trabajadores en el ingreso cayó del 45% en 1974 a alrededor del 22% al final del régimen. Hoy, las políticas de ajuste fiscal y reforma laboral —aprobada recientemente con similitudes a la legislación de la dictadura— buscan disciplinar a los sindicatos y reducir el costo laboral.

Entre las coincidencias más evidentes figuran:

  • La apertura importadora sin límites, que expone a las fábricas locales a competencia desigual.
  • El uso del tipo de cambio como herramienta de ajuste salarial (la “tablita” de entonces versus el crawling peg actual).
  • La bicicleta financiera y el ciclo de endeudamiento externo, que en los años setenta derivó en la crisis de 1982.
  • La desregulación y el ataque al poder sindical para imponer “libertad económica”.

Atilio Borón sostiene que, aunque el gobierno actual surgió de las urnas, su proyecto económico, social e ideológico está en sintonía con el de la dictadura. Lo que se presenta como “modernización” o “shock de libertad” no es más que la restauración del neoliberalismo autoritario que ya fracasó en el pasado, generando miseria planificada, pérdida de empleos industriales y subordinación a los organismos de crédito internacionales.

Esta reflexión adquiere especial peso en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, cuando miles de argentinos marchan para honrar a las víctimas y rechazar cualquier forma de autoritarismo. Voces como las de Mario Rapoport, Leopoldo Moreau y diversos economistas refuerzan el diagnóstico: las mismas élites económicas que apoyaron el golpe de 1976 respaldan hoy las políticas de Milei.

El artículo de Borón invita a una pregunta incómoda: si el proyecto económico de la dictadura demostró su alto costo social y su fracaso productivo, ¿por qué se insiste en repetirlo medio siglo después? La historia muestra que estos modelos no solo concentraron riqueza, sino que profundizaron la dependencia externa y dejaron secuelas que aún persiguen al país.

El debate trasciende las páginas de los diarios y se instala en las calles, las redes y las mesas familiares. Mientras el oficialismo defiende su rumbo como “necesario para estabilizar”, analistas críticos advierten que la repetición no es casualidad, sino la persistencia de intereses que priorizan el capital financiero internacional por encima del bienestar colectivo y la soberanía económica.