EE.UU. desafía la ausencia de Trump en la COP30: Estados y ciudades impulsan una revolución climática

Sustentabilidad

En el corazón de la Amazonia, la COP30 de la ONU se perfila como el epicentro global de la batalla contra el calentamiento global, con decenas de líderes mundiales convergiendo en esta ciudad brasileña para debatir la reducción de emisiones y la adaptación al cambio climático. Pero en un giro que no sorprende a nadie, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, será la ausencia más notoria. Su administración ha priorizado el desmantelamiento de políticas federales, cortando fondos clave para la transición energética. Sin embargo, el gigante norteamericano no llegará con las manos vacías: una poderosa coalición de 24 estados y 350 ciudades, representando dos tercios de la población (más de 220 millones de habitantes), tres cuartos del PIB nacional (alrededor de $22 billones de dólares) y la mitad de las emisiones totales de EE.UU. (unos 2.500 millones de toneladas de CO2 equivalente al año), se hace presente con fuerza arrolladora.

Esta delegación subnacional, liderada por figuras como Gina McCarthy, exconsejera climática de la era Biden y actual directora de la coalición America Is All In, aterrizó esta semana en el Fórum de Líderes Locales de Río de Janeiro, un ensayo previo a la cumbre amazónica. "Estamos aquí, no piensen que no estamos. Seguimos comprometidos con el Acuerdo de París", proclamó McCarthy en una comparecencia de prensa cargada de determinación, acompañada por más de 100 autoridades –gobernadores, alcaldes y secretarios– que representan un bloque económico equivalente al de la Unión Europea. Su mensaje es claro: pese a los recortes federales estimados en $500.000 millones en incentivos limpios para 2025, las acciones locales han impulsado una reducción del 24% en emisiones de gases de efecto invernadero desde 2005, mientras el PIB del grupo creció un 34% en el mismo período. No es casualidad: esta coalición, nacida en la primera administración Trump para contrarrestar la salida de EE.UU. del Acuerdo de París, ha superado metas ambiciosas, con un compromiso colectivo de recortar neto de emisiones en 26-28% para 2025 y 50-52% para 2030.

Los números hablan por sí solos y pintan un panorama de crecimiento económico verde que desmiente a los escépticos. En el sector eléctrico, las emisiones han plomeado un 45% desde 2005 gracias a una inversión robusta en renovables: la capacidad solar instalada en EE.UU. alcanza ya los 220 gigavatios (GW), cubriendo más del 7% de la electricidad nacional, mientras la eólica y solar juntas generaron el 17% del total en 2024, superando al carbón por primera vez. Esto no solo ha evitado 8,8 millones de toneladas métricas de CO2 en Arizona sola, sino que ha creado 16,2 millones de empleos en renovables a nivel global, con EE.UU. capturando una porción significativa: en 2024, el sector sumó 320.000 millones de dólares en valor económico y 2,3% de crecimiento en productividad energética, donde el PIB expandió 2,8% con solo un 0,5% más de demanda energética.

En el transporte, el talón de Aquiles de las emisiones estadounidenses (responsable del 29% del total, o 1.800 millones de toneladas de CO2 anuales), las reducciones alcanzan el 17% desde 2005. Las inversiones en vehículos eléctricos (EV) y biocombustibles renovables como el gas natural renovable (RNG) –que cubre el **70% del consumo de gas en transporte– han impulsado ventas globales de EV al 20% de los autos nuevos en 2024, con EE.UU. instalando 1.378 estaciones de carga pública solo en Arizona hasta mayo de 2025. Proyecciones indican que, pese a los retrocesos federales, EE.UU. podría reducir emisiones totales en 26-41% para 2040 respecto a 2005, con subnacionales liderando el 60% de ese avance.

En el terreno, estas cifras se materializan en iniciativas concretas que combinan idealismo pragmático con impacto medible. Toma Tucson, Arizona, una urbe de medio millón de habitantes en el desierto de Sonora, donde el calor extremo y la escasez de agua la convierten en un laboratorio vivo de vulnerabilidad climática: el 62% de sus edificios enfrenta riesgo de incendios y el 20% de inundaciones. Su alcaldesa, Regina Romero, prometió plantar un millón de árboles para mitigar el bochorno; seis años después, la pandemia aceleró el cambio al hacer gratuitos todos los autobuses, elevando el uso del transporte público un 63% y recortando emisiones vehiculares en 15% locales. Sin fondos federales –cortados por Trump, que eliminó millones en subvenciones Biden–, Tucson recurrió a alianzas con empresas y filantropía, más un impuesto al agua que penaliza a grandes consumidores. Resultado: el consumo hídrico se mantiene en los niveles de 1980, pese a que la población se duplicó, con una reducción del 24,6% en uso residencial desde 2000 y solo 76 galones por capita al día (GPCD) en 2022. "Duele la falta de ayuda federal, pero hemos hallado fórmulas sostenibles", confiesa Romero en exclusiva.

Más al sur, en el conservador Texas –líder petrolero con 40% de la producción nacional de crudo–, el alcalde de Austin, Kirk Watson, dobla la apuesta con el Plan de Equidad Climática, que busca reducir el uso de combustibles fósiles a casi cero antes de 2040, un salto audaz hacia emisiones netas cero comunitarias. Austin Energy, la utility local, ya opera al 86% libre de carbono en 2025, con metas de 93% para 2030 y 100% para 2035, impulsando un presupuesto municipal de $6.300 millones en 2026 para energía limpia, plantación de árboles y conservación hídrica. Económicamente, esto genera beneficios tangibles: menor contaminación del aire reduce $1.200 millones anuales en costos sanitarios, mientras la transición crea 10.000 empleos locales en renovables y alivia la congestión vial en un 12%. "Defiendo un idealismo pragmático: soluciones replicables que escalan a 100 ciudades más", afirma Watson.

Mientras la COP30 arranca en Belém –con proyecciones de $2.200 billones en inversiones globales limpias para 2025, superando a los fósiles por segundo año–, la delegación estadounidense subraya que el futuro no depende de Washington, sino de un mosaico de líderes locales que, con acciones concretas, posicionan a EE.UU. para un neto cero en 2050. En un mundo donde las emisiones globales cayeron solo un 0,48% en 2025, este bloque subnacional no solo remonta la corriente: la encabeza, demostrando que el clima y la economía no son enemigos, sino aliados en una era de oportunidades verdes.

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