Embargaron a Buenos Aires por una cifra récord por el agua contaminada: un fallo que fue apelado por el gobernador Kicillof

Sustentabilidad

Un fallo judicial sin precedentes golpea el corazón de la provincia de Buenos Aires y expone una tragedia ambiental de escala histórica: la Justicia ordenó el embargo de más de 157 mil millones de pesos por la contaminación sistemática del Río de la Plata, alimentada por décadas de vertidos cloacales e industriales en el Río Santiago, el Arroyo El Gato y la cuenca del Río Matanza-Riachuelo. El gobernador Axel Kicillof apeló de urgencia mientras crece la alarma por un corredor tóxico que ya impacta a millones de personas, con agua contaminada, metales pesados y riesgos sanitarios que ponen en jaque el abastecimiento y la vida en la región. El fallo del juez Alberto Recondo no solo exige obras inmediatas: instala una pregunta incómoda que atraviesa medio siglo de inacción política—¿cuánto más puede resistir el sistema hídrico más importante del país antes de colapsar definitivamente?

En un veredicto que desnuda medio siglo de negligencia mortal, un juez federal congeló 157.164.287.201 pesos de las arcas bonaerenses. El verdugo invisible: efluentes cloacales e industriales que convirtieron el Río Santiago, el Arroyo El Gato y el Río de la Plata en un cementerio acuático. Mientras el gobierno de Axel Kicillof apela con uñas y dientes, el Río Matanza-Riachuelo —el más tóxico de Sudamérica— suma su veneno al estuario, creando un corredor de muerte que asfixia a millones. El agua ya no perdona: huele a podredumbre, quema la piel y cobra vidas en silencio.

El Fallo

El juez federal Alberto Recondo, de La Plata, decretó el embargo colosal hasta que la Provincia inicie obras de saneamiento urgentes. Peritajes de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) sentenciaron: contaminación aberrante, un “sumidero de desechos cloacales e industriales”. El dinero se libera solo con pruebas concretas de arranque. No hay excusas: el financiamiento internacional existe, pero la voluntad política lleva décadas ausente.

Hace cincuenta años, vecinos buceaban en aguas cristalinas del Río Santiago. Hoy, es una cloaca a cielo abierto. El Arroyo El Gato —40 kilómetros desde Lisandro Olmos, atravesando Melchor Romero, San Carlos, Ringelet y Tolosa— absorbe vertidos de hospitales, cárceles y más de 60 industrias. Denuncias vecinales de 2020, impulsadas por Iván Vigo Mariños y Fernando Montichelli, revelaron la tragedia: materia fecal visible al bajar el nivel, olores que invaden barrios enteros. El sistema hídrico es indivisible: desemboca en el Río de la Plata, a 1.200 metros de la toma Donato Gerardi que abastece a cientos de miles.

El Río Santiago agoniza desde los años 70. Crecimiento urbano descontrolado y descargas sin tratamiento lo transformaron en colector tóxico. Peritajes UNLP detectan nitrógeno total disparado por orina humana, demanda bioquímica de oxígeno extrema, metales pesados como zinc y cobre, y coliformes fecales que superan normas internacionales por decenas de veces. En el Club de Regatas La Plata, el agua se eutrofiza: florecen cianobacterias, el oxígeno se extingue. Cincuenta años de promesas rotas sellaron su destino.

Río Matanza

El Río Matanza-Riachuelo, apodado el “río más contaminado de Sudamérica”, vierte su infierno al mismo Río de la Plata. Desde el siglo XIX acumula denuncias; hoy, 13.000 a 20.000 industrias —muchas sin tratamiento— sueltan plomo, mercurio, cadmio y 10.000 toneladas diarias de residuos. El 70% es cloacal sin tratar. Afecta a más de 6 millones de personas: niños con plomo en sangre, enfermedades renales y cáncer. Basurales clandestinos y lodos tóxicos de 4 millones de metros cúbicos forman un lecho ponzoñoso. Su veneno se une al de La Plata, extendiendo un “corredor costero contaminado” desde Capital Federal hasta Punta Piedras.

Hoy 933.000 habitantes de la Región Capital respiran este veneno. Olores insoportables, agua con conductividad letal, ecosistemas colapsados. La salud pública tiembla: infecciones, intoxicaciones crónicas. El Río de la Plata, testigo de tanta muerte, ya no es azul: es un caldo gris que envenena playas, pesca y futuro. El daño colectivo es incalculable: biodiversidad destruida, economía turística hundida, generaciones condenadas.

El costo

Las obras pendientes —plantas de tratamiento para La Plata, Berisso y Ensenada— valen US$245.997.956. Ejecutables en tres años, resolverían la raíz del mal. El juez fue lapidario: no falta plata, sobra inacción política de veinte años. El embargo amenaza parálisis provincial, pero la Fiscalía de Estado ya apeló culpando a Nación.

Kicillof presentó recurso ante la Cámara Federal de La Plata. El juez Recondo exigió en 24 horas la individualización de cuentas y denunció posibles amenazas. La Cámara decidirá: ¿obras ya o Río de la Plata sigue muriendo? Este embargo no es un número frío. Es la factura sangrienta de una deuda ambiental que huele a muerte, quema almas y envenena el porvenir. Mientras el gobierno apela, el Río Santiago llora, el Río Matanza grita y el Plata agoniza. La cuenca exige justicia ya. El agua contaminada no espera: clama saneamiento o más cadáveres silenciosos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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