En el árido desierto de Moquegua, al sur de Perú, se encuentra Pampa Clemesí, una pequeña ciudad que encarna una paradoja desconcertante: a pesar de estar a solo 600 metros de la planta solar Rubí, la más grande del país, sus 150-200 habitantes viven sin acceso a electricidad ni agua potable. Esta situación pone en evidencia una desconexión entre el avance de las energías renovables y el bienestar de las comunidades locales.
La planta solar Rubí, junto con la planta Clemesí, produce 440 gigavatios-hora al año, suficiente para abastecer a más de 350.000 hogares. Sin embargo, esta energía no llega a los residentes de Pampa Clemesí, quienes dependen de linternas y paneles solares individuales para iluminar sus hogares. Aunque la empresa operadora, Orygen, ha donado algunos paneles solares, los altos costos de baterías y convertidores limitan su uso efectivo, dejando a la comunidad en la penumbra. Por ejemplo, Rosa Chamami, una habitante, cocina en la madrugada usando un fogón improvisado porque "en la noche es muy oscuro" y no puede ver nada. La falta de electricidad obliga a los vecinos a realizar la mayoría de sus actividades durante el día, y en la noche, con pequeñas linternas, "habitan las tinieblas".
Los habitantes han expresado su frustración por estas condiciones de vida. Rosa sueña con que la planta solar les proporcione luz, un clamor compartido por sus vecinos desde que se asentaron en la zona en la década de 2000, tras migrar desde Puno en busca de tierras durante la reforma agraria de los años 70. Pedro Chará, de 70 años, lamenta: "Algunas veces, después de tanto tiempo de esperar, de luchar por el agua y la luz, lo único que dan ganas es de morirse". Este sentimiento refleja la desesperación de una comunidad que ve la planta solar iluminada mientras ellos permanecen en la oscuridad. Los residentes, como David Guillermo, presidente de la Junta de Acción Vecinal, también luchan por servicios básicos como agua y saneamiento, ya que el agua potable llega en carros cisternas a un costo elevado, y no hay acueducto ni alcantarillado.
¿Por qué viven así? La falta de infraestructura y la baja densidad poblacional han postergado los proyectos de electrificación en la zona. Según Carlos Gordillo, experto en energía de la Universidad de Santa María de Arequipa, en Perú se ha priorizado la rentabilidad, dejando de lado áreas rurales con poca población. A pesar de las 53 torres de energía instaladas y listas para funcionar y una inversión de US$800.000 por parte de Orygen, la conexión a la red eléctrica nacional sigue pendiente, ya que el Ministerio de Minas y Energía aún no ha completado el tendido eléctrico casa por casa. Además, la migración masiva durante la pandemia redujo la población de 500 a menos de 200 habitantes, lo que ha disminuido la prioridad de la electrificación en la zona. La ausencia de servicios básicos, como agua y saneamiento, agrava la precariedad, obligando a los vecinos a usar materiales sobrantes de la planta, como madera y cajas, para construir sus hogares.
Mientras la planta solar Rubí ilumina otras regiones de Perú, Pampa Clemesí permanece en la oscuridad, a la espera de soluciones que integren el desarrollo energético con el progreso social de sus habitantes. La comunidad, sin embargo, se aferra a la esperanza. Como dice Rosa, "acá siempre tenemos el sol", pero la pregunta sigue siendo: ¿cuándo llegará la luz a sus hogares?